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Plaguicidas, metales pesados y residuos químicos: los ‘puntos negros’ de la cuenca del Ebro

Aragón concentra 18 de los 31 tramos de río y lagos de la cuenca que presentan problemas de contaminación y deterioro de la calidad de las aguas, entre ellos algunos emblemáticos como el galacho de Juslibol, la laguna de Gallocanta, el ibón de Llosàs o las tomas de agua del Canal Imperial y del abastecimiento de Zaragoza
| 6 septiembre, 2018 07.09
Plaguicidas, metales pesados y residuos químicos: los ‘puntos negros’ de la cuenca del Ebro
El río Ebro a su paso por Zaragoza. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

No todo el agua baja clara en la cuenca del Ebro: su territorio acumula 31 ‘puntos negros’ en los que la calidad se encuentra deteriorada por el efecto de contaminantes químicos, por las consecuencias de la presión ambiental de las actividades agrícolas, ganaderas e industriales, por la propia situación del río y sus fluctuaciones e, incluso, por la llegada a los cauces del caudal procesado por las depuradoras, que eleva la presencia de determinadas sustancias nocivas.

Casi dos tercios de esos ‘puntos negros’, 18 de 13, se localizan en tramos de ríos aragoneses, incluido el Ebro a su paso por Aragón, cuyo peso contaminante es mucho mayor que el geográfico, que no alcanza el 50% aunque se queda a solo unas décimas de esa cuota.

La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) realiza periódicamente cuatro estudios de seguimiento de la calidad de las aguas de la cuenca y de la presencia de sustancias contaminantes, el de la Red Saica, que valora globalmente la calidad de las masas de agua; el de Control de Sustancias Peligrosas, que diferencia la situación del agua, de los sedimentos del lecho y de los peces que habitan el tramo; el de Control Biológico en lagos y embalses, que analiza el grado de eutrofización y la presencia de invertebrados y organismos microscópicos, entre otros aspectos, y el de Plaguicidas, que se centra en la presencia en los ríos de residuos de productos químicos que se utilizan en la agricultura.

El siguiente listado de ‘puntos negros’, agrupados por zonas y cuyo orden no guarda relación con el nivel de deterioro del agua, recoge el contenido de las últimas ediciones de esos informes, elaborados con datos recogidos a partir de 2016.

Ebro en el Azud de Pignatelli: Los análisis han detectado en varias ocasiones aumentos de la conductividad, que eleva la salinidad del agua, en primavera y otoño, en ocasiones junto con un descenso de la concentración del oxígeno en el agua, en El Bocal (Tutera/Tudela), donde captan sus aguas el Canal Imperial de Aragón y el de Lodosa.

Ebro en la presa de Pina: El último informe de la Red Saica detectó 19 episodios de concentraciones elevadas de amonio, que eleva la acidez del medio acuático. Ocurrió en ambos casos con caudales bajos, algo que los técnicos vinculan, además de con tormentas o lluvias puntuales que pudieran aumentar la turbidez, con la cercanía de la depuradora de La Cartuja, que trata el grueso de las aguas residuales de Zaragoza. “La situación de la estación, aguas abajo de la EDAR de La Cartuja, ha superado con relativa frecuencia [el nivel de] 1 mg/l”, a partir del cual se considera que hay una incidencia, señala el informe, que añade que “se han visto aumentos mayores coincidiendo con situaciones puntuales de tormentas o lluvias, lo que ha causado arrastres en el río, y probablemente la necesidad de algún alivio de aguas insuficientemente depuradas desde la EDAR.”

Ebro en L’Almozara: Los análisis revelaron el año pasado dos episodios de baja concentración de oxígeno en la zona en la que se capta una parte del agua de consumo urbano de Zaragoza, que es potabilizado antes de pasar a la red. El agua apenas circula en esa zona cuando el caudal es bajo y, cuando esas situaciones se prolongan, “incluso se produce cerca del bombeo acumulación de vegetación y lodos”. A ello se le suma “la acumulación de material orgánico, y en condiciones de temperaturas elevadas, propician que se produzca un consumo excesivo de oxígeno, que lleva incluso a alcanzar condiciones anóxicas en la zona”. Es decir, que en ocasiones el agua que se capta carece de oxígeno disuelto. La CHE considera el punto en el que realiza el seguimiento “no representativo de la calidad del agua que circula por el río”, si bien admite que “se han estudiado alternativas para la captación”.

Galacho de Juslibol: La calificación de su estado ecológico se mantiene como “mala” por la elevada presencia de clorofila y de fósforo, a lo que se añade la escasez de animales invertebrados y de hidrófitos (vegetación microscópica) y su “pobre riqueza” de macrófitos (plantas acuáticas perceptibles a simple vista) y “sobre todo” hidrófitos o vegetación anfibia.

Huerva en La Fuente de la Junquera: La intensa actividad de talleres de cromado y de otras actividades industriales del ramo del metal hacen que en el cauce prácticamente se haya cronificado la presencia de níquel y de selenio. Se trata, según la propia CHE, de uno de los tres ríos con “más metales [pesados] y una mayor contaminación” de toda la cuenca. Otros años se ha detectado en esa zona plomo, hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) o cromo.

Arba de Luesia en Tauste: La presencia de residuos del herbicida clorpirifós duplica la permitida de manera constante, en lo que técnicamente se denomina la meda anual. Eso significa que sus efectos se producen a largo plazo y no de manera puntual, aunque también se han dado picos muy superiores a lo que permite la normativa. La suma de plaguicidas superó en dos ocasiones la concentración de 500 ng/l en los que se sitúa lo admisible para consumo humano, aunque ese nivel de contaminación resulta subsanable con el tratamiento de una potabilizadora.

Laguna de Gallocanta: Su estado ecológico ha empeorado para pasar a “malo”. “Ha sufrido un claro empeoramiento en los niveles de calidad del agua, pasando de un estado moderado en 2013 a uno malo en 2016. Si bien los indicadores físicoquímicos son similares en ambos casos, esta últimas refleja un retroceso en los índices basados en comunidades de invertebrados y otra flora acuática”, señalan los documentos de la CHE.

Galligo/Gállego en Chabarrella/Jabarrella: En esta zona, una de las primeras situadas aguas abajo de los vertederos de lindano de Bailín y de Sardas, se produjeron en el último años con datos tres picos de amonio, en ningún caso relacionados con crecidas o lluvias. También aparecieron restos de HCH (hexaclorociclohexano, un metabolito del lindano) en los peces capturados en esa área, lo que indica que la presencia de ese residuo ha sido constante.

Galligo/Gállego en Hostal de Ipiés: En este caso, los residuos de HCH fueron hallados tanto en los peces como en el agua que circula. La CHE destaca la elevada presencia de mercurio en esta zona del Galligo.

Cinca en Monzón: Los seguimientos detectan en un año tres casos de elevada conductividad, además de un pico de amonio en noviembre. Este último, en el que el residuo químico superó los tres gramos por litro, coincidió con una mortandad de peces y repuntó dos días después, al parecer como consecuencia de los arrastres del propio río, con una densidad de un gramo. Este tramo del Cinca también presenta elevadas concentraciones de mercurio.

Cinca en Fraga: La suma de residuos de plaguicidas ha llegado a superar los niveles tolerables para el consumo humano.

Clamor Amarga en Zaidín: La media casi anual de residuos de clorpirifós, que también está aumentando en los últimos años, llega a cuadruplicar los niveles permitidos, que en el último año con datos también fueron rebasados en dos ocasiones puntuales. La suma de plaguicidas rebasó en tres ocasiones los niveles permitidos para que pueda destinarse a consumo humano sin previa potabilización.

Alcanadre en Ballobar: En este caso, se produjeron tres subidas de amonio, una de ellas con gran presencia de nitratos, sin que hubiera variaciones de caudal ni de turbidez del río al mismo tiempo.

Alcanadre en Ontiñena: Sus aguas rebasaron dos veces en un año el nivel tolerable para consumo humano de plaguicidas.

Barranco de Valcuerna en Candasnos: Los herbicidas cuyas presencias son más intensas en el río son el metolacloro y la terbutilazina, con niveles, respectivamente, más de tres y más de ocho veces superiores a los que tolera la normativa comunitaria. El problema también va a más. De hecho, la suma de restos de plaguicidas supera notablemente los niveles tolerables para el consumo humano de esa agua, salvo que se trate.

Laguna de Sariñena: El estado ecológico de esta masa de agua se mantiene como “malo” después de varios años por las altas concentraciones de clorofila y de fósforo y la baja cobertura de hidrófitos o plantas acuáticas microscópicas.

Flumen en Sariñena: La suma de restos de plaguicidas superó dos veces en un año el nivel admisible para consumo humano.

Ibón de Llosás (Cerler): Los informes califican su estado ecológico como “malo”, aunque esta clasificación está pendiente de revisión.

‘Puntos negros’ fuera de Aragón

Ebro en Miranda: La CHE detecta aumentos de la conductividad en mayo y octubre, esta última con descenso de la concentración de oxígeno.

Ebro en Ascó: Los niveles de HCH superan los tolerables en las tres especies de peces analizados.

Zadorra en Gasteiz/Vitoria: Presenta concentraciones no admisibles de HCH tanto en el agua como en los peces que viven en ella.

Zadorra en Arce: Llega a sumar 16 episodios de elevadas concentraciones de amonio y/o fosfatos en un año, parte de las cuales “pueden estar asociadas a vertidos de alivio” de la depuradora de Vitoria.

Zadorra en Agurain/Salvatierra: La presencia de residuos del insecticida endosulfán casi quintuplica la tolerable, además de haber registrado en dos ocasiones picos puntuales de este producto.

Arga en Etxauri: Llegó a registrar en el último año con datos hasta 17 incidencias, siempre relacionadas con crecidas, lluvias o tormentas que provocan aumentos de la conductividad y del amonio. “Se piensa que las alteraciones en la concentración de amonio suelen deberse a arrastres procedentes del río Arga, y sobre todo, al alivio de aguas desde la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Arazuri. En cambio, los movimientos en la señal de conductividad apuntan a alteraciones con origen en ríos o barrancos que recorren cuencas salinas que desembocan en el Arga”, indican los informes.

Arga en Funes: Supera en una ocasión los niveles de mezcla de plaguicidas admisibles para consumo humano.

Ega en Arinzano: Acumuló en un año 23 incidencias, seis de ellas con bajada de oxígeno y el resto por picos de amonio, relacionadas en varios casos con una “avería en un colector de polígono industrial, que en ocasiones puntuales registraba fugas”.

Araquil en Altsasu: Registra nueve picos de amonio en un año y resulta “frecuente observar pequeñas variaciones” del pH y de oxígeno disuelto.

Ulzama en Latasa: Se detectaron en un año seis picos de amonio relacionados con crecidas y arrastres.

Isuela en Pompenillo: Hay residuos de HCH en las aguas de este río riojano.

Pantano de La Grajera: El embalse riojano presenta un estado ecológico “malo”.

Estany Pudo: El estado ecológico de este ibón del Valle de Arán, también conocido como Muntanyò de Arro, se considera “malo” por la elevada concentración de fósforo en sus aguas, en las que, al mismo tiempo, resulta alta la presencia de invertebrados y ofrece un buen nivel de fitoplancton.

El deterioro del ibón de Anayet

Ese listado de 31 ‘puntos negros’ de la cuenca del Ebro por contaminación y/o deterioro de las masas de agua no incluye otros puntos de la red hidrológica sobre los que los informes de la CHE llaman también la atención.

Entre ellos destaca uno de los lagos emblemáticos del Pirineo oscense, como es el Ibón de Anayet, cuyo estado ecológico sigue siendo calificado como “bueno” pero en el que los responsables del organismo de cuenca han detectado un empeoramiento por la elevada concentración de fósforo que presentan sus aguas. No obstante, los indicadores biológicos son positivos en general.

Ocurre algo similar con los embalses de la cuenca, cuyos indicadores biológicos son positivos aunque se detectan “varios incumplimientos” en los de carácter fisicoquímico, como indica el deterioro de la transparencia del agua en los pantanos aragoneses de Escuriza (Híjar), Las Parras y Arguis, entre otros. En el segundo de ellos la concentración de oxígeno disuelto en el agua “es inferior a buena”.

Más de 1.600 episodios por encima de los niveles tolerables

Los informes de la Red Saica, cuyas 31 estaciones envían datos a la central de la CHE cada quince minutos, revelan cómo en 2017 la cifra de incidencias (106) prácticamente igualó a la suma de las registradas en los dos años anteriores (68 y 62), lo que apunta a una tendencia descendente de la calidad de las aguas de la cuenca.

Por su parte, las 24 estaciones de la Red de Sustancias Peligrosas, que comenzó a operar en 1992 y que controla la presencia en el medio acuático de 32 sustancias, detectó en el último año 5.138 positivos, 1.309 de ellos con una presencia de contaminantes superior a la que permite la normativa.

En el caso del agua destacan los 43 positivos de cadmio, 57 de hexaclorociclohexano, 185 de níquel, 5 de tolueno, 221 de arsénico, 61 d cobre, 19 de cromo, 85 de selenio, 147 de zinc, 161 de fluoruros y 51 de contaminantes específicos, mientras que en los sedimentos la mayor frecuencia fue para el níquel (20), el cromo (19), el selenio (18) y el zinc (17). Y, en el caso de los peces, el contaminante más presente es el mercurio (48), seguido del selenio (10) y el zinc (25).

El mercurio “supera la media anual en los 23 puntos de control de biota”, señala el informe, que añade que el selenio y el cromo aparecen “prácticamente en todos los análisis” mientras el zinc lo hace en más de la mitad de ellos. Se trata de cuatro de los principales contaminantes ambientales, principalmente por las emisiones de las actividades industriales.

El informe de plaguicidas, por último, reseña cómo el 9,3% de los análisis (234 de 2.513) detectaron la presencia de trece sustancias (metolacloro en 91 ocasiones y terbutilazina en 94) en niveles superiores a los permitidos, lo que eleva el total de detecciones de contaminantes con concentraciones superiores a lo permitido a 1.649 entre los tres rastreos.

La CHE, que constata que “las masas de agua en las que se ha detectado un mayor nivel de plaguicidas son en la práctica retornos de riego”, ha pedido a los nueve territorios de la cuenca que señale los productos de este tipo “que considere de uso extendido” para incrementar su control, y ha solicitado a las comunidades de regantes “la adopción de medidas de minimización de uso” de clorpirifós, isoproturón, terbutilazina, metolacloro, dicloroanilina (metabolito derivado de diurón, propanil y linurón) y desetilatrazina (metabolito derivado de la atrazina).

6 septiembre, 2018

Autor/Autora

Periodista. @e_bayona


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