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¿Militamos pocas personas? ¿Por qué?

Hace meses que estas preguntas me acompañan en mis silencios. Vaya por delante que no tengo respuestas claras, pero consigo sacar nuevas preguntas y me gustaría compartirlas con la esperanza de recibir algo de luz. Los logros sociales de gran alcance se producen en común, de ahí la abolición del trabajo infantil, la jornada laboral...
| 5 septiembre, 2017 06.09
¿Militamos pocas personas? ¿Por qué?

Hace meses que estas preguntas me acompañan en mis silencios. Vaya por delante que no tengo respuestas claras, pero consigo sacar nuevas preguntas y me gustaría compartirlas con la esperanza de recibir algo de luz.

Los logros sociales de gran alcance se producen en común, de ahí la abolición del trabajo infantil, la jornada laboral de ocho horas, etc. Además, bastantes éxitos son reversibles y por ello se requiere siempre una cierta activación social. Ahora bien, conociendo la importancia de un pueblo despierto: ¿por qué no participa la ciudadanía masivamente en los movimientos sociales? ¿Por qué parece que algunos movimientos sociales están casi vacíos desde las experiencias electorales de 2015 y 2016?

Una primera lectura, la más evidente, es que la pedagogía de la que la izquierda (o los de abajo) siempre se ha nutrido ha sido contrarrestada fuertemente desde los medios del sistema. Herramientas que permiten entender que el problema es Amancio Ortega, Botín y compañía y no el vecino de al lado (negro, “moro”, “marica”…; siempre es más sencillo sacar la frustración con el diferente). . Una parte importante de la energía de los movimientos sociales se centra en esta faceta. Han proliferado medios de comunicación alternativos. Sin embargo, el objetivo de llegar a la gente y hacer pedagogía no solo se consigue mediante medios de comunicación alternativos y redes sociales; también falta el acercamiento a las personas más desfavorecidas y tener la oportunidad de hacer pedagogía in situ y cara a cara, facilitando que haya conocimiento y confianza. Stop Desahucios, la PAH y otros procesos similares son ejemplos de ese acercamiento a las personas que no conocen, por ahora, los medios alternativos.

Hay una segunda lectura que suele pasar más desapercibida y que prácticamente no recibe recursos, ni humanos ni de ningún tipo, por parte de los movimientos sociales y políticos para contrarrestarla. Me refiero a aquellas personas que tienen la información suficiente para entender, con mayor o menor nitidez, quienes son los responsables de la situación social y personal que se padece y que, sin embargo, prácticamente no mueven un dedo por cambiar la consabida situación actual; es decir, no militan. ¿Por qué aquellas personas que entienden de dónde provienen las injusticias del mundo no participan mayoritariamente del movimiento por el cambio? Seguramente influyen múltiples causas, pero destaquemos tres:

1. Falta de proyección: visualización. Los pedagogos explican que las matemáticas son útiles porque permiten desarrollar el pensamiento abstracto y proyectar hacia el futuro ideas y proyectos. Pues bien, parece que no todo el mundo se aplicó lo suficiente en matemáticas y no consiguen proyectar una alternativa viable. Con lo cual, el no ver alternativa hace que no se afronte una lucha que se considera estéril. De hecho cuando la lucha es con un objetivo muy concreto siempre se aprecia un repunte de la participación: despido injusto, cierre del centro de salud del barrio…

2. Nuevas tecnologías. Decía Elias Canetti, pensador búlgaro de origen sefardí, que “todos deseamos formar parte de un grupo, pues en el grupo –o en la turba en realidad- nos sentimos a salvo de peligros y también, de ello se deduce, de la soledad”. Actualmente, con las nuevas tecnologías ese sentimiento de soledad se muestra mitigado. Las generaciones se han unido por múltiples anhelos, pero estaba esa necesidad de huir de la soledad. Quizás, cuanto más se emplean estas nuevas tecnologías más nos alejamos de los cambios: “nacionalismo, extremismo, las ansias de democracia… son muestras del deseo de huir de la soledad. Esta última, atenuada por Facebook y Twitter, es la que conduce en última instancia a la desintegración de la autoridad tradicional y al surgimiento de nuevas formas de gobierno”, Robert D. Kaplan.

3. Inercias del sistema. Juan Carlos Monedero explica esta idea diciendo que el sistema en este siglo ha convertido a las personas en “empresarios de sí mismos”. Es la propia persona la que se tiene que exigir mucho para encontrar un “buen” empleo. Se dedican muchas horas diarias en trabajar, estudiar idiomas, cursos de formación… A algunas personas no les queda tiempo ni para comer adecuadamente o socializar con amigos y familiares. ¿Puede que esto responda al miedo a quedarnos sin trabajo y pensar que sin trabajo no somos nada? (Quizás convenga recordar que todo ser humano es mucho más que su trabajo…).

La migración, el cambiar de ciudad, es un tema que no es baladí. El Imperio Inca cuando conquistaba otras sociedades hacía algo parecido a lo que ahora se produce en Europa: reubicaba a los conquistados en otros lugares del Imperio para dificultar la proliferación de revueltas. Si la población no se conoce es prácticamente imposible que se organice. Esto afecta hoy en día a los movimientos sociales. En las ciudades pequeñas se aprecia la falta de gente joven, la que más ha notado este cambio de ciclo.

¿Cómo superar estos tres obstáculos que tanto limitan? En muchos casos detrás de ellos se encuentran dos aspectos tremendamente biológicos: el miedo y el menor consumo energético. El miedo es una emoción que ha tenido a lo largo de la existencia humana un papel importante para su supervivencia. Una persona se hace “empresaria de sí misma” sin reflexionar por qué lo hace. ¿La emoción que la arrastra es el miedo a quedarse sin nada? Sin reputación, sin prestigio, sin trabajo, sin dinero, sin techo, sin amigos (al fin y al cabo hay muchas pandillas que se unen por el consumo de alcohol y si no hay dinero no es posible)… ¿Se hace algo desde los movimientos sociales para combatir este miedo? Hay proyectos como la Red de Solidaridad Popular que pretende asegurar las necesidades alimenticias de las personas que militan. Pero quizás no sea suficiente con las necesidades alimenticias y haya que cubrir otras necesidades, puesto que partimos de una sociedad en la que el mínimo está por encima de la mera alimentación.

Por otro lado, influye algo que probablemente sea la clave del triunfo del sistema actual: el menor consumo energético. El ser humano tiende hacia el camino fácil, es decir hacia aquello que (aparentemente) le aporta lo mismo con un menor consumo energético. Solamente sale de ese camino fácil cuando hay una emoción o un ideal que lo alienta a gastar más energía. Un ejemplo, aunque hay miles: triunfa la comida basura que es barata, aporta muchas calorías y es fácil de conseguir y de preparar. La única forma de no caer en ella es tener la firme convicción de que la alternativa es más conveniente, aunque suponga a corto plazo un mayor consumo de energía el comprar y cocinar. Si no reflexionamos sobre ello estamos contribuyendo a perjudicar nuestra salud, a explotar trabajadores y a dañar el planeta, entre otras bondades.

Retomando la visualización de un cambio: también es más cómodo creer, está fomentado por las empresas de comunicación de masas, que no hay alternativa para el mundo en el que vivimos. Reflexionar cada cuatro años si votar o no o qué votar hace que algunas personas crean que con ello ya se contribuye lo suficiente. Es un camino más difícil el creer que hay alternativa, que se puede llevar a cabo y que cada persona es importante: mayor consumo energético.

¿Qué se puede hacer desde los movimientos sociales? ¿Existe alguna forma de militar que requiera poca energía pero que aporte algo espiritual o ideológicamente potente para que sea más apetecible que no hacer nada? Quizás sea en este ámbito donde las redes sociales puedan cumplir un papel importante. Aunque se debe aprender a utilizarlas convenientemente, en la actualidad generan dinámicas que mitigan la necesidad de encontrarse y malentendidos que afectan a nivel personal. También contribuirá que las candidaturas electorales formadas por personas de los movimientos sociales y que están gobernando, como Zaragoza en Común, desarrollen políticas que signifiquen un cambio en la vida de las personas. Debe complementarse con los medios de comunicación alternativos y, especialmente, el trabajo en la calle para poder llegar a la ciudadanía y que conozca esos avances. Las necesidades hacen que las personas actuemos, la ilusión también es una necesidad en las personas despiertas.

Lo más positivo es que la inmensa mayoría de la población se podría ver beneficiada por unas políticas diferentes que tengan como objetivo la justicia social. Esto posibilita un inmenso abanico de posibilidades de crecimiento de los movimientos sociales y políticos puesto que casi el noventa por ciento de la población podría beneficiarse de estas políticas. Los últimos resultados electorales de Reino Unido, EEUU y Francia demuestran que las personas están cansadas y quieren un cambio. Es necesario trabajar para llegar a toda esa población y demostrar cuál es el cambio que más conviene a la mayoría.

Es un trabajo arduo y sin duda requiere un alto consumo energético por parte de las personas militantes, pero es el único camino que permite que en nuestra sociedad los valores más básicos sigan a flote y no se vean sepultados por la codicia y el odio que tanto interesan a los de arriba. Felicidades a todas las militantes, sea cual sea su granito de arena. Como dicen en Italia: chi milita, merita; quien milita, merece.

5 septiembre, 2017

Autor/Autora

Militante de Alto Aragón en Común y otros movimientos sociales. Trabaja como educador ambiental en el Alto Aragón. @AznarJaviM


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