Muerte en vida

Quise creer que no hay límites, que todo tiene solución, que la mente es maravillosamente fuerte, y me equivoqué. Quizá no conociese verdaderamente las fronteras del dolor, la infinita magnitud del máximo sufrimiento, el que destruye desde el interior, el que rezuma, como una bolsita de té, de dentro a fuera y arrasa con todo atisbo de felicidad, de salud, de conciencia. Golpeaba su cabeza repetidamente contra la almohada. Trataba de controlar los espasmos de su vientre. Agarraba fuerte su pierna como si fuese a perderla. Lloraba con la cara mojada y reía, de pronto, estrepitosamente. Qué bonita risa y …

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