Cuando mi yayo Félix (Escartín) y mi tío Pablo dejaron Ayera buscaban una vida mejor para ellos y para sus hijos y futuros nietos. Uno encontró trabajo en Zaragoza y se construyó una casa en Nuez de Ebro. El otro se instaló en Huesca. En Loporzano se perdieron dos tercios de la población en apenas 50 años, a principios del S.XX. Mi abuela y sus ocho hermanos (Trigo) nacieron en Calatayud, aunque pasaron su infancia en los pequeños pueblos que jalonan el Perejiles y la Sierra de Vicor, al quedar huérfanos de madre. Mara, que contaba entonces 780 vecinos no …


