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MSF atiende en Atenas a personas migrantes y refugiadas víctimas de la tortura

MSF opera en Atenas, en la región de Attica y Grecia Central, en Lesvos, en Samos, en Epiro y en el área de Tesalónica, centrándose principalmente en atención a las víctimas de la tortura, atención en salud mental, salud sexual y reproductiva, y tratamiento de pacientes con enfermedades crónicas
| 28 junio, 2017 07.06
MSF atiende en Atenas a personas migrantes y refugiadas víctimas de la tortura
Eugene fue víctima de la tortura en Nigeria.

En 2014, Médicos Sin Fronteras (MSF), en colaboración con las organizaciones locales Centro de Día BABEL y el Consejo Greco de Refugiados, abrió una clínica en Atenas para víctimas de la tortura.

El proyecto, que ha atendido a más de 430 personas en los últimos 3 años, ha puesto de relieve la alta prevalencia de la tortura entre la población migrante y refugiada y la crucial necesidad de que las víctimas reciban apoyo médico y psicológico especializado para conseguir su rehabilitación.

“La tortura borra la naturaleza humana, destruye por completo a las personas”, explica la psicóloga Eleftheria Zerva. “No es solo la terrible carga que supone para la salud mental del sobreviviente; la tortura arrasa con su propia autoestima y afecta a su capacidad para vivir en sociedad”.

Esta clínica especializada, en el multicultural barrio de Kypseli, adopta un enfoque integral para la rehabilitación de los supervivientes de tortura, proporcionando servicios médicos, fisioterapia, atención de salud mental, apoyo social y facilitando el acceso al proceso de asilo.

Con el cierre de la ruta de los Balcanes y la entrada en vigor del acuerdo bilateral UE-Turquía en marzo de 2016, 60.000 refugiados se quedaron varados en las islas griegas y en otros puntos del país. Viven en condiciones a menudo muy difíciles y en una situación de terrible aislamiento, pero no solo eso: muchos de ellos han tenido que esperar más de un año para saber en qué estado se encontraba su solicitud de asilo, lo cual agrava todavía más sus problemas de salud mental.

Por otra parte, como consecuencia del acuerdo bilateral, los habitantes de las islas corren ahora un grave peligro de ser expulsados a Turquía, lo cual supone una nueva fuente de estrés para todos ellos, pero más aún para los supervivientes de la tortura.

Las víctimas de tortura no reciben una atención adecuada. Tampoco existe un proceso apropiado para identificarlas. “Cuando salí de la cárcel tenía miedo de todo”, dice un superviviente sirio que quedó lisiado a consecuencia de haber sido torturado a base de shocks eléctricos. “Tenía miedo de estrechar la mano a las demás personas. Pensaba que cualquiera podía golpearme. A día de hoy sigo sin poder dormir; tengo pesadillas. Las marcas que ha dejado la tortura en mi cerebro son tan grandes como las que puedes ver sobre mi cuerpo”.

Muchos supervivientes de tortura, muchos de los cuales han sido identificados como altamente vulnerables, siguen atrapados en las islas, lejos de la atención médica adecuada que podrían recibir en Atenas. Otros, que se han trasladado al continente sin esperar a recibir el permiso para hacerlo, también se encuentran en el limbo y se sienten incapaces de gestionar por sí mismos la solicitud de asilo.

El opaco sistema de refugio y las numerosas barreras para acceder a los servicios básicos en Atenas y en todo el país solo han servido para aumentar sus dificultades. Para MSF, la prioridad es que se hagan exámenes médicos completos a las personas que lleguen a las islas y que se identifique de manera adecuada a los que necesiten atención médica y social. Todas las personas vulnerables, incluidas las víctimas de la tortura, deben trasladarse inmediatamente al continente para recibir atención médica y psicológica y obtener acceso a los servicios sociales y jurídicos lo antes posible.

Resulta imprescindible que los miembros de la comunidad, el personal sanitario de todo Grecia y Europa y aquellas personas con capacidad de tomar decisiones, sean conscientes de la alta prevalencia de la tortura entre los migrantes y los refugiados que llegan a Europa. “Las cicatrices permanecerán siempre ahí; nunca podrán ser borradas”, afirma la Dra. Anastasia Papachristou. “Sin embargo, está en nuestra manos el tratar que no se conviertan en algo que te deje marcado para siempre y que te aleje del resto de la sociedad”.

28 junio, 2017

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