“Seguimos esperando. Si no cogemos el teléfono, volved a intentarlo. Se ha podido ir la luz, no tenemos cobertura, está la carretera cortada”, esta frase, que podría parecer el arranque de una novela de terror sobre el abandono rural, es en realidad el cierre descarnado de la última nota pública de la Asociación Guarguera Viva, un colectivo vecinal de la val menos poblada de Aragón que, a fuerza de constancia y dignidad, ha convertido la resistencia en acto político comunitario.

