Altavoz

Una capital para un país

Hace diez años tenía un discurso muy pesimista al respecto de la ciudad de Zaragoza, un discurso basado en su ruralidad y en la conciencia de que, como diría Labordeta, “este poblachón monegrino” no es más que una inútil madrastra sobrada de prejuicios y complejos, un reducto de baturrismo donde la fila de la charcutería...
| 9 octubre, 2018 09.10
Una capital para un país
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Hace diez años tenía un discurso muy pesimista al respecto de la ciudad de Zaragoza, un discurso basado en su ruralidad y en la conciencia de que, como diría Labordeta, “este poblachón monegrino” no es más que una inútil madrastra sobrada de prejuicios y complejos, un reducto de baturrismo donde la fila de la charcutería ejercía más control social que el confesionario de la iglesia del pueblo de mi familia.

Sin embargo, es necesario afrontar el futuro con esperanza y con ilusión, y es verdad que, para bien o para mal, nuestra ciudad ha vivido en los últimos quince años (curiosamente, desde que Atarés y el PP marcharon de la alcaldía) un fugaz proceso de urbanidad (que no urbanización, esto empezó mucho antes y no fue determinante) que ha cambiado su fisonomía para siempre. Un proceso que dejó de ser reversible cuando un partido eminentemente rural y de influencias personales como el PAR salió del ayuntamiento, como marcador político que puede señalar esta nueva percepción de los habitantes de la capital.

Este proceso al que me refiero ha cambiado completamente la estructura social de la ciudad, las relaciones entre las personas, el equilibrio entre el Aragón rural y el Aragón urbano, la distribución de la población y de la riqueza, la estratificación social, la relación entre las personas y el medio (en este caso la ciudad) y, al final, la cosmovisión de la vida de la ciudadanía.

Este proceso de urbanidad social es un primer paso para construir un país: Aragón necesita un núcleo urbano consolidado que ejerza de motor, no ya económico, sino principalmente social y cultural; una capitalidad para un país en construcción.

Sólo si somos capaces de entender este protagonismo de Zaragoza como motor de Aragón seremos capaces de dejar a un lado esa concepción de “poblachón” monegrino a la que se refería Labordeta. Debemos quitarnos la sensación de “ciudad de provincias” que siempre ha sobrevolado sobre nuestro imaginario, y a la que ha contribuido la equidistancia entre las dos grandes ciudades del Estado: Madrid y Barcelona, de las que siempre hemos caminado a rebufo, y que siempre han ocupado la centralidad política, social, económica y cultural de Aragón.

Es necesario que Zaragoza ejerza con firmeza y sin complejos esta centralidad para Aragón, siendo la vanguardia. Esto no quiere decir que debamos centrar la construcción nacional sólo en la construcción de la ciudad. Es evidente que el éxodo rural es un problema crucial para nuestro país que hay que solucionar y que, igual que habrá que reforzar varias subcapitalidades en el territorio (que deberán ser menos de 33, aunque no nos guste), es necesario tomar una estrategia de construcción de la identidad urbana como parte fundamental de nuestra construcción nacional como país.

En esta tarea no caben las tensiones entre el Aragón rural y el Aragón urbano, y sólo son un lastre y un reflejo de un mensaje colonial que nos ha calado muy profundamente (ya decía Coste que cuando España deje de ser España, Aragón seguirá siendo España) y que nos deja a mucha distancia de una modernidad a la que –menos mal– todavía no llegamos tarde.

Pero es que, además, Zaragoza sólo podrá crecer y avanzar desde un prisma soberanista. Si continuamos siendo una ciudad de provincias en lugar de una capital, si no mantenemos viva una tensión nacional, continuaremos viviendo escondidos debajo de la cama. En un contexto de unidad nacional, Zaragoza no puede competir con Madrid, Barcelona o Valencia como metrópolis. Sólo si asumimos la estrategia de capitalidad nacional podemos garantizarle a Zaragoza un protagonismo urbano que asegure un desarrollo como se merece y que, por supuesto, debería ser sostenible.

Aragón necesita a Zaragoza y Zaragoza necesita a Aragón. Este proceso ya ha empezado y, como un Gregorio Samsa más, la metamorfosis de la ciudad debe ser imparable. Pero, para eso, tenemos que tener claro cuál ha de ser nuestra estrategia y cuáles han de ser las claves con las que hemos de construir el tejido urbano de la Zaragoza del siglo XXI.

9 octubre, 2018

Autor/Autora

Colla LGTBI de Chunta Aragonesista


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