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Séptimo aniversario de Fukushima: el desastre sigue

Cuando se cumplen siete años del accidente de Fukushima-Daiichi, los efectos del escape radiactivo siguen sin estar bajo control. Todavía queda el difícil trabajo de desmantelar los reactores y gestionar los abundantes residuos radiactivos producidos. En particular, las 800.000 toneladas de agua radiactivas que se acumulan en el entorno de la central.
| 12 marzo, 2018 10.03
Séptimo aniversario de Fukushima: el desastre sigue
Foto: IAEA (CC)

Las autoridades japonesas están descontaminando el suelo del entorno de la central nuclear de Fukushima de forma parcial, dejando niveles de radiactividad demasiado altos: más de 20 veces los niveles permitidos para el público en localidades como Litate, que ya sufrieron los efectos de la nube radiactiva. Quizá por este motivo, todavía hay más de 10.000 personas que se niegan a volver a sus casas y siguen exiliadas, rechazando incluso las gratificaciones de más de 6.000 euros que se ofrecen por el retorno.

El coste de al accidente supera los 80.000 millones de euros, duplicando el cálculo inicial del Gobierno japonés. Se calcula que habrá que gestionar más de 900.000 toneladas métricas de agua radiactiva que se bombea del subsuelo para reducir la contaminación.

Los reactores 1, 2, 3 están fundidos, y acceder a su interior sería mortal en pocos segundos debido a las elevadas dosis radiactivas, habiéndose alcanzado el récord de dosis medida en el reactor número 2 que alcanzó los 650 Sv/h el día 10 de febrero. De hecho, los tres robots introducidos en el reactor para tomar imágenes han sido destruidos por la radiación al cabo de horas.

Todavía queda pendiente la enorme tarea de desmantelar los reactores accidentados y de gestionar los residuos de alta actividad que se producirán. Los daños sufridos por los núcleos de los reactores convierten esta tarea en una operación de alto riesgo al límite de las posibilidades de las tecnologías actuales. Pero “los reactores son en sí mismo un riesgo, dada la inestabilidad sísmica de la zona y el precario estado de los edificios, por lo que se hace imprescindible alcanzar en los planes de desmantelamiento”, recuerdan desde Ecologistas en Acción.

Asimismo, la asociación ecologista quiere denunciar “las resistencias al cierre escalonado” de las centrales nucleares en el Estado español, cuando se cumplen siete años del accidente de Fukushima. A su juicio, “las consecuencias de este accidente deberían promover una profunda reflexión de los enormes riesgos supone mantener abiertas las centrales nucleares” en el Estado español.

“La única razón para mantener abierto el parque nuclear más allá de los 40 años responde al interés del oligopolio eléctrico de seguir incrementando sus beneficios, sin importar el consiguiente aumento de la inseguridad y de la cantidad de residuos a gestionar”, lamentan.

En el mercado eléctrico español, una gran central nuclear produce al día en torno a un millón de euros de beneficios. “La reapertura de Garoña sería un tremendo error: es necesario proceder al cierre ordenado del resto de las centrales nucleares cuando expiren sus actuales permisos de explotación, empezando por la central de Almaraz”, subrayan.

“Es el paso previo necesario para encontrar una forma de gestión de los residuos radiactivos de alta actividad a través de un debate público. Todo lo contrario de lo que ha sucedido en la adjudicación del ATC en Villar de Cañas”, advierten.

Cada 11 de marzo, miles de personas en todo el mundo se unen para mostrar que se necesita la energía nuclear para vivir. La ciudadanía es parte fundamental de un sistema energético, ya que es el consumidor o consumidora última.

“La forma en la que se consume electricidad debe tener presente a las víctimas de Fukushima y reclamar el cierre nuclear”, apuntan desde Ecologistas en Acción. Para ello, animan al “boicot de la energía nuclear a través de diversas acciones individuales: desde reducir el consumo hasta producir su propia energía”. De este modo se logra un ahorro en el consumo energético y un impulso de las fuentes de energía no peligrosas y renovables a través de nuestros actos cotidianos.

12 marzo, 2018

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