"Si no disfrutas lo que haces, el resultado lo nota"

Raquel Lavilla, ilustradora, artista visual y ahora también autora, publica un cuento infantil sobre emociones, colores y pausas necesarias. Su título, "Ni colorín ni colorado: Los colores de Leo se han apagado". Un cuento perfecto para inspirar a peques artistas y reforzar el valor de jugar y compartir.

Raquel Lavilla | Foto: Editorial Gusanillo

Ilustradora, artista visual y ahora también autora, la zaragozana Raquel Lavilla, conocida con el seudónimo Quela, acaba de publicar su primer cuento infantil, "Ni colorín ni colorado: Los colores de Leo se han apagado" bajo el sello de la Editorial Gusanillo. Una historia en verso que reivindica el juego, el valor de la amistad y la necesidad de reconectar con nuestras emociones a través de los colores. Con Leo, su protagonista, Raquel nos recuerda que crear no es solo el resultado, sino también el camino.

¿Cómo nació la historia de Leo y su pincel mágico? ¿Qué parte de tu experiencia personal se coló sin querer, o queriendo, en este cuento?

La historia de Leo nace muy de cerca, casi sin darme cuenta. Desde pequeña, siempre he tenido un lápiz o un pincel en la mano. Dibujar era (y sigue siendo) mi forma de expresarme, de soltar lo que siento sin tener que decirlo con palabras. El nombre "Leo" no fue casualidad: lo elegí en honor a mi abuela, que siempre fue mi mayor admiradora. Mi pequeño artista, de alguna forma, también es un homenaje a ella.

El libro habla de emociones, creatividad, amistad... ¿Por qué decidiste juntar todos estos elementos en un cuento infantil?

Porque creo que son pilares fundamentales en la infancia. Desde muy pequeños, los niños y niñas empiezan a sentir muchas cosas, aunque a veces no sepan cómo nombrarlas. A través de los colores, que todos reconocen e interpretan de forma muy intuitiva, quise hablarles de emociones, de cómo nos afectan y también de cómo se transforman cuando nos rodeamos de cariño, amistad y creatividad. La simbología del color está muy conectada con cómo nos sentimos: no vemos el mundo igual cuando estamos tristes o solos, que cuando estamos alegres y acompañados. Por eso me pareció bonito unir esos elementos en una historia que, aunque sencilla, les ayude a mirar hacia dentro y también hacia los demás.

¿Recuerdas un momento en tu vida en el que también se te apagaron los colores como a Leo? ¿Cómo los recuperaste?

Sí, claro. Creo que a todos se nos apagan los colores alguna vez. A veces es por algo grande que nos remueve por dentro, y otras simplemente por el cansancio, la frustración o el estrés del día a día. Yo he pasado por momentos así, en los que me faltaban las ganas o la inspiración, en los que pintar ya no era un refugio sino una carga. Con el tiempo aprendí que está bien parar. Que no siempre hay que estar bien ni producir sin descanso. A veces, lo mejor que podemos hacer es respirar, observar, y reconectar con lo que nos hace bien. Y curiosamente, muchas veces esos momentos oscuros también son una puerta: una invitación a crear desde lo que sentimos, a soltar, y a reencontrarnos con nuestros propios colores.

Has trabajado como artista visual, ilustradora, animadora 2D… ¿qué te impulsó a dar el salto a la literatura infantil como autora completa?

La verdad es que era una idea que siempre me rondaba la cabeza. Sentía que en algún momento quería contar mis propias historias, no solo darles forma a las de otros. Ni colorín, ni colorado es justamente eso: mi primer paso en el mundo editorial. El mundo infantil me apasiona, no solo por las temáticas, sino por la forma tan única y colorida con la que los niños y niñas miran el mundo. Hay una magia ahí, una sensibilidad especial, que muchas veces perdemos al crecer. Poder conectar con esa mirada y aportar algo desde mis propias vivencias y emociones es lo que más me ilusiona de este proyecto.

¿Qué diferencia hay entre ilustrar para otra historia y crear un universo desde cero con palabras e imágenes propias?

Ilustrar para otros es un ejercicio precioso: te metes en un mundo que no creaste, pero al que tienes que darle vida visualmente. Pero crear un universo desde cero, con tus propias palabras e imágenes, es otra cosa… es mucho más íntimo. Darle forma a este proyecto ha sido como ponerle voz y color a una historia que bien podría haber sido la mía. Como decía antes, es un regalo a mi abuela, a mi familia que siempre me apoyó, y también un autorregalo. Un recordatorio para mí misma de algo que a veces se nos olvida: si no disfrutas lo que haces, el resultado lo nota. Está bien parar, jugar, respirar… y luego volver a los proyectos con más ganas y más colores.

La historia de Leo reivindica el juego, la amistad, la pausa… ¿crees que estamos exigiendo demasiado a la infancia en cuanto a rendimiento, incluso en lo creativo?

Creo que cada niño es un mundo. Hay quienes son más inquietos, otros más tranquilos; algunos muy sociales, otros más introspectivos. Lo importante es no poner a todos en el mismo molde ni esperar que rindan igual, especialmente en algo tan personal como la creatividad. En el caso de Leo, la historia habla de la pintura y los colores porque es lo que yo conozco, lo que me sale natural. Pero el mensaje de fondo, el de disfrutar el proceso, se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida, tanto en la infancia como en la adultez. Saber parar, jugar, equivocarse, compartir tiempo con otros… todo eso es tan valioso como aprender o crear. Y a veces lo olvidamos, incluso cuando somos mayores.

En un mundo donde la productividad y el resultado parecen imponerse, ¿cómo se enseña a disfrutar del proceso?

La verdad es que no siempre se enseña… y yo misma sigo aprendiéndolo. Es fácil frustrarse cuando te comparas, cuando las cosas no salen como esperabas o cuando sientes que no avanzas lo suficiente. Pero creo que ahí está justamente la clave: entender que no todo es una carrera hacia la meta, sino una especie de camino que merece ser disfrutado paso a paso. Hay que recordarse por qué empezaste, por qué te gusta lo que haces. Estoy segura de que incluso los grandes artistas pasaron por esas dudas, y muchos de ellos ni siquiera recibieron en vida el reconocimiento que hoy les damos. Eso demuestra que el valor de lo que hacemos no siempre está en el resultado inmediato, sino en el acto de crear, de expresar, de conectar.

¿Cómo fue el proceso creativo de este libro? ¿Primero nacieron las ilustraciones o el texto en verso?

Primero nació el texto. Tenía muy clara la idea y el mensaje que quería transmitir, así que empecé por ahí. Casi sin buscarlo, me di cuenta de que la rima me ayudaba a contarlo de una forma más ligera y musical. Me divertía mucho jugar con los nombres de los colores y con ese ritmo que se fue dando solo. En cuanto a las ilustraciones, tenía muchas referencias y también una intuición muy fuerte: quería imágenes sueltas, despreocupadas, que parecieran garabatos hechos en una pared. Algo que reflejara el mundo interior de Leo tal como es, sin pulirlo demasiado. Los personajes tampoco necesitaban ser “perfectos”; lo importante era que transmitieran emociones. Su ropa manchada y su cara expresiva refleja ese pequeño caos que muchas veces sentimos por dentro.

¿Qué retos te encontraste al trabajar el texto en rima sin que perdiera profundidad emocional?

Curiosamente, la rima fue lo que desbloqueó la historia. Al principio estaba un poco atascada, no terminaba de convencerme cómo sonaba el texto. Pero en cuanto empecé a rimar, todo empezó a fluir de forma natural. No sabría decir exactamente por qué, pero fue como encontrar el tono que la historia necesitaba. Lejos de restarle profundidad, la rima me ayudó a conectar mejor con la emoción del cuento. Le dio ritmo, musicalidad, y a la vez me permitió jugar con los nombres de los colores. No fue un reto, fue una sorpresa bonita en el proceso creativo.

Lavilla con su "Ni colorín ni colorado: Los colores de Leo se han apagado" | Foto: Editorial Gusanillo

Has estudiado marketing y experiencia de usuario… ¿eso cómo influye en cómo cuentas y diseñas tus historias?

Marketing fue un paso en mi carrera dirigido a un fin que era la experiencia de usuario. Aunque soy una persona muy creativa, gran parte de mi experiencia laboral ha estado ligada a la atención al cliente. Ahí aprendí que los pequeños detalles en el trato, en la forma de trabajar y en los procesos pueden marcar una gran diferencia en cómo se recibe un producto o una historia. Con el cuento me está pasando algo parecido. El camino no ha sido exactamente como esperaba, pero las experiencias que he tenido en librerías, colegios y bibliotecas, donde he podido hacer actividades con niños, me han demostrado lo valioso que es crear un vínculo real con ellos. Mostrarles que los libros pueden ser parte de su juego y de su creatividad es algo que me llena y me motiva mucho a seguir contando historias.

En tus ilustraciones hay mucho color, ternura, expresividad… ¿qué te inspira visualmente a la hora de crear personajes y mundos?

Siempre he sido muy fan de Disney, sobre todo de la estética de las películas clásicas de animación. También me inspira muchísimo el mundo pictórico impresionista, con esa textura y vida que tienen las pinceladas. Me cuesta mucho hacer imágenes planas, me encanta jugar con la textura de los pinceles, imitando el grafito, la cera o los rotuladores. Creo que esos detalles le dan una riqueza especial a las ilustraciones, algo que las hace únicas y llenas de vida. Además, suelo crear personajes “adorables”, influenciada por esa estética tan colorida y tierna de la animación infantil. Me gusta usar muchos colores y planos cinematográficos que ayuden a contar la historia de forma visual y expresiva.

¿Qué te gustaría que sintieran las criaturas lectoras cuando terminen el cuento? ¿Y las personas adultas que lo lean con ellas?

Me encantaría que Leo se convirtiera en un amigo para ellos. De hecho, ya he recibido comentarios de personas que me cuentan que les encanta el cuento y que lo leen noche tras noche, y eso me llena de ilusión. Al final, lo que yo buscaba era cumplir un sueño personal, y si además llega a otras personas y les gusta, es mucho más de lo que podría pedir. En cuanto a los adultos, creo que es una historia con la que es fácil empatizar. Todos, en algún momento, nos hemos sentido como Leo, con los colores apagados o luchando con nuestras emociones. Ojalá puedan acompañar a los niños en ese viaje y conectar también desde su propia experiencia.

¿Cómo fue publicar con una editorial como Gusanillo? ¿Qué importancia tienen las pequeñas editoriales para dar espacio a voces nuevas y propuestas sensibles?

Publicar con Gusanillo ha sido una experiencia muy diferente a lo que me imagino que sería con una editorial grande. He tenido mucha libertad para contar la historia a mi manera y también para compartirla en mi ciudad, lo cual me ha permitido conectar directamente con los lectores. Creo que cualquier editorial tendría que apostar por nuevas propuestas, por mensajes sensibles y educativos que puedan aplicarse a muchos ámbitos.

¿Qué papel crees que pueden jugar los cuentos en el acompañamiento emocional de niñas y niños en estos tiempos de tanta sobreestimulación?

Creo que los cuentos son más que necesarios hoy en día. Yo soy muy lectora, y sé que enganchar a quien no tiene el hábito puede ser difícil, pero los niños sí pueden hacerlo. Los cuentos pueden ser un estímulo cotidiano, algo que se construye poco a poco, creando vínculos en familia y animándolos a descubrir nuevos mundos alejados de las pantallas. Me ha alegrado mucho ver, en los cuentacuentos que he hecho, a niños disfrutando de esta forma, y a alguno que incluso dibujaba sus propios cuentos. Eso me llena de esperanza y confirma lo valioso que es el cuento como herramienta emocional y creativa.

¿Ya estás trabajando en nuevos libros? ¿Seguirás explorando esta línea emocional y creativa con nuevas historias?

Me encantaría poder seguir adelante con este camino. Tengo otro cuento en proceso y estoy buscando la mejor manera de publicarlo. No sé si verá la luz pronto o no, pero lo que sí sé es que no voy a dejar de dibujar ni de compartir mi trabajo. Estoy abierta a nuevas oportunidades y muy ilusionada por seguir explorando estas historias que conectan con lo emocional y creativo, que es lo que más me apasiona.

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