El 16 de agosto de este año, un sistema que había sido producto de un período de 20 años con altos costos financieros y el fuerte apoyo de la comunidad internacional, y que había nutrido a varias generaciones, colapsó en un abrir y cerrar de ojos sin dejar rastro. Como si no existiera en absoluto. Su único legado es la explosión y la violencia, que cada día pasa factura a los habitantes de este país, y la superación de la pobreza cada vez más generalizada.

