El Sitges, que en la primera parte apenas cruzó la línea de 40 de los de Alfredo Benedí, se fue al descanso con un 10 – 12 a favor. Su full back, el amigo Malcom Van Steeden, tiene un pié que más parece la coz de un pura sangre. No solo eso, tiene una visión de juego al pie que él solito es capaz de encerrar a todo un equipo atrás. El sábado, a punto estuvo de amargar la fiesta del Fénix. Él y sus catorce guerreros que lo acompañan en la batalla que nunca dan por perdida. El Sitges, un equipo correoso, disciplinado, combativo, que pesa kilates y no kilos y dispuesto siempre a llegar al final con el aliento en la nuca del rival está perfectamente dirigido desde el banquillo. Ojo al Sitges que, como el Fénix, ha venido para quedarse en DHB.