Aragón en los papeles de la CIA

Desde la fundación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en los años cuarenta, , hasta la década de los noventa, algunas decenas de sus documentos hacen referencia a Aragón. La estructura territorial del Estado español y la situación de la base de Zaragoza son los temas que más interés suscitaron a la CIA.

No son muchas las ocasiones en las que Aragón aparece en los documentos de la CIA, al menos en los desclasificados. Por muy sugerente (y cinematográfica) que resulte la imagen de que la inteligencia norteamericana tiene puestos sus ojos en lo que se cuece aquí. No nos engañemos, puede que los tengan puestos igualmente, pero a tenor de la documentación consultada, tampoco le dan mucha importancia.

En un informe de 1983, catalogado de confidencial, la CIA consideraba que el Estado español era, tras Yugoslavia, “el estado más variado étnica y lingüísticamente de los europeos”. En ese contexto y una vez aprobados la gran mayoría de los estatutos de autonomía, la Agencia establecía tres categorías diferentes en cuanto al sentimiento nacional de las comunidades recién formadas.

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En un primer grupo se situarían la Comunidad Autónoma Vasca y Catalunya, territorios en donde se encontrarían los mayores sentimientos nacionalistas. El informe cita una encuesta de 1978 en la que el 21% de la población vasca y el 11% de la catalana se mostrarían a favor de la independencia de sus respectivos países.

En un escalafón inferior se encontrarían Navarra, Galicia y Andalucía. En esas tres comunidades la inteligencia norteamericana detectaba un considerable “sentimiento regional”, pero que “en rara ocasión ha engendrado sentimientos separatistas o antiespañoles generalizados”. Pocos años antes de la elaboración del informe, Andalucía fue la única comunidad en acceder a la autonomía por el artículo 151 de todas aquellas que no habían llegado a someter a plebiscito sus estatutos antes de la guerra.

Aragón, por su parte, se situaba en el tercero de los grupos (otras regiones). Para la Central de Inteligencia Americana los territorios que formaban parte de esta categoría son territorios en los que “la conciencia regional nunca ha sido alta”. Sin embargo, sí que detecta matices en el caso aragonés, ya que se añade en el informe: “(el sentimiento regional) se ha visto eclipsado por el nacionalismo español (Castilla, La Mancha) o las lealtades subregionales (Aragón, Islas Baleares)”, en alusión, posiblemente, al localismo y provincialismo casi congénitos del carácter aragonés.

Del informe también queda claro que los espías norteamericanos no se pasaron por Aragón durante los años setenta. De lo contrario no incluiría a nuestro país en un grupo del que dice: “En la mayoría de estas áreas, las demandas de autonomía se generaron de arriba a abajo, producto de las elites regionales que temían ser ignoradas por Madrid si no gritaban tan fuerte como los vascos y los catalanes. Este ‘regionalismo defensivo’ encontró sólo el tibio apoyo popular y ha demostrado ser mucho menos duradero que incluso las variedades andaluzas o gallegas. Pero durante los primeros tres años de la era post-franquista los políticos locales ejercieron suficiente presión, y la prensa exageró suficientemente la magnitud del genuino deseo popular de descentralización, que el regionalismo fue percibido públicamente como una fuerza ascendente en todas partes de España”. En Aragón, por el contrario, las demandas de autonomía llegaron desde la resistencia y la izquierda antifranquista, hasta alcanzar su culmen en la espectacular manifestación del 23 de abril de 1978 en Zaragoza, con más del 10% de la población del país en las calles.

Cuestión aparte merece que en el momento en el que se publicó este informe confidencial (mayo de 1983) el aragonesismo político se había ido apagando hasta desaparecer completamente de la escena. De hecho, la aprobación del primer Estatuto de Autonomía, en agosto de 1982, llegaría entre la abulia y la indiferencia de la mayor parte de la población.

Otra de las curiosidades de este informe es la aparición de un mapa de las comunidades autónomas y los dominios lingüísticos de los diferentes idiomas del Estado (bajo la denominación “grupos etnolingüísticos más importantes”). En él no aparecen ni el aragonés ni el asturiano, pero de una forma bastante real se describen los territorios del gallego, vasco y, sobre todo, el catalán, incluyendo el Aragón oriental como territorio catalanófono.

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Un documento posterior (1995) analiza de un modo académico la cuestión territorial: “El desafío de los conflictos étnicos en el orden nacional e internacional en la década de los 90. Perspectivas geográficas”. Se trata de un extenso informe destinado a informar a los integrantes del Gobierno de los Estados Unidos. Uno de los capítulos, escrito por Colin H. Williams (profesor de la Universidad de Gales) aborda las tensiones nacionales de Europa occidental y en él uno de los asuntos principales es la situación del Estado español. Una vez más con el foco en País Vasco y Catalunya. Sin embargo, también se señala que a partir de 1987 los partidos “regionalistas” habían logrado fortalecerse y recabar importantes apoyos electorales en Valencia, Aragón, Mallorca, Cantabria y Canarias, “áreas que tenían poco, si es que tienen algo, sentido de regionalismo histórico”.

El informe acompaña un listado de las lenguas minoritarias de Europa Occidental y, una vez más, el aragonés resulta invisible para la CIA. Catalán, vasco, gallego y occitano son los únicos cuatro idiomas que aparecen en el Estado.

Unos años antes, en pleno franquismo (1958) , la estructura territorial estatal se basaba en el municipio y la provincia. En un estudio sobre las divisiones civiles del mundo se recuerda que “las 13 provincias históricas o reinos de España (Castilla, Aragón, Andalucía, etc.), de las cuales se esculpieron las provincias presentes, ya no tienen significación administrativa aunque sus nombres siguen siendo utilizados para designar regiones”.

OTAN No, Bases fuera

Aparte de estas cuestiones relacionadas con la arquitectura territorial del Estado, Aragón también aparece en algunos otros documentos de la Agencia. No hay que olvidar que durante muchos años Zaragoza contó con una base americana de especial importancia estratégica. De hecho, los informes que, por ejemplo, emite la Agencia sobre el referéndum de la OTAN que se celebró en 1986 se refieren a ella. En concreto se comenta que “el repliegue de Torrejón y Zaragoza, además sería costoso, y los españoles deberán tener en cuenta la posibilidad de que Washington intente compensar parte de este gasto reduciendo otros tipos de asistencia”. Un proceso que se culminaría en 1992, si bien Zaragoza, 26 años después, sigue siendo lugar habitual de prácticas militares de la OTAN. De hecho, como la CIA ya advertía un año antes, el cierre de Torrejón y Zaragoza formaba parte de una serie de “cambios cosméticos” impulsados por el presidente español, Felipe González, quien ya había culminado su viraje político del “de entrada no” de unos años antes y el “ni OTAN ni Bases” a una integración real del Estado Español en la Alianza Atlántica.

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La oposición a la base militar y a la OTAN, sin embargo, tampoco había pasado desapercibida. Durante el año 1984 los activistas zaragozanos Miguel Galindo y Carmen Gómez habían visitado la URSS para dar a conocer las actividades de los movimientos antibelicistas del país. En el transcurso del viaje concedieron una entrevista que sería citada en un informe de agosto de ese año en el que también se daría cuenta de otras muchas informaciones publicadas en la prensa soviética. Miguel Galindo evoca 34 años después la experiencia, sus viajes y actividades dentro de la asociación España-URSS, de la que formaba parte. “Muy posiblemente se trataría de alguna entrevista que concedimos a Radio Moscú (emisora de onda corta en lengua española que emitía desde la capital de Rusia). Siempre que íbamos allí nos entrevistaban”.

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Eran tiempos de guerra fría y quien más quien menos temía porque un día se apretase el botón nuclear. Una generación entera creció pensando en que la ciudad del Ebro sería uno de los destinos prioritarios de los misiles del otro lado del telón de acero, en caso de que se rompiesen las hostilidades. Los cables del espionaje norteamericano se hacían eco de que los militares soviéticos aseguraban que no atacarían con bombas nucleares a ciudades como Zaragoza, si estas no albergaban este tipo de armas. Unas declaraciones a las que la inteligencia norteamericana daba credibilidad. De hecho, se interpretaba como una aceptación tácita a que en los destacamentos militares de Zaragoza, Torrejón o Rota se pudiera alojar armamento nuclear de forma eventual y no permanente.

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Pero el interés militar de la inteligencia norteamericana sobre suelo aragonés no se limitaba a la base. En 1982, un informe analiza la entrada de España en la OTAN. En él se destaca la importancia que para el entrenamiento de las tropas de la Alianza representa un territorio como las Bardenas: “El acuerdo para permitir que las fuerzas aéreas aliadas utilicen el campo de tiro de Bardenas, cerca de Zaragoza, por ejemplo, podría aliviar uno de los problemas de entrenamiento más serios de la OTAN: una escasez de áreas de formación de armas en la densamente poblada Europa central. Aviones de combate de la fuerza aérea de los Estados Unidos utilizan el campo de las Bardenas reales para cerca del 70 por ciento de sus armas de entrenamiento. El clima de España lo hace un sitio ideal durante todo el año para este tipo de ejercicios”. Quizá allí nos encontremos con la razón de por qué, tantos años después, sigan siendo necesarias las marchas a las Bardenas.

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Tiempos convulsos

En la misma década la CIA también reportaría las consecuencias de los atentados de ETA, como el de la Casa Cuartel de Zaragoza, que tuvo lugar en diciembre de 1987, así como las movilizaciones de protesta que se produjeron en la ciudad.

En los setenta las referencias a tierras aragonesas son escasas. En 1975 un informe confidencial analiza los signos de descontento político en España, con la convocatoria de una huelga general por parte de las, a la sazón ilegalizadas, Comisiones Obreras. En medio de una convulsión generalizada (últimos fusilamientos del franquismo, agonía del dictador, marcha verde…) la tensión política va en aumento. Así se constata por la CIA que detecta ataques de extremistas de derecha “con cadenas” en manifestaciones de estudiantes en Valencia o Zaragoza. En otro cable de ese mismo año se alerta de que un grupo de entre seis a ocho activistas del FRAP habría estado vigilando a personal militar estadounidense de la base de la capital aragonesa.

Tres años antes se produjo la acción contra el consulado francés en Zaragoza, que le costó la vida Roger de Tur. La inteligencia americana aclara que, a pesar de que los atacantes se identificaron como “miembros de ETA”, más tarde aparecerían folletos en la Universidad de Zaragoza que reivindicarían el atentado por parte del colectivo “Hoz y Martillo”. Los cinco miembros de dicho grupo saldrían de prisión como consecuencia del decreto de amnistía de 1977.

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La convulsión llega ese año incluso al arzobispo de Zaragoza, Pedro Cantero Cuadrado, al que la CIA califica de “conservador”, quien llega incluso a manifestar su respaldo al derecho a la huelga. Tal declaración se produce en consonancia con su homónimo de Pamplona, ciudad que la inteligencia yanqui considera “vasca”.

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Diferente es el asunto de la epidemia de cólera que se vivió a principios de la década. La Agencia alertó sobre la posibilidad de que esta se extendiera hasta el sur de Francia, dada la proximidad geográfica. Uno de los datos curiosos sobre este suceso es el hecho de que la gestión desde el Ayuntamiento de la capital aragonesa corrió a cargo de un médico croata que formaba parte del consistorio, el médico Zvonimir Putizza Matich. Junto con otros croatas, como el propio Ante Pavelic, líder de los ustachas, el edil zaragozano se había refugiado tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del nazismo bajo el manto de Franco. Su presencia fue una de las razones para que una de las calles de la ciudad honrase a Croacia varios años antes de que esta volviese a ser un estado independiente, hecho que, todavía en pleno franquismo, sería criticado por la revista Andalán.

La primera oposición al franquismo

Si continuamos retrocediendo en el tiempo, en los años cuarenta las referencias al país se encuentran relacionadas con los análisis de la situación política, especialmente de los movimientos antifranquistas. Por ese motivo se da cuenta de la presencia de grupos guerrilleros en tierras aragonesas o se explica la composición de las diferentes organizaciones políticas, como el Partido Comunista o la CNT. Del sindicato anarquista se comenta, por ejemplo, de las diferentes facciones que lo formaban a finales de los años 40, siendo la más proclive a Federica Montseny la más activa en Aragón.

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Curiosa resulta la información de noviembre de 1947 en la que se relata la investigación llevada a cabo por la Dirección General de Seguridad (DGS), policía política franquista, y la inteligencia del ejército para encontrar a un supuesto infiltrado en el gobierno español. El detonante había sido un telegrama que, en el nombre de Franco, había llegado a Zaragoza para solicitar el perdón de Pascual Cano y otro “supuesto comunista”, ambos condenados a muerte.

Una vez descubierto que la comunicación era falsa se encendieron las alarmas, en Madrid y Zaragoza, temiendo un complot desde dentro del gobierno para derribarlo. No en vano el acceso a los formularios de telegramas como el recibido en la capital aragonesa estaba restringido a muy pocas personas. El documento comenta que las sospechas apuntaban a José Arcenegui, quien supuestamente encabezaría un grupo de militares comunistas, y que ya había sido detenido en el mes de julio del mismo año.

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Los informes de esos años, los primeros de existencia de la CIA, también incluyen a Aragón en diferentes análisis sobre la situación del estado español (no hay que olvidar que en los cuarenta la España de Franco se encontraba totalmente aislada y que todavía no había sellado su alianza con Estados Unidos). Estructura y disposición del ejército o de generación de energía son algunas de ellas.

Estos documentos nos proponen un interesante viaje en el tiempo y nos recuerdan que Aragón tampoco ha pintado mucho para la inteligencia norteamericana. Al menos, como se decía al principio, si nos atenemos a los cables que han sido desclasificados. En todo caso, a la vista de los resultados, quizá hayamos pintado algo más de lo que a priori podría suponerse.

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