Estos días he tenido el privilegio de participar en varias acciones reivindicativas junto a Elena Ortega, la madre de Alfon, a la que, de forma nada casual, conocí en la Traba en compañía de Mavi Muñoz, la madre de Carlos Palomino. Hace unos años, en casa de Enrique de Castro (uno de esos sacerdotes, tan escasos por estas latitudes, que se toman en serio el mensaje evangélico), coincidí con varias militantes de Madres Contra la Droga, y en un momento dado una de ellas, que había perdido a un hijo adolescente, me confesó: “Yo empecé pidiendo la pena de muerte …