El 15M resultó ser el punto de partida de un intento sorprendente para buscar otra forma de hacer política. O al menos eso era la teoría. Aguirre, Villalobos, Aznar, Botella… y otros muchos insignes - vividores de la política - clamaron contra las concentraciones, las asambleas, los debates. Las movilizaciones recibieron toda clase de críticas y descalificaciones. Los apelativos de perros-flauta y anti-sistema eran utilizados despectivamente desde las filas de unos partidos políticos desvencijados y hundidos en estercoleros de corrupción. Al mismo tiempo, los responsables de la llegada a la cumbre de cientos de delincuentes, seguían mirando hacia otro lado …