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Roberto Valencia: “En realidad, las pandillas no dejan de ser una amplificación de los males de la sociedad salvadoreña”

Roberto Valencia es sobre todo periodista y quiere ser etiquetado así. Salvadoreño nacido en Euskadi, es miembro fundador de la "Sala Negra" un proyecto del Faro desde donde cubren la violencia en Centroamérica
| 3 diciembre, 2018 07.12
Roberto Valencia: “En realidad, las pandillas no dejan de ser una amplificación de los males de la sociedad salvadoreña”
Roberto Valencia. Foto: Tomeu Mesquida.

Durante tres semanas ha presentado su último libro “Carta desde Zacatraz” editado por la editorial especializada en periodismo Libros del K.O. En la última parada de la su gira ibérica, Zaragoza, minutos después de llegar de Barcelona y unas horas antes de coger un vuelo y volver al Salvador, conversamos sobre el libro y “el país de las maras” durante más de una hora. Será la última entrevista después de una tanda de más de 25 y lo haremos en el comedor del reconocido periodista y fotógrafo Gervasio Sánchez, que muy amablemente nos ha cedido dos butacas de lectura grandes y cómodas y un espacio acogedor donde todas las paredes están aprovechadas con estanterías hasta el techo llenas de libros y CDS.

El Directo, protagonista de este libro, no es un pandillero más, ¿cómo y por qué elegiste contar su historia y qué se explica detrás de este perfil periodístico en forma de libro?

No es un pandillero más, pero no es tampoco lo que se vendió en su día. Yo tengo claro, tras haberle invertido tanto tiempo, que no es el monstruo que dibujaron. Me consta, no es que lo sospeche, que hay docenas -siendo conservador- de pandilleros con un curricúlum criminal más impresionante, entre comillas, que El Directo. Entonces, ¿Por qué El Directo, y no otro de los más de 100 mil jóvenes que han sido brincados -que es el rito de incitación a las pandillas, lo llaman el brinco- en cualquiera de las pandillas que operan en El Salvador?, y en especial de las tres grandes que son, Mara Salvatrucha y la Barrio 18 que era una pero que desde hace diez años se partió en dos y son 18 Sureños y 18 Revolucionarios.

Hay unas razones que están a la vista de todos: fue el primer pandillero mediático y un personaje muy publico que caló en la sociedad salvadoreña. El ejemplo que se me ocurre y que he citado dos o tres veces es el Lute. El Lute para los de mi generación quedó, fue muy conocido. Pues El Directo sería de alguna forma lo mismo en El Salvador; con un fenómeno y un currículum criminal completamente distintos.

Para cualquier salvadoreño de 35-40 años sigue siendo un sinónimo de maldad, de terror casi. Y va mucho más allá de eso que podríamos llamar consciencia colectiva de un país, El Directo o los debates que se formaron entorno a él, generaron cambios concretos en políticas publicas en el área de seguridad. Una decisión -que me atrevo a decir que no ha tomado ningún otro estado en el mundo, como la de asignar cárceles a una u otra pandilla, cárceles concretas, fue a calor de los sucesos protagonizados por un grupo de jóvenes, del que él formaba parte.

Primero se aplicó en los menores infractores y con los años en los adultos. Esta decisión influyó directamente en la evolución del fenómeno de las pandillas. Hay ese tipo de razones y otras más de tipo personal o subjetivo. Yo llegué a El Salvador en septiembre del 2001, el 9 de septiembre, y empecé a trabajar en octubre en un periódico muy conservador de El Salvador que se llama “El diario de hoy”. La primera asignación que tuve fue ser editor de un suplemento para la zona oriental del país, en la cual la ciudad más importante es San Miguel, y como el personaje todavía estaba hirviendo yo empecé a buscar una entrevista con él. Fue de las primeras personas con las que pude sentarme y hacerle una entrevista.

En vez de hablar de números, cuéntame como es para las clases populares del país el día a día con las pandillas.

[resopla] Solo con esto nos podríamos pasar la hora entera.

Es una incidencia muy real, muy del día a día como bien decís, pero no es igual para toda la sociedad. Es una sociedad que tiene un fuerte componente de clasismo y el fenómeno de las pandillas afecta a toda la sociedad, no voy a decir lo contrario, pero la afectación es mucho más dura para los sectores populares, si queremos usar un termino amistoso. Me atrevo a decir que eso es el 60% de la población en un país de 6 punto millones de habitantes. En esas comunidades donde tienen presencia más o menos intensa de las clicas [unidad básica de funcionamiento de la pandilla, células con nombre propio] de pandillas, pues la clica es a efectos prácticos, en muchos casos un poder real que media, en especial donde llevan con el fenómeno más años.

Nosotros hemos conocido casos concretos de violencia machista en casas, un marido que pega a su esposa, y esa disputa no la resuelve la policía ni un juez, la resuelve la pandilla. El hecho de llamar a la policía, su mera presencia, aunque sea para un pleito de este tipo, y no sea para ponerles el dedo y señalarles, es un elemento hostil y los vecinos lo saben. Es una situación muy incomoda que venga la policía y quiera interrogarte por cualquier cosa.

Otro ejemplo que suelo poner: es un país con una alta tasa de natalidad, hay mucha juventud y niñez todavía, normalmente cada comunidad tiene su escuelita y son hasta noveno grado, lo básico. Si alguien quiere estudiar instituto ya no hay en cada comunidad. Entonces, si una comunidad de la MS-13 está separada por una calle, literalmente, de otra que es de la 18 Sureños, por ejemplo, la gente que vive en la que no hay instituto no puede ir a la contraria controlada por otra pandilla y estudiar.

Aunque no tenga nada que ver, no te estoy hablando de pandilleros, eso es solo por vivir allí. Es más, puedes tener problemas con la pandilla y odiar profundamente los pandilleros de tu colonia pero… ¡ja! [risa irónica] Algo que se debatió si se debía eliminar -imaginate el nivel de trascendencia-, lo que aquí llaman el DNI, allí es el DUI y allá pone específicamente no solo tu municipio sino la colonia, y las pandillas ya saben quien controla donde. Vas casi con tu sentencia de muerte en la cartera.

¿Y en los barrios de clase alta?

Ahí la incidencia es muchísimo menor. Por ese clasismo que mencionaba, hay una tendencia de las clases medias, – ¡medias! que con los parámetros de aquí se considerarían empobrecidas. Hablo de unidades familiares, padre y madre, o madre e hijo mayor, que ganen 500/600 dolares al mes, y ya están en el 20% con mayores ingresos como unidad familiar – esa gente tendemos a escapar de lo público cuanto podemos.

Dentro del ámbito privado que en estas sociedades sí que se circunscribe a lo elitista, “el colegio religioso, o el hospitalón donde uno no quieren tener alguien a la par”, allá no es tan así. Aunque existe todo esto para las élites y los ricos, que son más ricos que aquí. Para muchísima gente, en donde estoy yo, que no estamos directamente en contacto, al menos en la calle, con el fenómeno de las maras, sí que había ya de antes una tendencia de buscarte tu colegio. Eso automáticamente te obliga a traslados, es un país muy hostil con el peatón, con un transporte público muy pésimo e inseguro. Entonces, la gente tiende a comprarse su carrito aunque sea viejito de 16/18 años y con eso mueve a los hijos por la mañana. Eso no ha sido originado por el fenómeno de las maras, ya había una tendencia a buscar un colegio, para tus hijos que te de un cierto estatus dentro de la colonia.

Aunque desde hace una década ya no hay mujeres pandilleras, tanto en Yo violada -una de tus crónicas más leídas- y en el mismo libro, se puede entender, que las mujeres siguen teniendo un papel importante, como víctimas o victimarios.

En el libro está ambientado, al menos la parte en que está en libertad, en los 90, y por entonces todavía existía la figura de la homegril. De hecho, de La Pana Di – clica a la que perteneció El Directo – quedé con varias integrantes ya veteranas, fueron un grupito considerable, siempre supeditado claro, es un país muy machista y ese marco no hay que pedrero.

Como bien apuntas, desde hace una década más o menos, no hay un día preciso, porque es un fenómeno muy atomizado y las clicas tienen mucha autonomía, pero fue en torno al 2006 o 2007, cuando las dos pandillas (entonces estaba en plena fractura la 18) deciden que no van a brincar a mujeres. Las sacaron de los órganos de decisión y de los consejos ejecutivos o directivos.

En los Meetins – reunión de pandilleros a la que solo pueden acudir miembros activos y donde toman decisiones y aplican disciplina – ya no hay mujeres, las que en su día lo fueron no pierden su estatus, pero quedan muy pocas, muchas murieron y las que quedan ya están reintegradas en la sociedad. Pero eso no significa que las mujeres no tengan un rol importantísimo dentro del entramado social de la pandilla, es como el aceite de un motor, sin él, no funcionaría. Tienen labores de mover cosas, hacer poseto (estar en un lugar viendo quien sale y quien entra), meter información en las cárceles, incluso tenemos casos documentados de sicariato.

¿Sabes cuál fue el motivo?

He preguntado y me han dado las razones. Y a mí, personalmente, me parecen bastante estúpidas. Varia gente me ha dicho que las mujeres eran más propensas, si las detenían, a hablar las ondas de la pandilla con la policía. Yo llevo cubriendo el fenómeno de las pandillas desde hace muchos años y no me he encontrado nunca un caso en que un testigo “criteriado” sea una mujer. Son aquellos testigos que han decidido colaborar con la fiscalía, muchas veces porque están ya amenazados de muerte por algún pleito que con su pandilla y entonces, ponen el dedo a todos y consiguen incluso que les borren sus propios crímenes.

Presentación en Cálamo del libro de Roberto Valencia. Foto: Tomeu Mesquida.

Presentación en Cálamo del libro de Roberto Valencia. Foto: Tomeu Mesquida.

¿Qué es de las mujeres que no forman parte de la pandilla?

Antes el principal problema era la guerra entre pandillas. De hace un lustro para acá entró el estado como un actor más y ahora ya es una guerra con varios frentes abiertos. Pero en esa guerra entre pandillas hay diferentes tipos de muertos y de trofeos. Si tú como pandilla matas a alguien de la clica contraria, en especial un palabreo o alguien con rol, vos querés que ese muerto salga en los noticieros, entonces si lo podés dejar en la plaza, pues en la plaza.

En realidad, las pandillas no dejan de ser una amplificación de los males de la sociedad salvadoreña. La sociedad salvadoreña es homófoba, y en la pandilla eso está acentuado, es machista eso está acentuado, es violenta eso está acentuado. Entonces, cuando matas al enemigo quieres eso, pero cuando matas a una mujer, por ese mismo desprecio, son muertes de las que no se sienten orgullosos, y muchos cadáveres de mujeres se entierran o se tiran a pozos, muchas veces se entierran en milpas (maizales). Hay clicas que tienen sus propios cementerios clandestinos y aparecen recurrentemente. Con El Directo ya estaba el fenómeno de los pozos, “los pozos macabros” los llamó la prensa.

¿Qué peso tiene la Iglesia en El Salvador?

Mucho. Te lo ilustro, esto enlaza con Monseñor Romero y sus homilías, que de hecho, me consta que en esta ciudad hay una calle importante con ese nombre. A día de hoy, los domingos, después de la misa en catedral (la misa del arzobispo, salvo que esté viajando), hay una rueda de prensa y es asignación de todos los medios de referencia ir allí para hablar de cualquier cosa. [ríe] ¡Allí le puedes preguntar por el resultado del Real Madrid!, sobre reformas fiscales o si ha habido algún hecho delictivo especialmente sangriento esa semana. Un arzobispo opinando sobre lo divino y sobre lo humano y eso no genera el más mínimo rechazo.

Respecto a este tema, de hecho, en cuanto a posibles vías de solución al problema de las maras, yo desde mi ateísmo, veo imposible una resolución que no tenga en cuenta las voces y el trabajo de las iglesias, en especial de la evangélica, porque es la que tiene una presencia muchísimo más activa en las comunidades controladas por las pandillas.

En la última entrevista de El Faro a la Mara Salvatrucha, ellos dicen que sigue sobre la mesa la posibilidad de su a desarticulación, ¿qué crees que va a pasar?

Ellos lo usan como anzuelo, o al menos así lo interpreté yo. Ese es el tema más árido. Todo lo que voy a decir es consciente de que la sociedad salvadoreña, a día de hoy, no quiere y no esta preparada para soluciones de ese tipo, dialogadas, cuando a mí me parece clarísimo que esa tiene que ser una opción a tener en cuenta.

Las maras son grupos criminales que han cometido hechos delictivos atroces; trafico de drogas, violaciones, etc., pero el volumen del problema es tal que no existe, literalmente, posibilidad alguna que sea derrotado por la vía represiva, que es la que el estado y la sociedad exige (somos un sociedad muy del ojo por ojo diente por diente). Se estima en 64.587 los mareros en el país: 43.151 están en libertad, y 21.436 encerrados y en la actualidad el número de plazas es de 18.000 y ya hay 40.000 personas privadas de libertad. Estas cifras actualizadas son de policía nacional civil, no de Roberto Valencia.

Entonces pongámonos en una situación, en la que el Estado; la fiscalía, el gobierno, la policía y los centros penales, comienzan a hacer bien su trabajo; de manera diligente, respetando derechos humanos, respetando procesos judiciales y haciendo que las cárceles sean rehabilitadoras. Incluso en esa situación, que no tiene nada que ver con la realidad, no se puede procesar ese volumen del problema.

No podés encerrar 46.000 pandilleros a los que habría que sumar buena parte de su entorno social que también hace actos delictivos – esposas, hijos, simpatizantes, chequeos (jovencitos que están como en fase de pruebas,etc.) – y se calcula entorno a 5 por cada uno de estos 65.000. Si estuviéramos hablando de esto hace 15 años cuando el problema era ya un grandioso problema, pero no tenia la magnitud que tiene ahora, quizá alguien podría considerar que por la vía estrictamente represiva se les podía vencer, pero yo creo que ahora es completamente inviable, pero es,paradójicamente lo que exige el salvadoreño medio.

En algunas investigaciones vuestras donde reveláis masacres a pandilleros, los comentarios que se pueden leer en las redes son mayoritariamente de celebración.

Si, justo a eso me refería. Hay de todo, pero una gran parte de la población lo celebra. Llevándolo a un terreno más propio, hacer periodismo y denunciar con hechos y con imágenes que no se cumple el art. 27 de la constitución de El Salvador (que de manera explícita dice que los centro penitenciarios tienen que tener una voluntad rehabilitadora), eso [Hace una palma con el reverso de una mano] al periodista o al fotoperiodista que lo hace le supone mínimo una oleada de comentarios, de censura, insultos e incluso amenazas. Esa es la realidad y no me estoy inventado el caso, esto ya nos pasó.

¿Cómo se comporta la policía en ese contexto de violencia?

Gervasio en la entrevista para el Heraldo me hacía esta pregunta más pelada, más directa, ¿Es una mara más? A ver, es una policía de una de las sociedades más violentas del mundo y de allí difícilmente va a salir una policía con estándares de Suecia o de Alemania. Tiene muchísimas carencias, pero es una policía que también sufre la violencia. El pandillero, el policía y el soldado (que tiene un rol importante en la seguridad publica en El Salvador) por lo general viven en las misma colonias.

El policía base tiene un salario de 470 dolares aproximadamente, está un poco más desahogado, pero no para irse a comunidades fuera del control de la pandilla, alguno podrá si tiene otro ingreso complementario pero casi todos viven en comunidades controladas.

Supondrás cémo es la vida para ellos, sus hijos, su familia. En los últimos días hay un repunte de asesinatos de familiares de policías, la pandilla aprieta mucho por ahí. Y, la policía no se queda quieta, no a nivel individual que también, cuando se rompió la tregua de 2015 para acá, hubo un repunte bestial de supuestos pandilleros fallecidos en supuestos enfrentamientos con la policía, no hablo de lo que hacen los policías en su tiempo libre, como grupos de exterminio o así, que también es un fenómeno real. En su horario laboral entre 2015 y 2017 mataron entorno a 1.400 jóvenes, supuestos pandilleros, nosotros hemos hecho algunas investigaciones que revelan que en bastantes casos, entonces, esa es la policía. Pero tengo claro que la resolución de las pandillas no se puede atribuir exclusivamente a la policía.

¿Para un expandillero es viable reinsertarse en la sociedad?

Yo conozco muchos, en especial de las primeras hornadas. De hecho, hay un compañero de clica de El Directo que está rehabilitado y fuera de El Salvador. Salir de la pandilla es algo complicado, muy complicado, en especial de unos años para acá. Ante la hostilidad tan manifiesta que hay del resto de sociedad, es prácticamente un hecho que no van a encontrar trabajo o al menos un buen trabajo, les queda el autoempleo y poco más.

Las iglesias evangélicas, en especial las más pequeñitas, son unas de las instituciones, que de alguna manera sí que están pescando de ahí, pero no es suficiente. Allí hay dicho en el salvador; el plato nacional son las pupusas que se hacen en unas planchas muy calientes, y se dice que es como si a una plancha hirviendo le tiras cuatro gotas de agua, es decir, el problema está ya tan desarrollado que aunque vaya saliendo gente y reinsertándose en la sociedad, no salen en el volumen suficiente como para que el problema este mermando de manera significativa.

¿Existe una respuesta desde lo que aquí entendemos como movimientos sociales, ante el fenómeno del pandillerismo?

Yo conozco el trabajo de muchas personas que están haciendo mucho por la sociedad salvadoreña, y las que más respeto son las que lo hacen en silencio. Porque conozco muchas oeneges que llevan años recibiendo subvenciones por hacer trabajo de prevención y me atrevo a poner en cuarentena los resultados de su trabajo, porque ahí están las cifras del fenómeno y no hace más que crecer.

Quiero pensar que están corrigiendo errores, y además ahora están entrando nuevas como Médicos Sin Fronteras y eso es positivo; pienso que si algún día la sociedad salvadoreña intenta resolver el problema serán un actor clave. Pero voy a subrayar ese rol de las personas que muchas veces a título individual se desviven. Por ejemplo alguien que le gusta el fútbol y decide dar clases a los chavalitos 8, 9 y 10 años sin cobrar ni un cinco, ese tipo de personas que hay en todas sociedades, cuando surgen en ambientes tan hostiles yo creo que es digno mínimo de reseña.

Incluso a veces se están jugando la vida, no creas que es plato de buen gusto para las pandillas que exista alguien que de forma real les pueda restar influencia. Mi esposa ahora mismo trabaja en una guardería de hasta 6 años y muchos son hijos de pandilleros, ella está haciendo un trabajo diario muy importante, no solo con los niños sino con las mamas y las papas. Hay mucho trabajo de este tipo, trabajo de hormiguitas y es una de las razones por las que uno termina reconciliado con una sociedad tan violenta.

En febrero tenéis elecciones, ¿hay alguna esperanza por esa vía?

No. Ninguna. El tema está oculto. En la campaña anterior pasó, y nosotros lo relevamos con videos, que bajo la mesa los dos partidos principales estaban negociando suciedades con las pandillas. Querian que boicotearan al adversario entregando dinero, pedían opinión sobre qué les parecía tal persona como ministro de seguridad, sondearon la posibilidad de cerrar Zacatraz – sobrenombre que recibe un centro penal de seguridad. Y ahora son políticos de primer nivel, uno es el actual alcalde de San Salvador y otro es alguien que terminó de ministro de seguridad del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional). Como los grandes partidos saben que “tienen la cola pateada” (trapos sucios) el tema ni se lo echan en cara.

Y en estas elecciones en las que parece que se va a romper el bipartidismo que tenemos en El Salvador, parece que va a venir un outsider – como dicen los gringos – del FMLN, pero yo en lo personal, que sí tenía algunas esperanzas, veo que como discurso público no lo está abordando ni hace pospuestas, no he visto nada en los dos meses que llevamos de campaña activa, en un país de recursos limitados tenemos cuatro meses, con los gastos que supone. Yo no he visto nada que invite al optimismo.

En una columna reciente llamada “El país de las maras” decías que “no sería tan extraño que Netflix estuviera rodando ya una serie fastuosa sobre mareros y grupos de exterminio ambientada en Soyapango, San Miguel o Apopa”, ¿te parece que explotar culturalmente el fenómeno ayudaría a tener más foco en el asunto o seria frivolizar y promocionarlo?

Yo he escrito un libro que retrata con crudeza el fenómeno, desde mi trinchera que es el periodismo y desde una concepción del periodismo que pretende retratar los fenómenos tal cual ocurren. Habiendo hecho eso, sería casi contradictorio negar que no lo pueda hacer un buen documentalista o un buen director de cine; pero por ahí van mis temores, ya que me planteas la pregunta.

Si se va a hacer un producto mediocre que esté lleno de violencia gratuita y estereotipos (como se han escrito tantos artículos periodísticos y documentales o informes de oeneges que en teoría hacen un trabajo serio, pero que hacen unos análisis muy superficiales) yo prefiero que no se haga, pero si se hace algo en serio contribuirá a que el problema se conozca más y quizá haya mayor interés en la comunidad internacional para que se financie algún tipo de solución al problema. Porque yo tengo mis dudas de que, al menos a medio corto plazo, vayan a surgir de dentro de la sociedad salvadoreña las energías suficientes para revolver un problema de este tamaño.

En el prólogo del libro resumes tu forma de entender el periodismo: “Reporteo hasta el agotamiento, documentación, contraste, verificación, elección de una estructura narrativa, escritura, autoedición, escritura, edición” ¿Cómo compaginaste el libro con tu trabajo? ¿qué facilidades te da El Faro?

Eso que has citado son los mismos principios para hacer “Yo violada” o la ultima que he publicado “Ver, oír y linchar en Chichicastenango”, piezas de largo aliento, que no es lo único que hacemos, hay que hacer notas del día, no somos un medio en el que los periodistas solo sacamos una nota cada 6 meses. Cuando uno se embarca en este tipo de reporteos, es porque sabiéndose ajeno a ciertas realidades intenta conocer lo máximo posible. Y para eso, la formula es muy básica y no sé por qué no se aplica mucho más en periodismo: permanencia, el estar, conocer, diluirte como periodista, no en el lado de la malicia o de engañar a la fuente, al contrario. Para eso necesitas tiempo, “Yo violada” fueron unos 11 meses, “Yo madre” unos 13. Ahora estoy con un caso de un hijo de un policía asesinado, han pasado tres años desde que tuve la primera conservación con él y todavía falta algo de reporteo.

Para eso necesitas estar en un medio como El Faro o ser alguien muy organizado y que sacrifica su tiempo libre o se lo resta a sus seres queridos. Y eso sí es una concepción muy del Faro, no somos los únicos que lo hacemos, pero sí es un medio que se caracteriza por eso, que le apostó con mucha determinación, sabiendo te supone hacer ciertos sacrificios, el faro no es un medio que si ahora mismo hay un accidente grave, esa nota no la vas a encontrar en El Faro. Entonces es que haya unos jefes que tengan claras ciertas cosas y ciertas apuestas y que eso se sostenga en el tiempo.

¿Que es la Sala Negra?

Es un proyecto que fue presentado en el foro centroamericano de periodismo en mayo 2011. Un grupo de amigos decidimos que ante la evidencia de que la violencia era uno de los problemas más sangrantes de la sociedad salvadoreña y no exclusivamente, porque empezamos viendo cuatro países, los tres del triangulo norte y Nicaragua, y decidimos aplicar esa filosofía “faro” al análisis, a la mirada y al reporteo intenso del fenómeno de la violencia no solo de las pandillas, también del narcotráfico, violencia de género, y otros tipos de expresiones de la violencia.

Ahorita, está en fase de reconversión, porque hay gente que era parte fundamental del equipo que se ha ido, por ejemplo, Marcela Zamora (documentalista) que hace unos años creó su productora y va por libre u Óscar Martínez ahora está en otras cosas del faro. Por eso, se está planteando incluso rebautizarla, siempre se cubrirá violencia pero no exclusivamente y con la misma filosofía, pero en cuestión de meses, quizá semanas, salgan ya temas que no son estrictamente sobre violencia.

¿Sientes que en parte, en Faro habéis hecho el trabajo que no se ha hecho desde la academia?

Nosotros, sí creemos que la academia es otro de los colectivos, como el periodismo, que está en deuda con el fenómeno de las maras en particular, al igual que la clase política y las oeneges en general. Entonces si nos toca hacer algunas intervenciones que quizá no se ajustan a la concepción tradicional del periodismo. Llevamos años y años cubriendo temas, y eso se puede parecer más al trabajo de un antropólogo. Se da a la inversa también, el hermano menor de los Martínez, Juan Martínez, es antropólogo y firma bastantes notas de El Faro, tiene un libro publicado aquí con pepitas de calabaza, que se llama “Ver, Oír y Callar”.

¿Por qué haces periodismo?

Desde la adolescencia he querido ser periodista y he tratado de ser coherente con esa determinación, a niveles como decidir estudiar la carrera en detrimento de otras que me podrían haber dado una vida más holgada en términos económicos, o a irme a vivir a América Latina. Yo fui trabajador de Egin, el periódico ligado a la izquierda abertzale que cerró el juez Baltasar Garzón. Estaba en plantilla cuando lo cerró, entré el 1 de julio del ’98 y Garzón lo cerró el 14 de julio. A mí eso me dejo marcado, no psicológicamente, ¡yo era un exempleado de Egin! ¿como iba a ejercer el periodismo en el estado español? Me choque con ese muro y me tuve que ir a América Latina.

3 diciembre, 2018

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