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“Entender el consumo como acto político implica rechazar nuestra complicidad cotidiana con la injusticia del sistema capitalista”

Más de cincuenta personas abarrotaron el pasado viernes una de las salas del Centro de Congresos de Balbastro para dar continuidad al ciclo de conferencias Terapia Colectiva, que avanzaba en su andadura con este segundo acto de los cuatro que componen el ciclo completo
| 4 mayo, 2017 17.05
“Entender el consumo como acto político implica rechazar nuestra complicidad cotidiana con la injusticia del sistema capitalista”
Nazaret durante el acto del pasado viernes en Balbastro.

La conferencia, a cargo de la periodista madrileña Nazaret Castro Buzón afincada en el cono sur americano, se tituló El consumo como acto político: el caso del azúcar y del aceite de palma.

Nazaret vino a exponer, a través de su larga trayectoria periodística e investigadora al lado del campesinado latinoamericano, algunas de las consecuencias de los monocultivos impuestos por las grandes corporaciones en países como Brasil, Colombia o Argentina. La tesis central de la conferencia del pasado viernes, y a la postre génesis del proyecto que Nazaret vino a presentar (www.carrodecombate.com), es la que sigue: que con nuestro consumo cotidiano podemos introducir un componente ético en un sistema económico que quiso dejar fuera de escena toda consideración moral o humana. Entender el consumo como acto político implica rechazar nuestra complicidad cotidiana, real aunque invisible, con la injusticia y el sinsentido del sistema capitalista en su fase de globalización. Porque decidir cómo consumir es un acto político.

Las semillas se están convirtiendo en un motivo central de los conflictos sociales en América Latina. De norte a sur del continente, comunidades indígenas y campesinas se levantan frente al avance de legislaciones que, para los movimientos sociales, privatizan “un bien común esencial para la vida”, sostiene la ponente. Y continúa: ¿por qué? Monsanto, una multinacional estadounidense con presencia en 66 países, se distribuye el mercado de las semillas, y fundamentalmente de los organismos genéticamente manipulados (OGM) con otras grandes corporaciones como Syngenta, Bayer, Dow y Basf. La soja y el maíz transgénicos son su principal negocio. Se trata de especies modificadas para resistir a plaguicidas y herbicidas, lo que permite mayores cosechas, al tiempo que proporciona a la multinacional un negocio redondo: vende sus semillas conjuntamente con el herbicida y la tecnología necesaria para alcanzar altos rendimientos.

Cabe destacar la presencia de la Librería Valentina Cancer, de la UNED de Balbastro, que acudió a la cita para que las personas asistentes pudieran adquirir los libros escritos por la ponente: el primero, escrito a cuatro manos con su compañera (Laura Villadiego) y titulado ‘Carro de combate. Consumir es un acto político’ (Clave Intelectual), y el segundo, recientemente publicado, ‘La dictadura de los supermercados. Cómo los grandes distribuidores deciden lo que consumimos’ (Akal).

Además, una de las grandes novedades de la segunda temporada, la invitación abierta y explícita a la infancia, tuvo más eco que en la sesión anterior; y la niñez allí congregada pintó y jugó con tranquilidad en un espacio compartido, mientras el resto de las personas asistentes departía en un muy rico debate, con alta participación, que es uno de los horizontes fundamentales de Terapia Colectiva.

El Centro de Estudios del Somontano, organizador del programa, recordó que esta charla es el inicio del ciclo, que continuará a la misma hora (19.30) y en el mismo lugar (Centro de Congresos de Balbastro) el 19 de mayo con Alicia Murillo Ruiz y el 30 de junio con Mónica García Prieto.

4 mayo, 2017

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