Cada asesinato confirma lo que llevamos décadas denunciando: nos siguen matando por ser mujeres. Una cada 7,6 días en 2024. También ha sido el año con más víctimas por violencia vicaria: nueve menores asesinados por los agresores de sus madres. Ni una menos no es una consigna. Es una exigencia política. Una lucha cotidiana. Un grito de dignidad.




