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Sacyr, un gigante discreto

La empresa es propietaria, por ejemplo, de más de un 8% del gigante energético Repsol y está participada por grupos como el suizo GAM o la influyente familia Carceller. Los Carceller, accionistas mayoritarios, son descendientes directos del ministro franquista y fundador de Falange, Demetrio Carceller, y una de las familias más ricas del Estado.
| 22 julio, 2018 07.07
Sacyr, un gigante discreto
Foto: Luis García, CC BY-SA 3.0

A raíz de las detenciones de la llamada Operación Enredadera, por una trama de corrupción de la filial del grupo Sacyr Aplicaciones Gespol, ha saltado a los medios este gigante de la construcción y los servicios y su estrecha relación con las instituciones.

Como muchas otras grandes corporaciones mantiene un perfil discreto y no es frecuente ver noticias sobre ella, más allá de las páginas de economía. Pero es una de estas empresas que tiene una influencia real sobre la vida política e institucional.

Sacyr es originalmente una constructora que, como todas las grandes, ha diversificado su campo de negocio hacia los servicios y la industria energética, tras liquidar su cartera de promoción inmobiliaria, abriendo un campo de negocio que cotiza en bolsa y cada vez es más internacional.

Atrás queda la absorción de la histórica Vallehermoso que la situó en el selecto club de las seis grandes constructoras españolas junto con ACS, Ferrovial, OHL, Acciona y FCC.

Como otras empresas del ramo en su momento creó empresas menores, de la que Gespol es una parte muy pequeña, siendo su marca más importante en el sector servicios Valoriza Facilities. Nada distinto a las otras grandes, utiliza varias denominaciones comerciales pero todas dependen de la empresa matriz.

Sacyr está controlada por un grupo de accionistas que son propietarios a su vez de participaciones en otras grandes compañías. Es propietaria, por ejemplo, de más de un 8% del gigante energético Repsol y está participada por grupos como el suizo GAM o la influyente familia Carceller. Los Carceller, accionistas mayoritarios, son descendientes directos del ministro franquista y fundador de Falange, Demetrio Carceller, y una de las familias más ricas del Estado.

Aquí hay que parar un poco para dar idea de hasta qué punto están conectadas estas empresas con lo institucional. No solo por la cantidad de trabajo que generan y por su evidente poder económico, sino porque es un hecho su participación constante en la obra pública y en trabajos de interés estratégico.

Para entender el poder de una corporación como Sacyr se puede recurrir a un ejemplo muy gráfico. El enfrentamiento por una posible OPA de Sacyr por la francesa Eiffage llevó el asunto a una cumbre entre Zapatero y Sarkozy en 2008. Presidentes de gobierno intercediendo por intereses privados. Nada muy novedoso, pero sí muy significativo.

Porque Sacyr tiene un peso realmente estratégico en infraestructuras. Gestiona autopistas a través de su filial Sacyr Concesiones, construye carreteras, líneas de AVE, pantanos como Itoiz y en breves empezará las obras del embalse de Almúdevar.

Eso en la península, porque en América Latina posee un auténtico imperio de la obra pública, con especial mención en países como Chile, Colombia o la ampliación del Canal de Panamá.

La cartera de ingresos a futuros es de 41.000 millones de euros y su beneficio declarado en 2017 creció un 13,7% respecto a 2016 lo que le reportó 130 millones de beneficios en el Estado Español.

Esas son las grandes cifras, pero el sector servicios reporta cientos de millones al año y saber realmente la cantidad de contratos firmados por las diferentes marcas de Sacyr es labor casi imposible.

Para todo ese entramado de contratos hay que ir a la hermana pequeña, o no tanto, de la compañía: Valoriza Facilities, que trabaja sobre todo en limpieza viaria y de edificios, aunque ha encontrado un nuevo filón en el sector de la dependencia y en la gestión ambiental.

De hecho su división Valoriza Servicios a la Dependencia tiene ya más de 5.000 empleadas. En todo el Estado son miles de contratos y se entrecruzan desde unos pocos operarios en pequeños ayuntamientos a grandes concesiones de cientos de empleados a diferentes turnos por importes millonarios.

Todos esos trabajos para la Administración, además, son muy difíciles de apreciar como visión de conjunto y es ahí por donde se cuelan las irregularidades: en lo muy grande descendido al ámbito del trato con funcionariado de a pie.

Valoriza ha licitado con todos los niveles institucionales en Aragón: DGA, diputaciones provinciales, ayuntamientos grandes y pequeños o delegaciones del Estado central.

Para hacernos una idea del volumen de negocio, solo del Ayuntamiento de Zaragoza Valoriza ingresa mensualmente alrededor de 140.000 euros con sus contratos con casa de Amparo e Instalaciones Deportivas. Otro ejemplo: En Teruel por el sistema de eficiencia energética de edificios municipales la empresa firmó un contrato que brinca los 2,5 millones en 10 años. La contrata ahora en suspenso de limpieza de calles oscense tras negarse la remunicipalización del servicio son 7 millones en 4 años.

Valoriza también ha mantenido contratos con el Salud aragonés o con la DGA. No pudieron mantener su habitual discreción en el Salud cuando intentaron recortes de casi la cuarta parte de personal, asignando más trabajo a las limpiadoras de centros como el Royo Villanova.

Es práctica habitual de las empresas de contratas ajustar los precios a base de rebajar las condiciones laborales.

Mínima inversión, máximo beneficio y un oligopolio en la práctica, pues se presentan a absolutamente todos los concursos con precios muy competitivos. Si la cosa no sale a la primera suelen recurrir la adjudicación por sistema para desanimar a cualquier competidor. En ese mercado de tiburones solo las muy grandes aguantan el tirón.

Respecto a Gespol SL, protagonista del escándalo de corrupción que se extendió a Huesca y Teruel, es una división menor de la compañía inserta dentro de su división de Servicios Medioambientales. Trabaja en desarrollo de aplicaciones tecnológicas y software mayormente enfocadas a control semafórico, seguridad o cámaras CCTV. Aunque es una división pequeña es un sector muy estratégico, pues se encarga de certificar asuntos tan delicados como organización de trabajos para policías locales o movilidad urbana. Al mover cantidades relativamente bajas de negocio en muchas facturas fue por ello que, en apariencia, resultaba más fácil colar comisiones irregulares.

En general hablamos de unas cifras mareantes por su cuantía, pero que, como ya he dicho, palidecen al lado de las grandes obras públicas, ya sea en solitario o constituyendo UTEs con otras grandes constructoras. También son de cobro más lento, pero no por ello menos rentables.

Un ejemplo muy reciente, la UTE que participa Sacyr para la construcción del citado embalse de Almúdevar, adjudicada en enero de este año, se llevará 102 millones, eso si no se producen sobrecostes.

Porque los sobrecostes también son un buen pellizco. Otra obra de Sacyr, el cuartel de la Policía Local zaragozana en la Paz costó 30,7 millones, pero tuvo un desvío presupuestado de 573.000 euros más intereses. No siempre se sale con la suya, pero normalmente un cierto sobrecoste de obra se da por hecho en trabajos de gran magnitud.

Y junto a los sobrecostes la deuda adquirida. No solo es el dinero que se paga a Sacyr y sus satélites, sino que el endeudamiento habitual del Estado para con estas empresas es una parte del problema del déficit que nos ha traído a donde estamos.

Si la concesión asignada es una catástrofe, como sucedió con las célebres autopistas radiales de Madrid, participadas por Sacyr, en todo caso la responsabilidad es de quien lo ordena, no de quien lo ejecuta. De hecho la justicia terminó dando la razón a la empresa, caso de las R3/R5 madrileñas.

En este punto volver a incidir en la gestión de lo público. La generación de deuda, con la obra pública como uno de sus pilares, es la causa de toda una colección de normas como la reforma de la Constitución que transforma el déficit público en poco menos que dogma de fe.

Por supuesto no todo son manzanas podridas. Muchos contratos se ganan de forma limpia, aunque otra cuestión sería ver la conveniencia de que tantas labores fundamentales para el desempeño de la cosa pública queden en manos de grandes corporaciones privadas.

Son muchas cifras para un texto tan corto, pero es importante recordar que empresas como Sacyr, gigantes discretos, están ahí, con un poder económico tangible, con peso real en el poder político y que, nos guste o no, influyen en nuestro día a día.

22 julio, 2018

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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