¿Una escapada a Irán? Alejandro Magno y la CIA ya la han hecho

Puente Khaju de Isfahán sobre el cauce seco del río Zayandeh. Foto: Javier Martínez

Irán cuenta con el cuestionable honor de ser el primer país del mundo en el que la CIA organizó un golpe de estado contra un presidente elegido democráticamente. Hay que reconocer que hizo méritos para ello, no fue un galardón aleatorio. El presidente, Mossadegh, decidió en 1951 nacionalizar el petróleo y, como indica Kapuściński: “en aquellos años, atreverse a tomar una medida como la que había tomado Mossadegh era comparable a lanzar repentina e inesperadamente una bomba sobre Londres o Washington”. Dos años tardaron la CIA y el MI6 británico en orquestar un golpe de estado contra el bueno de Mossadegh. Después ya se sabe: entrada en prisión y, posteriormente, arresto domiciliario hasta su muerte. El pueblo persa, bastante orgulloso, no olvida con facilidad. Basta darse una vuelta por la antigua embajada estadounidense en Teherán para comprobar como sus paredes han sido pintadas con mensajes que advierten de las verdaderas intenciones del Imperio estadounidense.

Al visitante le llaman poderosamente la atención los murales, las vallas publicitarias y los carteles en las farolas que empapelan Irán con caras masculinas: se trata de los combatientes que perdieron su vida en la guerra contra Iraq (entre 1980 y 1988). Una guerra en la que Sadam Hussein, que contaba con un ejército más potente, se quiso anexionar la provincia suroccidental de Irán, la más rica en petróleo. Irán suplió las diferencias armamentísticas con una llamada de voluntarios: en poco tiempo recibió a cientos de miles. Muchos sucumbieron en esa atroz guerra de desgaste en la que Hussein utilizó armas químicas. Más de treinta años después el recuerdo de estos mártires sigue presente en las calles de los barrios y los pueblos de Irán.

Mural en el exterior de la antigua embajada de EEUU. Foto: Javier Martínez
Mural en el exterior de la antigua embajada de EEUU. Foto: Javier Martínez

La religión oficial de la República Islámica de Irán es, obviamente, el islam; aunque se permiten otras religiones (cristianismo, judaísmo, bahaísmo y mazdeísmo). Una proporción importante del país no practica ninguna religión, especialmente en Teherán y las grandes ciudades. En el caso de las mujeres se hace más evidente porque especialmente las mujeres jóvenes se saltan el “Código de vestimenta” como rechazo a esa imposición. Así pues, estas mujeres llevan el pañuelo caído mostrando gran parte del cabello, casi como si se tratara de una bufanda alta, se pitan las uñas, se las colocan postizas, se maquillan, etc.

Debido a la religión, Irán es un estado único en el mundo, puesto que es el único cuya religión oficial es el islam en su rama chií. Los diferencia de los suníes (mayoritarios en el mundo musulmán, pero no en Irán) en algunos aspectos históricos y en que se rigen por dos principios más: el de justicia y el de liderazgo. Es decir, un chiíta no se convierte en un buen musulmán si no obra bien. Quizás esto esté relacionado con la famosa hospitalidad iraní: en nuestro caso se nos convidó a una cena en Shiraz por el mero hecho de preguntar dónde había una panadería, un farmacéutico de Yazd nos llevó a cambiar dinero a la otra punta de la ciudad donde el cambio era mejor… Cada visitante de Irán tendrá varios ejemplos diarios diferentes de esta hospitalidad; al menos de momento, porque la homogenización cultural occidental (o aculturización global) avanza velozmente en todo el mundo.

Además de las famosas torres de ventilación de Yazd, que permiten soportar el sofocante calor del desierto iraní rescatando hasta la más mínima brizna de viento, esta ciudad es famosa por ser una de las más antiguas del mundo, por sus acequias subterráneas (qanats) y por tener dos Torres del Silencio, construcciones religiosas mazdeístas (seguidores de Zaratustra) a cielo abierto para depositar a los muertos. El mazdeísmo considera sagrados el aire, el fuego, el agua y el suelo, por lo tanto los cadáveres no pueden ser enterrados, cremados o lanzados a un río puesto que contaminarían alguno de los cuatro elementos. Así que una solución que sí preserva la pureza de los cuatro elementos es dejar los cuerpos en estos templos para que los buitres hagan su trabajo. Tras la conquista musulmana (siglo VII) esta religión, otrora mayoritaria en Irán, sufrió un rápido y constante retroceso en favor del islam; no obstante, algunos mazdeístas decidieron emigrar y se establecieron en India, donde todavía mantienen esta religión y son conocidos como parsis.

Vista de una de las Torres del Silencio de Yazd al atardecer. Foto: Javier Martínez
Vista de una de las Torres del Silencio de Yazd al atardecer. Foto: Javier Martínez

Merece una mención especial el Imperio Persa, cuya religión oficial fue el mazdeísmo, y la majestuosidad de sus cuatro capitales que, después de más de 2.500 años, dan una impresión muy diferente a lo que tuvo que encontrar Alejandro Magno cuando saqueó e incendió Persépolis. Es probable que el mejor sitio para presenciar los restos de las capitales persas no sea el propio Irán, sino Londres o París. Aunque para los que preferimos el lugar original sobre los museos no hay comparación válida. Un ejercicio de humildad puede hacerse en estas capitales persas comprobando que las inscripciones se hacían en tres idiomas: persa antiguo, elamita y babilonio; curiosamente, en algunos lugares de Aragón esto sigue siendo tabú dos mil quinientos años después…

Un viaje a Irán no debería finalizarse sin visitar Isfahán y disfrutar de una tarde contemplando el discurrir diario en una de las plazas más grandes y bellas del mundo (la plaza Naqsh-i Jahan). Isfahán se desarrolló en medio del desierto gracias al río Zayandeh, sin duda sus aguas lo son todo. La ciudad construyó en el siglo XVI tres puentes con numerosos arcos de hermosa factura que evidencian que la ciudad vivía de cara al río. Actualmente el espíritu de los isfahaníes se encuentra herido, su río está seco. Los puentes cumplen otra función: la juventud aprovecha la buena acústica de los arcos y la intimidad del lugar para reunirse clandestinamente bajo ellos, sustituyendo el sonido del agua por el de las guitarras y las voces... El rigor del clima semiárido del centro de Irán y especialmente la sobreexplotación hídrica producto del crecimiento demográfico e industrial de la ciudad condenan a sus habitantes a ver su arteria principal completamente seca. ¿Será este el futuro de otros ríos del mundo que alimentan grandes ciudades en entornos semiáridos?

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