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Šid, la frontera entre Serbia y Croacia donde la situación de las personas refugiadas es desesperada

Tres activistas de la plataforma pro-Refugiados del Alto Aragón regresan de la ciudad de Šid y cuentan para AraInfo lo que allí han visto: numerosas personas afganas y pakistaníes detenidos en la frontera y jugándose la vida por cruzar la frontera entre Serbia y Croacia.
| 27 diciembre, 2017 07.12
Šid, la frontera entre Serbia y Croacia donde la situación de las personas refugiadas es desesperada
Foto: Luis Alberto Alonso

El 6 de diciembre, tres activistas de la plataforma pro-Refugiados del Alto Aragón con la colaboración de la plataforma Bienvenidos Refugiados de Uesca y otras organizaciones del Estado español, partieron en furgoneta desde Samianigo hacia la ciudad serbia de Šid. Su intención era llevar ropa de invierno y sacos de dormir a las personas refugiadas que se encuentran varadas en este enclave que hace frontera con Croacia.

mapa de sid

El 17 de diciembre el equipo volvió a tierras aragonesas tras entregar la ropa obtenida mediante una recolecta hecha en localidades como Zaragoza, Morillo de Galligo, Uesca o Samianigo.

Šid, con 15.000 habitantes, se encuentra en una región agrícola-industrial llana en la que durante los meses de invierno se registran importantes nevadas y temperaturas que en ocasiones se sitúan por debajo de los cero grados.

activistas II

Su cercanía con Croacia lo hace un lugar en el que se acumulan grandes bolsas de personas refugiadas que quieren entrar a la Unión Europea. En su mayoría son hombres jóvenes afganos y pakistanís que según relata Luis Alberto Alonso, uno de los tres activistas de la misión de la plataforma pro-Refugiados Alto Aragón, “duermen en una fábrica abandonada o en los matorrales que hay cerca de una vía de tren”. Las condiciones de vida de estos jóvenes son deplorables pues “viven en tiendas en muy mal estado y mojadas, o en la fábrica que no tiene techo”. Todo eso por no hablar de la necesidad de un teléfono móvil para comunicarse con sus familias que han dejado atrás o para hablar con sus contactos más allá de la frontera.

Durante los 10 días que los tres activistas han pasado en Šid, según comentan, han podido constatar la situación desesperada en la que las personas refugiadas se encuentran. “Quien tiene dinero, sobre todo los refugiados sirios, contratan traficantes para pasar la frontera en coche o en taxi, así que apenas hay sirios en Šid”, afirma Alonso. “En cambio, quienes no disponen de dinero se ven obligados a permanecer en la frontera esperando su oportunidad para cruzarla de forma ilegal”, señala. Este método de paso puede implicar la muerte.

Los mayores problemas con los que estas personas refugiadas se encuentran son la persecución policial a la que se enfrentan. “Se conocen palizas dadas por la policía croata, pero también palizas dadas por la policía serbia (…) Algunos de estos jóvenes han sido mordidos por los perros de la policía”. A todo ello hay que sumar las tensiones que hay entre las personas refugiadas y las y los serbios que viven en Šid. “El pueblo serbio es un pueblo humillado tras la Guerra de los Balcanes y actualmente se encuentra en una dura crisis financiera en la que el salario medio no supera los 200 euros”, afirma Alonso. Eso hace que las personas locales no vean con buenos ojos a los jóvenes refugiados ni tampoco a las organizaciones de ayuda humanitaria que se encuentran en la ciudad.

Foto: Pintada en la Fábrica de Sid (Luis Alberto Alonso)

Foto: Pintada en la Fábrica de Sid (Luis Alberto Alonso)

“No Name Kitchen es una organización formada en su mayoría por personas de origen español que está desempeñando un muy buen trabajo en Šid”, señala el activista de la plataforma pro-Refugiados Alto Aragón. Esta organización se encarga de dar dos comidas al día a las personas refugiadas e intenta ofrecer duchas en la fábrica abandona a la que todo el mundo llama “squat”.

El viaje en furgoneta de la plataforma pro-Refugiados del Alto Aragón empezó hace más de un año. Por ese entonces, Luis Alberto Alonso estuvo en Belgrado. “Muchas personas vivían en una zona de barracas de la ciudad”. El ayuntamiento, dentro de unas operaciones inmobiliarias, decidió demoler esos edificios en los que se encontraban los y las refugiadas.  Algunas de las 4.500 personas refugiadas que según la ONU se encuentran actualmente en Serbia, estuvieron en esas barracas. “Muchos de los jóvenes que hoy viven en Šid pasaron por Belgrado”, denuncia Alonso. “Es gente a la que se le ha acabado el dinero que aportaba la red familiar de ayuda y que se encuentran en una situación aún más desesperada que en la capital serbia”, añade el activista.

Luis Alberto cuenta la historia de un chico de 18 años que hace un año estaba en Belgrado y que ahora se encuentra en Šid: “En un año solo ha recorrido 118 kilómetros (…) los jóvenes están muy tocados por las palizas y por la vida que llevan… en muchos casos precisarían de ayuda psicológica”. Resulta increíble que incluso en esta situación, Alonso explique que quienes se encuentran en Šid hacen esfuerzos para divertirse bailando.

Šid es solo uno de los muchos pequeños infiernos que hay repartidos por toda Europa. En Atenas, en la francesa Calais, en la serbia Subotika o en la italiana Ventimiglia se amontonan personas a la espera de que las autoridades del continente decidan dar algún paso valiente. Ya no solo son de origen sirio, el mundo se ha convertido en un lugar para el miedo y según comenta Alonso, en Šid hay personas de Argelia, del Rif de Marruecos e incluso se habla de un hombre de origen chino. Mientras Europa da la espalda.

27 diciembre, 2017

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