Altavoz

Sólo sí es sí

| 2 mayo, 2018 10.05
Sólo sí es sí
Uesca se vuelve a concentrar este jueves contra la violencia machista. Foto: Colectivo de Mujeres Feministas de Uesca

Coincidiendo con el 1º de Mayo, el Colectivo de Mujeres Feministas de Huesca participamos de las manifestaciones convocadas por las compañeras y compañeros que desde los sindicatos más combativos siguen luchando contra los trabajos precarios, la desigualdad salarial entre mujeres  y hombres y contra todo tipo de violencia sexual en el ámbito laboral y fuera de él.

Pero nosotras, ahora, queremos seguir denunciando la violencia sexual contra las mujeres. Según como lo miremos, treinta años son muchos o no son nada.

La Primera Reforma más amplia del Código Penal tras la larga sombra de la dictadura y que recogió las primeras exigencias de la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas fue en 1989 y suponía, en palabras de Begoña Zabala expresadas en  las Jornadas Feministas de Granada del 2009, sacar las tipificaciones de las agresiones sexuales del más siniestro pasado ya imposible de sostener entonces.

El título de las agresiones pasaba a denominarse “delitos contra la libertad sexual” en lugar de “delitos contra la honestidad”; desaparecían el perdón como posibilidad de hacer desaparecer la culpabilidad; se conceptualizaba la violación también cuando la penetración era anal o bucal, el delito ya tenía consideración de público y se penalizaba la violación por parte del marido.

En el año 1995 se aprobó el nuevo Código Penal. A pesar de incorporar muchas de las exigencias de gran parte del Movimiento Feminista de aquel entonces, no cabe ninguna duda de que tanto el Código Penal como el sistema penal estaban pensados en masculino y para los hombres, si bien supuso un logro con un indudable efecto simbólico al reconocer de un lado un bien que la sociedad se disponía a valorar y proteger, como es la libertad sexual, en este caso, así como la declaración de los comportamientos que consideraba inadmisibles, como los abusos sexuales o las agresiones sexuales, entre otros.

Por lo que se refiere al tratamiento penal de la violencia de género, ha variado de manera sustancial desde la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género y las sucesivas demandas que ha continuado exigiendo el Movimiento Feminista desde el 2004. Las últimas están pendientes de ser atendidas de manera efectiva para que no se queden en mero papel.

En lo que se refiere a las agresiones sexuales, el Gobierno del PP llevó a cabo una amplia reforma del Código Penal en 2015, pero no modificó lo relativo al consentimiento, la intimidación o la tipificación distinta entre agresión sexual y abuso sexual. En este sentido, algunas juristas feministas defienden la eliminación de esta distinción para pasar a un solo tipo penal de agresión sexual que integre circunstancias agravantes. Es la postura defendida por Encarna Bodegón, doctora en Derecho y directora del grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona, especializado en violencia sexual.

Bodegón asegura que “la línea de modificación penal de los últimos años ha sido la de incrementar las penas”, algo que “no es lo que nos preocupa a las juristas feministas”. El objetivo, dice, es “el reconocimiento del daño, que no pasa por el aumento de las condenas, sino por una aplicación no sexista del Derecho, con una percepción clara de lo que es la violencia o la intimidación que entronque con las definiciones internacionales”.

Por nuestra parte, consideramos que si en los años 80 y 90 ya podía contarse con la colaboración de numerosas juristas feministas expertas en violencia sexual, en estos momentos sería de todo punto inasumible cualquier reforma del Código Penal que no tuviera en cuenta la perspectiva de género y a un nutrido número de expertas feministas o que no escucharan ni incorporaran las aspiraciones expresadas por el Movimiento Feminista, más potente y activo hoy que hace unos años y que reclama al sistema jurídico urgencia y coherencia a la hora de ajustar sus interpretaciones a la realidad social y de las mujeres.

Como dice Soledad Gallego-Díaz, las mujeres hemos luchado permanentemente para que no existiera ninguna confusión respecto a la violación: se trata de un acto sexual no consentido. Y el consentimiento debe ser explícito, como cuando nos preguntan si queremos un contrato de trabajo, o iniciar una relación de pareja o matrimonial. Si no es sí, es que es No. Y punto.

Sin embargo, al margen de las modificaciones pendientes, al margen de nuevas reformas del Código Penal que habrán de hacerse cuando corresponda y no buscando la desmovilización social y el aplauso populista; incluso en el caso de que las sentencias fueran justas, sabemos que hay todo un trabajo ingente aún por hacer fuera de los marcos jurídicos y que tiene que ver con la construcción social de la violencia masculina hacia las mujeres.

Porque lo que nos preocupa, nos llena de indignación y de rabia, como hemos podido compartir con miles de mujeres y hombres que hemos salido a las calles, son las muestras del discurso patriarcal y lacerante hacia las mujeres que aún persisten incrustadas en la mentalidad de un sector de la sociedad y que se ha manifestado en uno de los jueces, pidiendo la absolución para 5 agresores por haber “percibido jolgorio” en vez de  resistencia de la joven víctima; o la de los otros dos jueces que, aún creyendo a la víctima, no han sido capaces de interpretar “la intimidación” que a nuestro entender se desprende del relato de la sentencia y que tantas voces expertas han expresado ya.

Nuestras adolescentes y mujeres más jóvenes se han sentido frustradas, rabiosas, indignadas, atacadas en lo más profundo de su dignidad como mujeres educadas en los valores de la igualdad y la libertad sexual que han visto saltar por los aires cuando se ha cuestionado lo que para una inmensa mayoría de mujeres es, sin duda, una agresión a dicha libertad sexual y a su libre voluntad. Y las mayores han lanzado su grito junto a ellas al ver quebrada, una vez más, su esperanza de que no se perpetúen las pesadillas del pasado.

Nos indignan estas actitudes y comportamientos desde el poder institucional y judicial que se supone debe velar por la protección de los bienes de nuestra sociedad. Pero también nos indigna y nos preocupa enormemente, constatar que los cinco agresores, provenientes de generaciones jóvenes, educadas supuestamente en una sociedad donde está vigente una importantísima legislación que defiende los derechos de las mujeres, considerándolos parte de los Derechos Humanos, perteneciendo algunos, incluso, a instituciones a las que se ha encomendado especialmente la protección de las mujeres, han violentado todos esos principios mostrando de la forma más vil cómo reducían a una joven de 18 años a un mero objeto sexual sin sentimientos, voluntad ni libertad atropellándola en toda su dignidad como mujer y ser humano.

Se ha insistido muchas veces en la importancia de la educación como herramienta de prevención de las conductas violentas y de fomento de las relaciones de igualdad y respeto entre mujeres y hombres, pero creemos que hay mucha investigación por hacer en relación a cómo los futuros jóvenes aprenderán desde pequeños a repudiar los abusos y las agresiones sexuales hacia las mujeres como son repudiadas por la mayoría de las mujeres y muchos hombres, así como a construir nuevas formas de masculinidad que incorporen la aceptación de dicha igualdad sin vivirla como pérdida de sus privilegios o con resentimiento. El avance en la igualdad entre mujeres y hombres, en algunos casos, está provocando mayores expresiones de violencia, como se observa en los casos de hombres que agraden o asesinan a sus parejas o exparejas precisamente cuando deciden separarse de ellos.

Las mujeres no nacemos, sino que nos hacemos, parafraseando a Simone de Beauvoir, de la misma manera que los hombres no nacen, sino que se hacen, por lo que el conjunto de la sociedad estamos interpelados en la responsabilidad de los modelos que estamos transmitiendo a las futuras generaciones, tanto en el ámbito familiar, como en el escolar, laboral, relacional, deportivo, de ocio, publicitario, ideológico, político, artístico o cultural en el sentido amplio de la palabra.

Ahora bien, no se trata de hacer un brindis al sol y esperar a que los cambios se produzcan solos, sino que hay que adquirir compromisos y exigir compromisos a todos los agentes sociales para que este cambio se produzca sin más demoras.

Planes de Estudios revisados desde el punto de vista de la coeducación y formación urgente del profesorado desde infantil hasta la universidad, como responsables de una labor que debe volver a poner el énfasis no tanto en la preparación de futuros seres económicos y rentables, sino de ciudadanas y ciudadanos críticos y respetuosos de la dignidad de todas las personas; planes de igualdad en las empresas, revisables permanentemente, como se revisan los planes de calidad; formación en perspectiva de género en todos los ámbitos sociales y, por supuesto, una movilización ciudadana en la que los grupos de hombres antisexistas lideren sus propias reivindicaciones en diálogo con el Movimiento Feminista.

Para ello, hacen falta recursos públicos, voluntad política y un deseo claro y explícito de erradicar las violencias machistas de nuestras vidas. Nosotras llevamos treinta años expresándolo a través de nuestras acciones y reivindicaciones, junto con otros colectivos y plataformas feministas.

En el informe sobre la violencia sexual en Europa publicado en el 2014, basado en entrevistas realizadas a 42.000 mujeres en los 28 Estados miembros de la Unión Europea (UE), se refleja que la violencia contra las mujeres, y en especial la violencia de género que afecta de un modo desproporcionado a las mujeres, constituye una gran vulneración de los derechos humanos que la UE no se puede permitir pasar por alto.

A modo de ilustración, sólo un 14 % de mujeres comunicaron el incidente más grave de violencia por parte de la pareja a la policía, y un 13 % cuando el autor no era su pareja.

Sabemos que una violación se produce en España cada 8 horas. Más de 60 mujeres asesinadas por violencia de género al año. Con esta violencia no va a acabar el Código Penal. Contra esta violencia debemos comprometernos todas. ¿Qué estamos haciendo por erradicarla? ¿Qué no estamos haciendo todavía? Nos sobran leyes. Nos falta que se apliquen y que se apliquen y desarrollen de forma eficiente. Pero nos faltan aún muchos hombres explicándoles a otros hombres que la violencia sexual debe ser enviada a las cavernas. Nos va la libertad y la integridad, pero también la vida, en ello y estamos convencidas de que las nuevas generaciones de mujeres no están dispuestas a esperar otros 30 años para ver sus aspiraciones de libertad reconocidas ampliamente por la sociedad en la que les ha tocado vivir.

2 mayo, 2018

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