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Repasando la Expo zaragozana y alguna otra

Las voces críticas siempre aparecen en los macroeventos. Rara vez se les hace caso, salvo para, a toro pasado, reprocharles el no ofrecer alternativas. Como si se pudieran ofrecer alternativas a algo que, con frecuencia, es un disparate de partida, amén de un derroche.
| 17 junio, 2017 07.06
Repasando la Expo zaragozana y alguna otra
Obras de la Expo 2008 en Zaragoza. Foto: Archivaldo.

Este 9 de junio se inauguraba en Astaná (Kazajistán) su Exposición Intenacional con el título Energía Futura. Una energía que más bien parece cosa del pasado y sobre todo de la gran industria, aquella que más contamina. Entre los patrocinadores, dos gestoras de energía nuclear, una compañía de oleoductos, petroleras como Shell, gigantes de la agroquímica como Eurochem y varias multinacionales como Samsung, DHL, Siemens… Toda una declaración de intenciones.

Suena a algo ya visto, mucho más cerca, como fue la Expo 2008 en Zaragoza, aquella que iba de agua y desarrollo sostenible y que fue toda una oda al cemento. Se urbanizó lo que había sido un espacio natural, aunque degradado, se represó el río Ebro en una obra absurda como es el azud y tuvo como patrocinadores a responsables directos de la más diversas atrocidades ecológicas de Aragón. Muchas de las estructuras se construyeron para tres meses y luego fueron al vertedero. Ya se ha contado, pero no está de más recordar este peculiar concepto de sostenibilidad.

Y se cumplen 25 años de la Expo Universal de Sevilla. Lo de Sevilla fue un festival de fastos y gastos salpicado de sospechas de corrupción y en el que el grifo del dinero, público claro, no dejó de manar. De hecho hay hasta quien vio el 92 como el pistoletazo de salida a las grandes tramas de corrupción conectadas a la política. A propósito de ello el periodista y ex director de comunicación del evento, Francisco Rubiales, está publicando una serie de artículos demoledores.

La crítica a todo lo que giró en torno al 92 fue criminalizada hasta el punto que una manifestación el día de la inauguración en Sevilla terminó con tres heridos de bala por disparos policiales.

Ilustración conmemorativa de los actos de represión ocurridos en Sevilla.

Ilustración en protesta de los actos de represión ocurridos en Sevilla.

La deuda pública fue impresionante y se barrió la mugre bajo la alfombra tras imputaciones, condenas e intentos frustrados de comisiones de investigación. Muchos hicieron caja con emolumentos como los de unas sesiones de homenaje la copla que costaron 5 millones de euros, un diseño de un plato por el que se pagaron 18.000, tres sesiones de ópera de Plácido Domingo 320.000 euros… y esto con la economía de hace 25 años. En total la broma brincó los 6.000 millones de euros según diversas fuentes, un billón de pesetas de entonces.

Viendo el panorama de Sevilla, en Zaragoza se intentó no repetir el modelo pero algunas cosas fueron idénticas. De aquella expo del 92 y la zaragozana quedó la deuda, en el caso del Ayuntamiento de Zaragoza hasta 2040. En las dos un buen puñado de edificios cerrados durante años y de uso cuestionable. Algunos de los de Sevilla se tiraron y otros se quedaron de vertedero y aún hoy siguen abandonados. El pabellón aragonés se aprovechó por lo menos. Es la sede de la CREA en la Margen Izquierda.

En el caso de los pabellones zaragozanos alguno se abre de vez en cuando como la Torre del Agua o el Pabellón Puente, el resto crian telarañas. Recordar que tras la expo 2008 el total de edificios cerrados sumaron 202 millones de euros solo en su construcción, más el mantenimiento necesario. Alguno de ellos, como el pabellón de Aragón, echó el cerrojazo en 2008 y aún no hay ningún plan de reutilización.

Al tiempo algunas estructuras se convertían en fantasmas, como el teleférico que se usó tres meses y que sale casi tan caro desmontarlo como hacer uno nuevo.

Instalaciones del teleférico abandonadas en Zaragoza.

Instalaciones del teleférico abandonadas en Zaragoza.

Por otro lado todos los mitos en torno a la muestra internacional se han ido cayendo. El primero fue el del discurso ecológico, pero ese era predecible. No se puede sacar pecho por el Medio Ambiente mientras se apuesta por el urbanismo difuso que insiste en el modelo del ladrillo que tantos males ha traído.

El argumento de la recuperación del dinero invertido mediante la venta de los activos inmobiliarios a la empresa privada se deshizo. A la hora de la verdad la mayor parte del recinto no ha dejado de estar en ningún momento en manos institucionales, solo que ha cambiado el nombre de la institución usuaria. Y aún a fecha de hoy una tercera parte del recinto sigue sin uso alguno ni previsiones tan siquiera a medio plazo y la cifra de pérdidas nunca terminó de estar clara, aunque se especula con que rondó los 700 millones.

La frase manida de poner Zaragoza en el mapa ha resultado ser un cliché. Resulta que en 2016, sin suceder nada en especial, se superó el número de turistas del año de la Expo y es probable que en 2017 se repita el récord. Este tipo de grandes eventos son flor de un día y rara vez se exportan más allá de unos cientos de kilómetros ¿Cuantos zaragozanos han oído hablar de la Expo de Astaná? En Zaragoza se maquillaron las cifras confundiendo número de visitas con visitantes.

Respecto a las infraestructuras, es lo más salvable de la pos-Expo pero en realidad se concretan en un nudo de conexión mediante un puente y en una restauración de las riberas del Ebro que bien podrían haberse hecho sin la muestra internacional. De hecho había planes para ello. Otras se quedaron paralizadas como la conexión subterránea con la A-68 y siguen así con un túnel cerrado a medio ejecutar.

Resumiendo y sin pasión ninguna, un análisis económico de coste/beneficio, si miráramos al 2008 y la gestión posterior con esos parámetros, sería apabullante. La Expo sigue costando dinero público nueve años después y hay muchas sombras que hacen que las propias celebraciones tengan un perfil más que discreto. Hasta los más acérrimos defensores de hace años, ahora esbozan críticas al evento.

Tachas como la calidad constructiva que hace que el canal de aguas bravas tenga constantes filtraciones, que el Pabellón de España permanezca vallado desde hace años porque las baldosas de su recubrimiento se desprenden o que el azud del Ebro haya sido una inutilidad de casi 30 millones que solo sirve de criadero de mosquitos.

Y sobre el dinero que sigue costando la Expo las cifras son de vértigo. Un ejemplo: este año el Ayuntamiento de Zaragoza ha licitado un contrato de 21 millones para reparaciones de carpintería y estructuras metálicas del frente fluvial Expo y el azud.

Las voces críticas siempre aparecen en los macroeventos. Rara vez se les hace caso, salvo para, a toro pasado, reprocharles el no ofrecer alternativas. Como si se pudieran ofrecer alternativas a algo que, con frecuencia, es un disparate de partida, amén de un derroche.

Ahora es el tiempo de apechugar con lo ya hecho, así que, sin ánimo de criticar, no estaría de más intentar minimizar, como poco el impacto económico al dinero público, al de todos.

17 junio, 2017

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


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