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Supervivientes: la violencia machista como tema en el arte contemporáneo del Estado español

Un recorrido, desde el tardofranquismo a la actual hiper-representación en los medios, de las prácticas artísticas que trabajan en torno a la violencia sobre las mujeres. La exposición colectiva comisariada por Elena Fraj y Esther Moreno se podrá ver en la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza del 7 de marzo al 4 de mayo.
| 6 marzo, 2018 11.03
Supervivientes: la violencia machista como tema en el arte contemporáneo del Estado español
Fina Miralles, 'Enmascarats'.

La exposición recoge aquellas prácticas que plantean diferentes tipos de visualidades sobre la violencia institucional del Estado, la violencia intersubjetiva en el ámbito de los afectos y la violencia simbólica. El conjunto de las obras establece un relato que se articula a partir de un paralelismo: se trata de establecer una correspondencia entre la evolución de las formas de representación visual de las violencias machistas en las obras de arte del Estado español y el proceso de lo que sería la recuperación psicológica de una mujer que ha atravesado una situación de violencia.

“Nuestros cuerpos, nuestras vidas”. El derecho a reconocerse víctimas. De la violencia institucional a la violencia intersubjetiva en el tardofranquismo y la transición

Siguiendo el símil planteado, en un primer estadio de superación psicológica del trauma sería necesario reconocer la situación de opresión para que emergiera la construcción de una cierta identidad de víctima. En las obras realizadas en los años 70 y principios de los 80 se representan cuerpos de mujeres agredidos físicamente para evidenciar de qué manera la violencia política e intersubjetiva están relacionadas. Las serigrafías Discriminació de la dona (1977) de Eulàlia Grau establecen una relación dialéctica entre los lugares y los roles que ocupan las mujeres frente a los de los hombres. Son imágenes apropiadas de la prensa y manipuladas hasta contrastarlas al máximo, donde aparecen mujeres al cuidado del hogar, trabajando en las fábricas, mujeres deprimidas, mujeres presentadas como objetos sexuales para los hombres y mujeres juzgadas y encarceladas por hombres. La fotoacción Enmascarats (1976) de Fina Miralles coincide con el momento álgido y de mayor actividad del movimiento feminista y su trabajo se suma a las críticas a la “doble transición”. Las fotografías muestran un rostro repetido que pierde la identidad y la capacidad de comunicación y que se invisibiliza bajo la mascarada, un elemento común en el arte feminista como metáfora del significante mujer.

De la violencia doméstica (privada) como espectáculo (público) a la primera ley de violencia de género

En un segundo estadio de un proceso de recuperación se comparte, se enuncia y se tiene la capacidad de empezar a hacer pública la historia de opresión o violencia. En la exposición este estadio se corresponde con el contexto de la mediatización de la violencia. El punto de inflexión en este periodo lo provoca el asesinato de las Niñas de Alcácer (1992-1993) y el comienzo de los reality shows. Unos años más tarde, el asesinato de Ana Orantes (1997) tras su aparición en un programa de televisión desencadena un giro social, político y mediático en torno a la entonces llamada violencia doméstica. En el año de la Expo de Sevilla y en pleno auge de las políticas neoliberales, Pilar Albarracín realiza S/T Sangre en la calle (1992), siete acciones en las que ella aparece inerte y ensangrentada en diferentes calles, vestida según la clase social de cada una de ellas. La sangre y el color rojo son elementos habituales en el trabajo de Albarracín que remiten aquí a lo folklórico, a la violencia sobre las mujeres y también al SIDA, tema tabú en aquel momento. Mujer Trama (1997) de Virginia Villaplana, consiste en la filmación de una fotografía publicitaria de moda donde una mujer aparece agredida y abandonada.  La autora fragmenta, reencuadra, y, a continuación, acerca con un zoom la imagen hasta que acaba perdiendo la forma y revelando la trama, la unidad mínima del lenguaje mediático. El medio acaba refiriéndose a sí mismo y la representación de la violencia acaba siendo una mera excusa para mostrar el pliegue sobre sí mismo de los medios de comunicación. Scope (1998) de Pilar Beltrán es un conjunto de fotografías que se ha de leer como un montaje cinematográfico donde las imágenes puedes ser bellas e incómodas al mismo tiempo. Las ideas que subyacen son, según la autora, “el límite entre realidad y ficción, entre juego y violencia, entre control y pérdida del mismo”.

La hiper-representación de la violencia machista. ¿Cómo representarla en el contexto actual?

Este tercer estadio de la exposición muestra cómo opera la hiper-representación de la violencia machista. Desde el punto de vista de la recuperación psicológica, es en este momento en el que la noción de víctima de los malos tratos pasa a ser la de superviviente. Cabe preguntarse si la imagen de un cuerpo agredido tiene el mismo significado ahora que en los años setenta. En este punto, la visibilización pública no se puede hacer de cualquier manera, no basta con mostrar si detrás no hay una reflexión sobre cómo mostrarlo. La liberté raisoneé (2009) de Cristina Lucas recrea la Libertad agredida por el resto de personajes de la escena, una agresión donde apenas un plano del cuerpo aparece herido para pasar después a encuadrar a los hombres, quedando en off el cuerpo vapuleado de la mujer. El resto de obras de este tercer bloque indagan sobre estéticas donde aparecen menos cuerpos agredidos para buscar otras estrategias visuales y otros procesos de trabajo. Secret Strike (2005), de Alicia Framis es una performance colectiva creada en Lleida para celebrar el Día Internacional Contra la Violencia de Género. Un grupo de mujeres se detiene en un paso de cebra y el tráfico se bloquea. No llevan pancartas ni mensajes ya que es una huelga secreta, tan solo llevan puestos unos guantes rojos. También mediante un proceso de elaboración colectivo Sara Berga realiza el montaje de Home Hard Sweet Home (2016), una colección de frases bordadas que recogen testimonios de abusos sexuales en la infancia. La artista, a partir de su propia experiencia, decide trabajar este tema desde el arte. Contacta a través de un foro con víctimas de abuso sexual en la infancia para conocer a otras personas, casi todas mujeres, y para invitarles a colaborar en su proyecto. Otro objeto asociado a los imaginarios de lo femenino es el pañuelo. Con ellos Gema Rupérez compone la instalación Mácula (2016). Después de la saturación comunicativa, de la selva de las imágenes que nos rodea a diario, Rupérez realiza lo que vendría a ser una visibilización de datos analógica. Cada uno de los pañuelos es numerado hasta formar el conjunto de mujeres asesinadas desde 2003 (según datos del Gobierno). Se trata de una metonimia, el pañuelo como parte del duelo, que transmite una emocionalidad profunda alejada de cualquier espectacularización.

Por último, los videos producidos en el taller entre los estudiantes de la ESDA, la asociación Somos Más y mujeres supervivientes (Consuelo, Nicoleta, Patricia, Zineb y María Elena Pinilla) tiene por objeto responder a la pregunta de cómo representar la violencia en el momento actual. De puertas para adentro (María Sancho García, Álvaro Alonso Hernández, María Zabay Martínez, Guillermo Mendoza Remacha) utiliza la metáfora visual para mostrar diferentes tipos de violencia que acaban con la imagen de una mujer como una flor de un cactus abriéndose. En Luchadoras (María Lacasa Murillo, Marina Claraco Corredera, Eloy Comp Cruz, Alejandro Valle Badenas, Mireya Hernádez Ferruz) comentarios machistas que se harán hacia una mujer se hacen sobre un hombre. Esta inversión de los roles provoca una imagen extraña que revela cómo las mujeres son agredidas a través del lenguaje. Juntas y fuertes (Lorena Yunquera Casaos, Carla Puig Martínez, Irene Grasa Tabuenca, Sheyla López González) celebra la fuerza y las alianzas que tejen las mujeres mediante objetos en singular y en plural: un pelo es frágil frente al cabello o cómo un abanico, objeto femenino y frágil, puede ser un arma de autodefensa. Matrioska (Rubén Hervás Ramos, Sergio Ortega Muñoz, Fernando Garasa Sánchez, Daniel Gómez Manzaneque) narra una conversación cotidiana de chat en una pareja cuya relación se basa en la coacción pero la cual es posible zanjar. La matrioska se va desmontando por capas, tal como actúa la violencia, pero precisamente esta cualidad de estratos también posibilita la capacidad de volverse  a reconstruir.

SUPERVIVIENTES flyer

6 marzo, 2018

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