Cómete una esvástica. Prueba su sabor de sangre ahumada. Escucha cómo aúllan los huesos de los inocentes. Siente el calor que produce la muerte programada. El frío que envuelve la delgadez del hambre. No olvides que los arquitectos del miedo convirtieron el crimen en rutina y que el odio era el plato principal de todas sus comidas. Y después de masticar las palabras que sostienen la esvástica de tu boca, vomita. Hazte invisible. Ahógate en todas las tormentas. Desaparece de todas las primaveras. De todos los veranos De todos los otoños. De todos los inviernos. Córtate las venas. Desángrate sobre …

