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Segunda semana de La Vuelta: lento, duro, bello

10 kilómetros por hora, quizá 9, una lenta locura. Andando vamos a unos 5. Esa puede ser la velocidad a la que se suben los rampones imposibles al 15, 16, 20%, cualquiera que monte en bici conoce perfectamente esa sensación de pedalada forzada, ahogo respiratorio y mente fundida... sólo piensas ¿ya queda menos? Sí, si no te rindes, siempre queda menos. Pulsaciones disparadas, hemos llegado y mente en blanco. Lenta, dura y bella experiencia. 
| 10 septiembre, 2018 13.09
Segunda semana de La Vuelta: lento, duro, bello
Óscar Rodríguez, ganador en La Camperona. Foto: @PhotoGómezSport

Tras el descanso en Salamanca, la segunda semana de carrera se enfilaba lenta e inexorablemente hacia el norte. El martes, etapa de transición, largas rectas y posibilidad de viento, con final en la comarca de Sayago, fronteriza con Portugal, donde sus gentes conservan una realidad sociolingüística peculiar -dialecto del leonés-. En estos parajes (Bermillo de Sayago, municipio de mil habitantes, los pueblos se mueren), se impone el treno del Quick-Step, con Viviani, un equipo perfectamente trabajado para este tipo de situaciones, 72 victorias llevan este año, una máquina de ganar en escenarios de todo tipo.

La deliciosa sorpresa nos llegó al día siguiente, con un etapón por la Ribeira Sacra, sin grandes puertos, con más de tres mil metros de desnivel acumulado, y una fuga de calidad en la que Pinot llega a ser líder virtual; ante la lógica desidia del equipo del líder, Movistar pone ritmo de caza y deja la ventaja del escalador francés en un puñado de segundos. Resultó vibrante el desenlace de la etapa, ganada por Alessandro de Marchi (BMC) -experto cazaetapas en La Vuelta- ante el joven talento colombiano Restrepo (Katusha).

La 12ª etapa, rompepiernas, nos deparó una fuga de calidad -De Gendt, Brambilla y un tal Nibali afilando su forma- y cambio de liderato; ahí estaba Jesús Herrada (Cofidis) a unos 6 minutos del maillot rojo, tipo completo que se fue del Movistar para tener más libertad y su recompensa sale perfecta en el Faro de Estaca de Bares, con una renta de 3’22” sobre Simon Yates… ¿Tendremos una pereirada? Es difícil, el éxito de los escapados eligió al occitano de AG2R, Alexandre Geniez. Aunque hay etapas que no terminan cuando cruzas la pancarta de meta…

Y no sólo el Tour se ve afectado por fallos organizativos. La retirada de Nibali -fractura de vértebra- es un golpe bajo en la creciente carnavalización del ciclismo, un deporte “gratis”, en el que los aficionados rozan a sus ídolos; esta vez el incidente se produjo tras cruzar la línea de meta, un miembro de la organización es arrollado por Geniez y Van Baarle, consecuencia de la estrechez del sitio, el pelotón de fotógrafos y una mala previsión del escenario. Gianni Bugno -presidente del sindicato de ciclistas- ya salió a expresar una queja lógica, pero da la impresión de que mirarán para otro lado. Mientras tanto, Van Baarle, con serios hematomas, ha tenido que retirarse.

El tríptico astur-leonés empezó el viernes con la llegada en alto a La Camperona (cuesta de cabras de 3 kilómetros con porcentajes sostenidos al 20%), un puerto que no termina de gustar entre los buenos aficionados (@1001puertos o @escartinni), bien demostrado por la actitud de los capos, que suben al tran- tran, diferencias mínimas y expectación para el aficionado medio, que gusta del circo, del sufrimiento extremo. El problema viene de abusar de estos perfiles. Duro y bello, como la victoria de uno de los fugados, el vasco de Burlata Óscar Rodríguez, que recordaba a Roberto Laiseka en Abantos (1999), aquello supuso el salto de calidad definitivo para el Euskaltel, para el Euskadi-Murias de Odriozola puede ser un antes y un después. Herrada defendió su liderato y la general continúa encogida.

Asturies, bella patria, mezcla perfecta en su paisaje, país de grandes esforzados de la ruta (José Manuel Fuente, Chechu Rubiera o Samu Sánchez, entre otros), y nación de contradicciones, con su etno-covadonguismo, inculcado con letra de sangre bajo la narración adoctrinadora -en Aragón sabemos bien de estos supremacismos-, su lengua, valles, montañas, lobos y conflictos por la gestión y cuidado del territorio. Y gestas, algunas revolucionarias, como en octubre de 1934, con ese ejército rojo de trabajadores y trabajadoras. Las revoluciones se sueñan, y eso debió pensar Simon Yates al ganar con solvencia en Les Praeres -otro muro imposible-, arrebatando el cetro rojo a Herrada. Ataques de cava, espumosos, poco sólidos, y una lucha por la general que se va clareando segundo a segundo.

Historias, países y sensaciones. Como Rigoberto Urán (Education First), un tipo sencillo, tras ser segundo en el Tour de 2017 se mantuvo fiel a su equipo, que se había quedado sin patrocinador, lo fácil hubiera sido huir, para alguien que no hubiera tenido problemas, el mijo de Urrao aguantó y eso le hace de otra pasta. Rigo disfruta de la vida, de las sensaciones cotidianas, con 21 años atacando de manera insolente en el Giro de Lombardia, pasando su período de consolidación en Sky, mientras pierde el oro olímpico londinense en un mano a mano con Vinokourov y logra pisar el podio de una grande en el Giro de 2013. En Omega Pharma-Quick Step repite segundo puesto en la corsa rosa, tras un polémico duelo con su compatriota Quintana. Ya en Cannondale, ha seguido compitiendo para disfrutar, de ahí su candidatura para ganar La Vuelta. La carrera le pondrá en su sitio, es la naturaleza del ciclismo.

Esa Colombia disidente que irrumpe en los años ochenta, los escarabajos de Café de Colombia o Manzanas Postobón, victorias de Lucho Herrera, Oliverio Rincón o más recientemente de Nairo Quintana. Ese escalar fácil, aumentando ventajas, sin parones. Ha cambiado todo tanto. Pero sigue siendo duro, como Los Lagos, la etapa reina del tríptico astur-leonés.

Los Lagos de Covadonga han sido territorio de estos intrépidos escaladores colombianos, la subida mítica en la historia de La Vuelta, el Alpe d’Huez que prestigiara la gran ronda estatal, con un debut perfecto allá por 1983, la televisión pública retransmitía por primera vez ciclismo, ganando Marino Lejarreta. 14 kilómetros, con tramos durísimos como La Huesera o el Mirador de la Reina, me traslado en el tiempo, a 1992, una de las últimas exhibiciones de Pedro Delgado, con un Rominger asfixiado por el ritmo de sus gregarios –¡¡¡Deja de tirar cabrón!!!”- y Jesús Montoya haciendo la goma…, esas victorias de Jalabert, cambiando su mentalidad respecto a la montaña; aquí siempre pasa algo.

En una etapa con doble subida al Fitu, Astaná se lo tomó en serio, devoraron al asturiano García Cortina -el joven que sueña con el Tour de Flandes-, y su líder, Superman López atacó lejos, como mandan las leyes viejas e inmutables, pero no tenía su día. Los escarceos de los capos, sirvieron para que el combativo Pinot, se marchara, poco a poco, no mucho, lo suficiente para ganar. Atrás, los elegidos, Yates lo intentaba, Nairo calculando, valiente Enric Mas, Valverde y Kruijswijk haciendo la goma. Todas las miradas puestas en Nairo, que no quiso o no pudo. El debate de siempre. La general queda abierta, esperando la crono del martes, donde quizá Valverde -ciclista único por sus prestaciones- pueda soñar. Lento, duro y bello.

Y sobrecogedor, a la doble campeona olímpica en pista, Kristina Vogel, le ha tocado lo duro. Se confirma que va a quedar parapléjica, sufrió un accidente en junio, en un entrenamiento, chocando contra otro ciclista. La vida, igual que la bici, viene y va. ¡¡¡Fuerza Kristina!!!

“Lo que pasa por la cabeza de un ciclista durante una carrera es una bola monolítica, tan lisa y tan uniforme que ni siquiera se ve como gira”.- Tim Krabbé, El ciclista.

10 septiembre, 2018

Autor/Autora

@Danilerin


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