Intervenía Alfonso Guerra en una cadena de radio estatal y como es costumbre en él no se iba a morder la lengua. Por no envenenarse. Aquel que de niño veía como el andaluz que se había convertido en azote de Manuel Fraga, o de Hernández Mancha, o de quien fuera que dirigiera las huestes populares en ese momento, ha mutado en una suerte de pollavieja capitalista y apesebrado que es capaz de vomitar barbaridades como las que hoy ha lanzado. No había pasado ni un minuto cuando Guerra entraba al trapo de Venezuela tendido por Pepa Bueno. “Sabe todo el …

