La decisión que ha tomado Olga Alastruey, o quien la mueva, es una decisión clasista (y por lo tanto perversa). 22 alumnos por aula es una cifra elevada, estamos hablando de niños y niñas de 3 años, algunos de los cuales aún no controlan bien sus esfínteres. Lo que la directora provincial llama normalidad en la escolarización es privilegio de clase, y es precisamente contrario de lo que la escuela debe ser: garante de la cohesión social, la igualdad, la inclusión; que promueva la solidaridad y evite la discriminación, tal y como exponen los preámbulos de las últimas leyes educativas. …