En los albores de la humanidad, es decir hace ya un porrón de años, unos tipejos decidieron que tenían que imponer su voluntad sobre el conjunto que habitaba la cueva porque si no su ración de bicho cazado iba a ser tan escasa como la de todos los demás. Al comienzo lo hicieron a hostia limpia, bueno a mamporro con pedernal afilado. Eso duró unos cuantos miles de años. Después un “Cabroncete” se percató de que, si convencía a su primo el bruto para que repartiera las hostias por él, él también podría entrar en el reparto. Así pues, hostiazo …

