La prolongación de facto de la concesión de la explotación del estadio municipal al antiguo club deportivo transformado en empresa, primero sin papeles y después mediante un arriendo en precario, proyecta dudas sobre la viabilidad real del proyecto del ayuntamiento de la capital para cedérselo a la compañía mediante una concesión de 75 años tras remodelarlo con cargo a las arcas municipales, al tiempo que alumbra otras sobre una eventual deuda de la compañía deportiva con la ciudad que nunca ha sido reclamada.


