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¿Qué les pasa a los hombres cis con el arte?

La gala de los Goya 2018 es el reflejo de como el tiempo, los mecenazgos y el derecho a vivir de lo mediocre cuando no llega el premio todavía son privilegios de aquellos que encajan con el perfil del artista, los hombres cis blancos de clase media
| 7 febrero, 2018 07.02
¿Qué les pasa a los hombres cis con el arte?
Isabel Coixet | Foto: ©Miguel Córdoba

Durante los últimos meses el mundo del arte anda agitado saltando de los vestidos negros a los abanicos rojos y de Harvey Weinstein a los cortos de animación sobre Woody Allen premiados con un Goya, dos conocidos y reconocidos agresores sexuales. Frente al acoso sistemático de aquellas personas que no encajan en el perfil de artista, es decir, el de hombre cis blanco de clase media, la noche de los Goyas 2018 fue la primera en su historia en la que dos mujeres recibían los premios a mejor dirección y mejor dirección novel.

Las imágenes de Isabel Coixet y Carla Simón sosteniendo el abanico de #MásMujeres y el galardón son ahora la imágenes de la resistencia del 7%. Ese grupo “privilegiado” que pese a no encajar con el perfil siguen trabajando en un territorio hostil y oscuro del que poco se sabe más alla de las crueles cifras sobre la representatividad. Faltan datos, faltan testimonios que expliquen las dinámicas, las relaciones de trabajo y los sentimientos que producen.

Las Guerrilla Girls, un grupo de activistas del arte que desde hace 30 años denuncian el machismo en las salas y los museos, explicaban en una entrevista que uno de sus objetivos es mostrar al común de los y las mortales qué ocurre dentro de los circuitos del arte. La directora de cine Leticia Dolera respondió de manera ejemplar a la pregunta durante los premios Goya cuando se le acercó uno de los presentadores de la gala Joaquín Reyes: “os está quedando la gala muy bien, un campo de nabos feminista precioso”. Más tarde, ella misma a través de su Twitter, matizó que se refería “a los hombres cis que presentaban, escribían y dirigían”.

Y es que como explica la historiadora del arte Linda Nochlin, lo que ocurre en esos circuitos tiene más que ver con el otro 93% que produce películas que con lo que hace Coixet para ser la única mujer premiada a la mejor dirección desde 2005, cuando lo recibió por “La vida secreta de las palabras”.

Nochlin explica que en esto de los dones y las capacidades innatas de las que tanto hablan los biografistas, los nabos cisexuales blancos siempre llegan al mundo con algo de ventaja. Mientras que otros lo achacan al genio, eso que “siempre acaba viendo la luz, por muy complicadas o poco prometedoras que sean las circunstancias”, ella prefiere verlo como los privilegios sobre el tiempo, la disponibilidad y algo tan ridículo como es el derecho a la mediocridad.

La historiadora y con ella, colectivos como las Guerrilla Girls o La Caja de Pandora en el Estado español se preguntan qué habría pasado con la historia del arte si las mujeres hubieran tenido tiempo material para dedicarse profesionalmente a la producción artística o, por ejemplo, “¿Qué habría ocurrido si Picasso hubiera sido niña? ¿Habría prestado el señor Ruiz tanta atención o habría estimulado la misma ambición por alcanzar el éxito en una pequeña Paula?”, explicaba Nochlin en su artículo “¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?”.

Recientemente, la artista Sonya Boyce saltó a la prensa cuando la Galería de Arte de Manchester retiró una de las obras de John William Waterhouse de una de sus salas para abrir el debate sobre los personajes femeninos en el arte. Esta acción formaba parte de una performance de la artista para visibilizar que las mujeres solo aparecen en los museos y las galerías como sujetos pasivos y decorativos. En el espacio que dejó el cuadro, los y las asistentes del museo podían pegar post-it mostrando sus opiniones con esta decisión.

Sin duda, esta performance abrió el debate sobre cómo incluir a los colectivos oprimidos en estos circuitos sin censurar las obras de los “grandes artistas”. La redistribución y la conquista de los puestos de decisión es uno de los objetivos de los colectivos feministas dentro del panorama del arte.

La Caja de Pandora surgió durante el verano del 2017 cuando la artista Carmen Tomé denunció publicamente la agresión sexual que sufrió por parte del comisario y gestor cultural Javier Duero. Más de 3.000 personas vinculadas con el arte y la cultura que escapaban del perfil del genio se unieron para defender a Tomé y crear una red feminista que llegase a todos los espacios de poder e influencia.

Si existe alguna solución, esta debe pasar por la creación de espacios seguros para todos y todas, donde el tiempo, los mecenazgos y el derecho a vivir de lo mediocre cuando no llega el premio sean compartidos equitativamente.

Las artistas ya están organizadas, como la Guerrilla Girls, CIMA o La Caja de Pandora, el siguiente paso es esperar a que el genio supere el duelo de perder el privilegio porque como Nochlin dice “quienes disfrutan de privilegios inevitablemente se aferran a ellos y lo hacen con fuerza, por pequeña que sea la ventaja asociada, hasta que se ven obligados a someterse a un poder superior de una u otra clase”.

Si algo quedó demostrado durante la gala de los Goya 2018 es que el 7% solo quiere la parte que le corresponde y el otro 93%, todavía vacila entre el chiste fácil del que lo entiende pero no suelta la mano y el silencio incómodo del que todavía cree que existen los genios.

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7 febrero, 2018

Autor/Autora

Periodista y videorealizadora en Zero Grados y AraInfo. Miembro del Consello d'AraInfo. @Rocio_Duran_


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