Con los termómetros ya habituados a los 40ºC desde junio y en una escalada de precios de la energía sin precedentes, agosto nos trae el debate, desde mi punto de vista ficticio, sobre la reducción de consumo energético venida a chascarrillo a cuenta de las corbatas y temperaturas de aires acondicionados y calefacciones. La comunidad científica lleva pronosticando desde hace varias décadas olas de calor y frío duraderas, fenómenos extremos más habituales, sequías prolongadas y más lluvias torrenciales. Su único pecado fue el optimismo. Nos hemos dado de bruces con la realidad: Las consecuencias del cambio climático, del calentamiento global, …

