La idea del trasvase de agua es una constante en la historia de Aragón que se podría decir que alcanza la categoría de maldición. Un sortilegio perverso que persigue el ser y sentir aragonés de la mano de los "amos de la tierra", aquellos de los que decía la canción que ni se atreven a salvarla ni nos dejan defenderla y que también son una constante, igualmente perversa, de la sociología aragonesa.

