Altavoz

Soy tu regalo de Navidad

Estoy un poco asustado. Hace ya dos días que llegué aquí. Vivo en una caja de cristal. No estoy con mis hermanos. Comienzo a creer que no veré más a mi madre. Sí, soy el perro que comprarás a plazos. Sí, siento y sufro. Sí, puedes llamarme Pipo. Esta historia triste se repite a diario...
| 15 diciembre, 2017 10.12

Estoy un poco asustado. Hace ya dos días que llegué aquí. Vivo en una caja de cristal. No estoy con mis hermanos. Comienzo a creer que no veré más a mi madre. Sí, soy el perro que comprarás a plazos. Sí, siento y sufro. Sí, puedes llamarme Pipo.

Esta historia triste se repite a diario y parece que en épocas de vacaciones y compras la vida de un animal sigue siendo una opción cuando se trata de premiar buenos resultados en el colegio o de agradar a alguien con un regalo tierno.

Sin embargo, estos regalos tiernos crecen, comen, manchan, viven, tienen gastos veterinarios y necesidades como todos nosotros. Estos regalos vivos son seres sintientes cuyos padres son meras máquinas desechables, ellas son máquinas de parir, ellos son máquinas de fecundar, los cachorros son productos a ojos de demasiadas personas que se lucran, demasiadas personas que compran, y demasiadas personas indiferentes.

Sí, estos regalos tiernos son carne de zoosanitario, cuneta y, con suerte, protectora que se hará cargo de ellos cuando el abandono sea el siguiente paso en esta historia. Porque se abandona, y mucho. Conocíamos en julio de este año los datos de la Fundación Affinity: solamente el 16% de los animales abandonados o perdidos volverá con sus familias humanas, el 45% acabará en un nuevo hogar, el resto no saldrá adelante. Las cifras duelen: 104.447 perros y 33.335 gatos quedaron desamparados en 2016. Las cifras de este año no serán halagüeñas, sin duda. Hay otros estudios, los datos varían porque nadie admitirá que ha abandonado al animal que compró hace un tiempo.

En el día a día, eduquemos a los más pequeños, contémosles con palabras adecuadas que los animales nacen y acaban en escaparates. Podemos muy bien recordarles que ellos no compran a sus amigos y un animal es un amigo, un compañero, un confidente, el apoyo incondicional cuando el día ha sido duro en el colegio.

Hablemos con nuestros compañeros de trabajo sobre las protectoras, que cumplen una labor sin la cual las cifras serían incluso peores. Animémosles a acudir a algún acto benéfico. Incluso nuestros regalos pueden ayudar. Las protectoras suelen tener calendarios estos días. Difundamos el amor y el respeto por todos los seres vivos.

Y trabajemos con entusiasmo por ayudar a los animales también en los despachos. Uno de los pilares de la Ley Cero que PACMA empezó a difundir en mayo es el “sacrificio cero”. Cómo conseguirlo no es utópico ni mucho menos, es valiente y ambicioso, pero también muy necesario: acabar con la venta de animales.

No queremos terminar sin mencionar que el cinismo llega a las tiendas cuando, cumpliendo a duras penas una Ordenanza cobarde e incompleta, apartan de los escaparates los cubículos de los animales que venden, los cubren con carteles publicitarios y cajas, pero los animales siguen ahí, más o menos a oscuras, más o menos hacinados, más o menos tristes. Pipo está ahí. No queremos ni imaginarnos dónde estará su madre.

15 diciembre, 2017

Autor/Autora

Miembro del Partido Animalista PACMA en Zaragoza.


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