Altavoz

Toca dar la voz

| 2 noviembre, 2017 11.11

Como explica Naomi Klein en La Doctrina del Shock, no es que la “incapacidad” lleve a los poderosos a graves “errores” en tiempos de crisis, sino que aprovechan el desconcierto para aplicar reformas que les beneficien, envueltas en la “drástica necesidad de actuar” en tal “grave momento”.

Tenían ganas: desde 2011, el movimiento indignado, la PAH, las mareas, Unidas Podemos, el municipalismo… habían señalado alternativas para la gente común que nos permitían conjurar el auge fascista -explícito en Europa- e impedir la recomposición del régimen. Pero no hemos podido evitar que la destrucción de lo público, los recortes y la miseria se afiancen: la relación de fuerzas es la que es, la dirección del PSOE ha permitido un gobierno central que veta todo avance legal (dos leyes se han aprobado en toda la legislatura) y la movilización está en mínimos a la espera de resultados institucionales que no llegan.  Ésta es la yesca perfecta para que prenda el fascismo: en ella tenemos la responsabilidad de actuar en vez de lamentarnos por las chispas que llegan de la casa vecina.

Una casa, Cataluña, que desde ese 2011 ha visto bloquear 18 intentos de diálogo institucional sobre su Estatut amputado, y 17 paralizaciones por el Tribunal Constitucional de normas catalanas, algunas (como la de pobreza energética) orientadas a paliar la emergencia social. Seis años en los que el PdeCat ha podido culpar de los efectos de sus recortes al PP o a “España” según conviniera.

Porque, por supuesto, en el Procés coexisten muy distintos intereses. Pero nos guste o no, una considerable parte de las gentes (no sólo de las organizaciones) que debemos considerar -con todos los matices que queramos- nuestras aliadas en Catalunya, han optado por una estrategia que priorizaba el derecho a decidir la cuestión territorial. Ésa ha sido su opción para intentar avanzar allí en la transformación del mismo régimen que tampoco nos representaba aquí ya en 2011. Aunque creamos que el procedimiento usado en el Parlament tiene un claro déficit democrático, y que la represión no legitima una independencia basada en un 43% del censo. Aunque valoremos que pactar entre fuerzas aliadas por el derecho a decidir hubiera sido mejor para unas y otras.

Pero el momento exige más que debatir sobre futuribles que ya no serán. Exige una defensa frontal de los derechos civiles que fueron aporreados el 1 de octubre y que hoy son ya encarcelados, y de la movilización pacífica que seguirá mientras continúe la suspensión legal o de facto del autogobierno catalán. Porque no debemos engañarnos. Este shock no es un “error”: PP y Cs no ganaban nada haciendo las cosas “sensatamente”, así que no las harán así. Y para ello debemos prepararnos, sin esperar ayuda alguna de una dirección del PSOE que, a lo más, se guiará según las encuestas.

Una poderosa razón (más) para insistir aquí en el Parlem/Hablemos, aunque desde Cataluña mucha gente no vea de quién esperamos diálogo: pero es nuestra obligación ética y política exigirlo. Y una necesidad social crear las condiciones para que se dé desde abajo, a riesgo de que su ausencia nos lleve a catástrofes que no hace tanto se dieron en Europa cuando nadie las imaginaba.

Pero toca mucho más, porque no nos engañamos: el objetivo de este shock es bloquear la transformación del régimen del 78. Algo para lo que buscaban una vía que creen haber encontrado. Toca tomar la iniciativa, por manido que suene, desde abajo. Con unos medios de comunicación abrumadoramente alineados con el 78, la voz de nuestra representación institucional será en gran medida ahogada, aunque pugne por no dejarse encerrar en debates legalistas. Toca apelar a que la gente común plantee sus necesidades, desbordando otra vez el marco impuesto. Toca dar la voz más allá de representantes.

Toca llenar de significado a Hablemos/Parlem como espacio que se crea porque quien debe hablar “desde aquí” no quiere hacerlo; toca proponer iniciativas concretas que interpelen a las y los representantes políticos desde la ciudadanía sobre su acción o inacción por el diálogo.

Y toca además diseñar otros espacios, amplios y atractivos, donde muy diversas fuerzas colaboremos, frente al tripartito conformado por la dirección del PSOE con PP y Cs, en dar voz a la ciudadanía en el debate sobre el modelo territorial, que será peor y más regresivo cuanto más encerrado en la Comisión territorial del Congreso y en las jaulas de grillos televisivas, auténticas fábricas de hooliganismo.

Espacios que emplacen públicamente a la dirección del PSOE al debate sobre la ley electoral gracias a la que hoy el PP puede suspender el autogobierno de cualquier comunidad con el 30% de votos que le garantiza la mayoría absoluta en el Senado, y le permite vetar todo cambio constitucional. Sin otro senado es imposible ningún avance constitucional.

Y toca hacerlo como ensayo de más espacios plurales de debate y movilización constituyente que han de ir por delante del tripartito y sus medios para crear agenda; para retomar la ilusión por la posibilidad de transformar el panorama que se nos ha ido marchitando contra los muros institucionales.

Toca dar la voz porque no hacerlo es dársela a un fascismo que está aprendiendo a dejar los amenazantes aguiluchos en casa, y a un régimen que quiere hacer pasar por democracia sus actitudes autoritarias y alejadas de todo diálogo.

2 noviembre, 2017

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