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Ocho puñaladas es intento de asesinato, la primera sentencia del Tribunal Supremo con perspectiva feminista

La Sala de lo Penal ha rectificado la anterior sentencia en la que se consideraba que el maltrato continuado hasta llegar a asestar ocho puñaladas a la denunciante delante de su hija, produjo en la casa un “escenario del miedo” en el que cada agresión provocaba el doble de daño en la víctima y, por lo tanto, no hubo posibilidad de defenderse
| 1 junio, 2018 07.06
Ocho puñaladas es intento de asesinato, la primera sentencia del Tribunal Supremo con perspectiva feminista
Protesta feminista en contra de la pasada sentencia contra "La Manada". Foto: Pablo Ibáñez.

El maltrato machista continuado se configura con unas características de especial crueldad porque crea un “escenario del miedo” en el que cada agresión provoca el doble de daño en la víctima.

Así ha concluido la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo en un caso de intento de asesinato y maltrato de un hombre a su pareja. De esta forma, se ha elevado de 12 años a 16 años y 8 meses de prisión la pena de un maltratador.

Por primera vez la justicia del Estado español entiende que asestar a tu pareja ocho puñaladas delante de vuestra hija es un intento de asesinato con el agravante de parentesco y no un homicidio intentado. La sentencia asegura que el carácter “sorpresivo del ataque y de la desproporción” demuestran que la víctima no pudo defenderse.

Esta diferencia del delito viene acompañada de una serie de razonamientos que demuestran que la violencia machista tiene unas raíces y unas características específicas y que, por lo tanto, no puede ser valorada de la misma forma que el resto de violencias.

En otras palabras, la justicia ha recogido las enseñanzas del feminismo y ha comprendido que la capacidad de defensa de una mujer que ha sufrido maltrato físico y psicológico durante un periodo largo de tiempo, no tiene las mismas herramientas para defenderse que su maltratador.

El magistrado Vicente Magro Servet indica que ese “escenario del miedo” no solo se construyó a base de golpes, sino que esa solo fue la punta del iceberg, el final de toda una relación tóxica. El daño que el autor de los hechos provocó durante todo ese tiempo podía ser tanto físico como psíquico debido a las expresiones con las que se dirigía tanto a su pareja como a su hija y que queda probadas en la sentencia.

Asimismo, añade que ser el padre y la pareja agrava el padecimiento de las víctimas de violencia machista y doméstica.

¿Por qué tardó tanto tiempo en denunciar?

El acusado y su defensa cuestionaban la veracidad de las declaraciones de las víctimas debido al tiempo que tardaron en denunciar. Sin embargo, la Sala, a diferencia de otras sentencias, no ha entrado a calificar las declaraciones de la denunciante y ha subrayado que este silencio, en todo caso, se debería al temor de sufrir una agresión mayor. De nuevo, el clima de violencia constante les impedía acudir a denunciar y añade, que esta relación afectiva provocó una especie de “síndrome de Estocolmo”.

En otras palabras, la cultura de la violación junto con la del amor romántico crearon una atmósfera donde siempre era posible sufrir más y, al mismo tiempo, se mantenía la esperanza en que algún día acabaría. Lo que en la cultura popular se traduce en las creencias de que “quien bien te quiere, te hará sufrir” o de que “el amor lo cura todo”.

También pierde la patria potestad de la hija

A diferencia de la sentencia anterior que consideró que el agresor no había cometido ningún comportamiento delictivo con la hija ya que la violencia “solo” había sido hacia la madre, esta sentencia incluye la privación de la patria potestad de la hija.

El magistrado entiende que no es necesario que haya un ataque directo a la menor sino que el intento de asesinato de su madre es suficiente para imponer esta medida.

Parece que la justicia empieza a despatriarcalizarse, al menos, con esta sentencia que contempla este intento de asesinato no como un hecho aislado sino como el final de una larga serie de agresiones que van desde los insultos a los golpes.

También parece que empieza a despertar la idea de que la violencia machista es social y, como tal, afecta tanto a las víctimas directas como a su entorno, en este caso, una hija que creció bajo la amenaza constante y viendo como su padre sometía, humillaba y golpeaba a su madre hasta llegar a intentar matarla.

No obstante, todavía queda mucho trabajo pendiente, en primer lugar, que los razonamientos de esta sentencia se conviertan en un referente para otras tantas. También queda trabajo a la hora de analizar y comprobar si las penas de cárcel son suficientes para corregir estos comportamientos. Quizás, el Estado español también debería empezar a trabajar en crear algunas herramientas que permitieran, por ejemplo, corregir este tipo de relaciones basadas en dominación masculina o que, al menos, estas mujeres sintieran que van a seguir vivas si denuncian.

1 junio, 2018

Autor/Autora

Periodista y videorealizadora en Zero Grados y AraInfo. Integrante del Consello d'AraInfo. @Rocio_Duran_


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