En un tiempo de fracturas globales, cuando el neoliberalismo agota hasta sus propias promesas, el suelo aragonés vuelve a latir con memoria y rebeldía. No como nostalgia, sino como camino que se hace al andar. Fendo camín no es solo una consigna: es una práctica colectiva de resistencia, una forma de estar en el mundo desde los márgenes y desde el centro de nuestra historia. Aragón, tierra de ruptura y dignidad Aragón no es una periferia muda. Ha sido, y sigue siendo, una tierra de rupturas históricas: desde la autogestión del Consejo de Defensa durante la Revolución del 36 hasta …

