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Tercera semana de La Vuelta: la madurez sostenida del desenlace final

Esta es la crónica, despedazada en cuatro artículos de La Vuelta 2018. Con un podio que augura el relevo generacional (Yates-Mas-López), ninguno tiene más de 27 años. Y también la primera vez en la historia que las tres grandes vueltas son ganadas por ciclistas diferentes de un mismo estado (Froome-Thomas-Yates).
| 18 septiembre, 2018 13.09
Tercera semana de La Vuelta: la madurez sostenida del desenlace final
Espectáculo puro en La Gallina. Foto: @PhotoGómezSport

“El ciclismo es rebañar el plato de tu rival antes de empezar por el tuyo”. Hennie Kuiper.

La decisiva semana de una gran vuelta es la tercera, territorio inhóspito donde la resistencia adquiere su máximo esplendor. Y para ello, una crono de 32 kilómetros entre Santillana del Mar y Torrelavega -territorio Freire-, que deja a Simon Yates reforzado en su liderato, aunque sin grandes diferencias sobre Valverde. Los perjudicados fueron los colombianos, ni Quintana ni López tuvieron su día. Y por aquí nos aparecen dos sorpresas, por sus buenas prestaciones en una crono exigente, Kruijswijk asaltando el tercer puesto de la general (4º en la etapa, el mejor de los favoritos), y Enric Mas, que a sus 23 años, continúa con su fulgurante progresión, y se sitúa quinto, a minuto y medio del líder. La etapa fue engullida por el macroespecialista Rohan Dennis (BMC), dejando a Rosskopf y Castroviejo sin opciones.

La 17ª etapa nos llevó a Euskal Herria, en un recorrido precioso, típico de la Itzulia, con final en el Monte Oiz (a 1.026 metros, el llamado Balcón de Bizkaia). Desde su cumbre, en un día despejado puede llegar a verse el Moncayo. Esta vez tocó niebla y una fuga que tuvo margen para disputar la victoria parcial, en una subida durísima (7 kilómetros a casi el 10% de media, con muros de hormigón al 20%), donde Quintana cede sus galones en Movistar, con un Valverde pletórico -amenazando a 25” el liderato de Simon Yates- y la connfirmación del mallorquín Enric Mas, que ingresa en el podium provisional. Victoria agónica para un combativo Michael Woods (Education First), en un mano a mano dramático con Theuns, sobreviviendo a los rampones de Oiz, repletos de ikurriñas, en dura pugna con Majka, De la Cruz o Zakarin. Y como triste complemento, la caida del sardo Fabio Aru, un brutal golpe contra un muro, que le dejó rasgado, enfadado con su bici, con el mundo, lágrimas de un vencedor de La Vuelta (2015) y que lleva un 2018 en el que no carbura.

La 18ª etapa discurrió por Aragón durante 150 kilómetros, con salida en Exeya d’os Caballers y llegada en Lleida. Tiramos de memoria, para homenajear a Ángel Ibáñez, que en 1967, se convirtió en el primer aragonés en ganar una etapa de La Vuelta, natural de Bárboles (La Ribera), alcanzó su éxito en una etapa entre Lleida y Zaragoza, fugado en solitario desde el inicio de la misma, a mitad de recorrido tiene unos quince minutos de ventaja sobre el pelotón, las fuerzas empiezan a fallar, sopla cierzo pero consigue levantar los brazos a los pies de la basílica de El Pilar -todo muy retro-.

Los favoritos escalando el Monte Oiz. Foto: @PhotoGómezSport

Los favoritos escalando el Monte Oiz. Foto: @PhotoGómezSport

Volviendo a 2018, en la etapa aragonesa se voló literalmente (medias de 50 km/h.), con un emocionante pulso entre fugados y pelotón, bien gestionado por los primeros en un sprint emocionante, ganado por el clasicómano Jelle Wallays (Lotto-Soudal), mientras Sagan perseguía su sueño como un poseso. Pero volvamos a la historia.

La relación de Aragón con La Vuelta es singular. País de paso. En el diseño de rutas, el pelotón ha transitado por el valle del Ebro, buscando el norte o el Levante. Zaragoza ha sido un final habitual, con etapas peligrosas por el viento. A partir de los años ochenta, tenemos finales en alto (Balneario de Pandicosa o Sarllé-Ampriu) y en localidades míticas del Alto Aragón (Samianigo, Chaca), por no mencionar las cronometradas en Zaragoza y alrededores. Un poco de todo, y ya en los últimos años, alguna etapa por Valdelinares (Ibérica Sur), por Tarazona y la ya icónica etapa de Formigal (2016), bella por un despiste, y que ha inaugurado una nueva era en los diseños modernos (encadenados montañosos de menos de cien kilómetros). Esperemos que dure poco…

La madurez de un recorrido de tres semanas llega, en deportes de resistencia, al final, el muro de los corredores de maratón. Simon Yates había aprendido la lección, del Giro de este año, por eso en esos 17 largos kilómetros de subida tendida a La Rabassa (final de la 19ª etapa, Lleida-Andorra. Naturlandia), asestó su putsch definitivo, no quería un déjà vu de la etapa de Bardonecchia. Y eso que Movistar intentó mover el árbol, pero la tercera semana, los esfuerzos acumulados, generan la diferencia. El ágil escalador de Manchester aprendió que la mejor defensa es un buen ataque, y por eso, por madurez, fue su día clave. El parcial se lo llevó Pinot, y Valverde, justo de fuerzas, con un minuto perdido. Todo era posible, pero esto no es el Giro.

El delicioso y extraño epílogo para la general llegó con la jornada de alta montaña del sábado. La etapa más corta en la historia de esta ronda, 97 kilómetros por el país andorrano, seis puertos, muchísimo desnivel y final en el Coll de la Gallina. Fue una jornada entretenida, nerviosa, pero con pocas fuerzas, y la constatación de quienes acaban en una forma óptima. Los intentos de fuga eran controlados, muchos ataques, corredores que se filltraban, pero no hubo un Formigal 2016, de hecho el líder Yates volvió a atacar, a su rueda Enric Mas, cazaron al colombiano López. Lucha por el podio, Valverde desfondado, y victoria de prestigio para el joven escalador mallorquín. Faltaron kilómetros, la dureza de la distancia, pero es lo que hay. Y el colofón-paseo por Madrid, donde el capo de los velocistas, se llevó su tercera etapa, un tal Elia Viviani.

Enric Mas, Simon Yates y Miguel Ángel López, el podio de La Vuelta 2018. Foto: @PhotoGómezSport

Enric Mas, Simon Yates y Miguel Ángel López, el podio de La Vuelta 2018. Foto: @PhotoGómezSport

Y esta es la crónica, despedazada en cuatro artículos de La Vuelta 2018. Con un podio que augura el relevo generacional (Yates-Mas-López), ninguno tiene más de 27 años. Y también la primera vez en la historia que las tres grandes vueltas son ganadas por ciclistas diferentes de un mismo estado (Froome-Thomas-Yates). El modelo Guillén funciona, a pesar de seguir lejos de la puesta en escena y el cuidado a la cultura ciclista que emana el Giro de Italia. Se hace díficil repetir victoria, en este siglo, los asteriscos de Roberto Heras, Dennis Menchov y Alberto Contador. No haré más valoraciones, pero este buen artículo de @AlpinoGliaccia me representa bastante.

Lo difícil que es ganar una etapa en una gran vuelta, que se lo digan a nuestro Escartín. En esta edición, sólo la mitad lo han conseguido (once de veintidós equipos participantes). Alzar los brazos en cualquiera de las jornadas es una visualización fundamental para patrocinadores y un subidón de moral para todo la estructura deportiva. Equipazos como Sky, Astaná o Katusha se van de vacío en esta parcela, los modestos continentales como Burgos-BH o Caja Rural también.

Y una mención especial para el farolillo rojo, el último de la clasificación general. El danés Matthias Brändle (Trek), el 158, a casi 6 horas de Simon Yates. Acabar siempre es un objetivo, la madurez, el sufrimiento, pocos deportes así, sin cámaras, pero con admiración.

¿Pero cuánto cobra un ciclista profesional? Siempre hay clases. Peter Sagan gana aproximadamente unos seis millones de euros anuales, tras el eslovaco hay una serie de ciclistas que ingresan entre 2 y 5 millones (Froome, Cavendish, Nibali y Quintana), son datos difíciles de contrastar. La realidad del grueso del pelotón es otra, para los equipos continentales (segunda división), rondaría los 30.000 euros anuales. Lo importante es dignificar los trabajos, cada uno en su ámbito, como está haciendo la plantilla de Sarga, montados en bici, luchando por sus contratos, derechos, y exigiendo la dimisión del consejero Olona.

Durante las dos últimas etapas masculinas de La Vuelta, se ha desarrollado la Madrid Challenge by La Vuelta, con una crono por equipos en Boadilla del Monte (de escasos 12 kilómetros), donde se impuso el Team Sunweb, y una etapa en línea (de 100 kilómetros) por el circuito de Madrid, resuelta al sprint por la italiana Giorgia Bronzini (Cylance Pro Cycling), mientras que la general final era para la holandesa Ellen Van Dijk -cinco veces campeona mundial contrarreloj-. Holanda mima el ciclismo y eso alcanza al femenino. Es una pena, no ofrecer una carrera digna de varios días de competición, igual que la escasa visibilización que se ofrece. Ahí está el contraste italiano, el Giro femenino –la única carrera con más de una semana de competición-, organizada para julio, y con 29 ediciones a sus espaldas. Queda todo por hacer.

18 septiembre, 2018

Autor/Autora

@Danilerin


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