Altavoz

¿Y tú quién eres para decirme qué sueños tengo yo?

| 4 abril, 2017 13.04
¿Y tú quién eres para decirme qué sueños tengo yo?

Te despiertas por la mañana y piensas que va a ser un día maravilloso, que vas a sonreír y ser positivo aun con todo lo que pasa en el mundo, que vas a intentar ver el lado bueno a la vida, tal y como dicen todas esas publicaciones neopositivistas del facebook, y no prestar atención a lo repugnante.

Enciendes el transistor continuando esa costumbre heredada y dejas que suene de fondo mientras empiezas a hacer tus quehaceres. Escuchas a alguien alabando a Amancio Ortega, no sé qué de un partido de fútbol, un anuncio de alarmas de seguridad y de repente una voz que dice con aires de sabelotodo: “No tenemos sueños baratos”.

Diez minutos. Diez minutos desde que te has levantado y ya ha tenido que venir el gobierno a través de un creativo a sueldo a decirte a ti y al mundo lo que tienes que pensar y soñar.

Al parecer todos soñamos con poseer dos yates, un helicóptero, una estatua ecuestre bañada en oro, un descapotable o un avión privado…

Esta campaña, que pertenece a ‘Loterías y apuestas del Estado’, dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, es sencillamente insultante y vergonzosa.

Probemos con un ejercicio práctico. Cierra los ojos e imagina que te acaban de desahuciar y no tienes dónde ir, o que llevas dos años buscando un trabajo y no te contratan porque ya tienes 55 años, o que eres jubilado y no te llega la pensión a final de mes, o que en invierno te calientas con velas, que sueles comer lo que encuentras en el contenedor de la esquina, que no puedes estudiar porque tienes que trabajar para ayudar a tu familia, o que has estudiado pero ya no te contratan porque ya no eres joven, o que te acaban de condenar con cárcel por haber escrito once chistes de humor negro en twitter o haber robado una lata de atún… Cierra los ojos y piensa en cuáles serían tus sueños. Estoy seguro de que sueñas con esos yates, ese helicóptero o esa estatua ecuestre bañada en oro, ¿verdad?

Vamos a ver, ¿y tú quién eres para decirme qué sueños tengo yo?

Que este Estado diga a la gente los sueños que tiene o deja de tener, que intente instaurar o perpetuar en la sociedad un modelo de felicidad basado en la alta capacidad económica es sencillamente deplorable. No solo por las connotaciones morales en una situación de crisis económica persistente, de pérdida del bienestar social, de recortes en sanidad o pensiones, de pobreza y desempleo, de hambre, desahucios, suicidios, etcétera; sino por las connotaciones que tiene en la psicología humana y el trasfondo político de la cuestión.

Defender que el ser humano solo puede alcanzar la felicidad a través del lujo de lo material, del alto poder adquisitivo, del modelo consumista del capitalismo es estar alejado de las necesidades emocionales del ser humano y creerse estar en un nivel de superioridad moral o de manipulación social más que alarmante.

Este Estado prefiere millonarios que justicia social, prefiere individualidad a colectividad, consumismo a sostenibilidad, recaudar impuestos a educar. Este Estado nos prefiere distraídos que satisfechos.

Yo SÍ tengo sueños baratos: Tengo sueños de un mundo diferente, de justicia global, de libertad, de solidaridad, de igualdad, de dignidad, de sostenibilidad, de principios y valores, de colectividad. Sueño con un mundo en el que nadie sea más que otro, y que no haga falta jugar a ninguna lotería recaudatoria para tener una oportunidad en la vida.

Habrá quien piense que estoy malinterpretando las cosas, o que ‘Loterías y Apuestas del Estado’ ha metido la pata y se trata de un error puntual, nada significativo. Incluso haya quien piense de forma ignorante que este artículo es algo demagógico.

Me temo que la idea de la campaña de loterías, eso de “no tenemos sueños baratos”, lleva ya varios años siendo retransmitida directamente hacia nuestros cerebros, calando poco a poco, manipulando con cada dosis. Pero éste no es el único anuncio de lotería que ha generado polémica.

Allá por 2013, la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) tuvo que retirar una campaña con el eslogan “1 de cada 3 quiere tocarte. Déjate” destinada al Sorteo Extraordinario del Turista.

También en 2013, se solicitó la retirada de la campaña publicitaria del 250 aniversario de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (LAE) porque se incitaba la “holgazanería”. En ellos se decía algo así como:

“En el año 1908 los americanos luchaban por fabricar el primer coche que fuese accesible para la gran mayoría de la gente. Mientras tanto, en España, todos los que tenían un billete de Lotería en el bolsillo esperaban tranquilamente para comprar la versión limusina”.

“En el año… un grupo de emprendedores americanos trabajaba para inventar cómo mejorar las zapatillas de deporte introduciendo bolsas de aire en las suelas. En España, los jóvenes que tenían un billete de lotería esperaban a que llegaran para comprarlas y lucirlas el fin de semana”.

Vamos, el “¡Que inventen ellos!” de Miguel de Unamuno, elevado a su máxima potencia, el mejor ejemplo para la sociedad en plena crisis es decirnos: No te esfuerces en la vida, no estudies, no investigues, no tengas inquietudes, no pienses demasiado, no hagas nada. Deja que sean otros los que se esfuercen y cuando terminen, entonces aprovéchate de sus logros. Tú, solamente compra un boleto de lotería y espera a que te toque.

El año pasado, en 2016 fueron los jubilados quienes solicitaron la retirada del anuncio, al que calificaron como una “vergüenza”, al sentirse insultados por el estereotipo que se hacía de las personas mayores.

El anuncio del Big Friday Euromillones del año pasado nos decía que “el destino hay que perseguirlo”. Comprando la lotería, lógicamente…

Los anuncios de lotería utilizan todo el conocimiento del marketing publicitario para, a través de las emociones, provocar la necesidad de depositar tus sueños y aspiraciones en ese boleto de lotería. Están diseñados para llegarte a tu lado sensible, son historias humanas, tiernas, emotivas, de ensoñación de un futuro mejor. Son como una hipérbole de felicidad consumista edulcorada con kilogramos de azúcar glass.

Más allá de todas estas polémicas, no pensemos que el Gobierno, en un alarde de solidaridad estatutaria hacia la plebe, organiza la lotería para distribuir la riqueza en el país y conformar un modelo socioeconómico más justo y repartido.

Siento ser un aguafiestas, pero el Estado no quiere tu felicidad, sólo quiere tu dinero

Las loterías son y han sido desde su origen una medida recaudatoria. Ya en época de Carlos III, el gobierno necesitaba aumentar las arcas públicas, pero como subir los impuestos traería algún que otro enfado de los contribuyentes, el entonces Ministro de Hacienda, el Marqués de Esquilache, ideó la Lotería Real o Lotería por Números, lo que ahora conocemos como La Primitiva. Ese mismo año, el gobierno recaudó 187.000 reales, de los cuales recaudó el 25%.

Posteriormente, en 1811, por iniciativa de Ciriaco González Carvajal, Carlos III creó la Lotería Moderna (la actual Lotería Nacional) para recaudar todavía más fondos tras la Guerra de la Independencia.

Desde entonces, mucho ha llovido, y la oferta de modelos de lotería y la consecuente recaudación pública han aumentado hasta niveles inauditos. No sólo se recauda con los impuestos directos, sino también con los tributos o retenciones sobre los premios obtenidos, futuros impuestos de patrimonio derivados de los bienes que se obtengan, etcétera.

Mientras tanto, la sociedad sigue comprando lotería religiosamente, depositando en ella las esperanzas de cumplir sus sueños (o los sueños que nos han dicho que tenemos que tener), tributando de forma voluntaria, esperando que el azar nos permita escalar de un salto todas las clases sociales y dejar de ser meros trabajadores al servicio del capital, y poder empezar a ser felices…

Mientras la sociedad se confíe al azar para alcanzar los sueños que le impone el capital, no podrá obtener lo que le corresponde por derecho propio.

4 abril, 2017

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