Todo lo que rodea ese evento social y morboso en el que los medios de comunicación, las tertulias, las redes sociales, la derecha de toda la vida y una cohorte de personas serviles y lacayas han convertido la vuelta a nuestro país del rey delincuente es un insulto. Ya lo es, en sí mismo, el hecho real de esa inviolabilidad constitucional que ha aprovechado para delinquir, para enriquecerse de manera obscena y para llenar de vergüenza y porquería la Jefatura del Estado. Es un insulto real que sufrimos todos y todas quienes vivimos en este país. Nos insultan a la …

















