La labor incansable de algunas de ellas les ha llevado a la muerte –como ocurrió con la política Marielle Franco (Brasil) en 2018– o la cárcel –como es el caso de la activista Loujain Al-Hathlou (Arabia Saudí), condenada por conducir, o Yasaman Aryani (Irán), cuyo “delito” fue protestar por la obligatoriedad del velo.

