Esta cita de Quevedo me maravilla por su exactitud y, al tiempo, me estremece si la saco a pasear del encierro de la mente. Llevamos demasiado tiempo en que los magistrados se erigen como dioses, de jueces y parte. Seamos justos y sí, hay que concretar: no son todos, pero siempre demasiados. Jueces que prevarican, jueces que no atienden la propia ley y no se despegan de sillones caducados hace años, jueces que, en virtud de algo que conocen muy bien, el gremialismo, se protegen unos a otros y casi nunca son enjuiciados. Jueces que, últimamente y cada vez con …

