Entrevistas Economía

Mil millones en ‘castores’

Aragón y su capital coleccionan una retahíla de infraestructuras de dudosa viabilidad, poco uso e incluso abandono cuyo coste multimillonario otorga a alguna de ellas un halo de disparatados monumentos a la desidia
| 13 noviembre, 2017 07.11
Mil millones en ‘castores’
El coste de las obras de recrecimiento de Yesa, situado sobre una falla, se han disparado hasta los 400 millones de euros. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Zaragoza destaca más por sus temperaturas máximas, superiores a los 44 grados los últimos meses de julio, que por las mínimas, las menos bajas (-11,4º en febrero de 1963) del cuadrante noreste, costa al margen; y es más conocida por su viento, ese cierzo que se pone a ochenta por hora como si tal cosa y que en ocasiones pasa de cien, que por sus nevadas. En la capital aragonesa aparenta que hace más frío del que marca el termómetro y nieva entre poco y nada, una vez cada tantos años, aunque eso no impide que uno de los objetos que despiden al viajero ante su estación de tren sea un telesilla.

Lo instaló hace casi diez años Aramón, el hólding aragonés del esquí, participado al 50% por Ibercaja y el Gobierno de Aragón. Es decir, que parte de los once millones de euros que costó colocarlo, y también un buen pellizco de los cientos de miles de euros que ha supuesto su mantenimiento (había que revisarlo cada semana), han ido saliendo del erario público, o no entrando en él, sin que los ingresos que llegó a generar cubran, ni de lejos, esas cifras: 950.000 turistas pagaron 3,50 euros para cruzar el Ebro a 50 metros de altura, cinco si optaban por ir y volver, durante los tres meses que duró la Expo 2008, y que habrían coincidido con su estiaje de no haber sido porque esa primavera acabo con riada.

El plan oficial consistía en desmontarlo tras la Expo para instalarlo en una de las estaciones de esquí que gestiona Aramón, preferentemente en Formigal. Sin embargo, eso nunca llegó a suceder. Se quedó a orillas del Ebro, un río en la comunidad central de cuyo valle proliferan los castores; no los pequeños mamíferos constructores de diques, que también, sino una retahíla de infraestructuras e inversiones públicas que, aunque a menor escala económica, evocan episodios de gestión de lo público como el del Castor, ese almacén subterráneo de gas natural con capacidad para menos de dos hectómetros cúbicos que resultó inutilizable por los movimientos sísmicos que provocó y que se convirtió en un memorable negocio para su constructora (Escal, participada por el grupo ACS), que se llevó 1.350 millones de euros como indemnización tras renunciar a explotarlo.

A ACS, el grupo del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, no siempre le salen las cosas como habían sido planificadas. Especialmente, cuando hay movimientos sísmicos. Aunque eso tampoco significa que vayan a irle necesariamente mal o que no puedan resultarle rentables.

El Telesilla fue construido para la Expo 2008 de Zaragoza y costó 11 millones de euros más cientos de miles en mantenimiento. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El Telesilla fue construido para la Expo 2008 de Zaragoza y costó 11 millones de euros más cientos de miles en mantenimiento. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Cuatro pantanos de futuro incierto

La pared izquierda del embalse de Yesa, en el tramo medio del río Aragón, registró una sacudida en 2006 y la derecha lleva moviéndose desde diciembre de 2012, lo que ha provocado el desalojo de dos urbanizaciones, cuya expropiación y saneamiento costó 23 millones, tras resquebrajarse el suelo sobre el que se asientan. Esos movimientos, registrados tres y nueve años después de comenzar las obras de recrecimiento del embalse para elevar su capacidad de 447 hectómetros cúbicos a 1.079, junto con las dificultades para asentar el estribo derecho de la presa por la existencia de unas profundas galerías cuya presencia llevaba años documentada, han disparado el coste de las obras: fueron adjudicadas a una UTE integrada por ACS, FCC y Ferrovial por 113 millones en 2003, superan ampliamente los 400 y siguen adelante sin un horizonte económico ni temporal cierto para su final. Y sin que esté claro que, una vez finalizadas, el pantano, cuya presa se ubica sobre una falla, vaya a poder almacenar más agua que ahora. Algunos geólogos llevan años advirtiendo de esa posibilidad.

No es el único embalse de futuro (y presente) incierto en Aragón. El deslizamiento de una ladera tiene inutilizado el de Montearagón, presupuestado en 58 millones de euros y construido en el cauce del río Flumen por Entrecanales, desde que en mayo de 2013 el agua alcanzó el primer escalón de la primera prueba de llenado. El pantano de Lechago, que costó más de sesenta (más once en actuaciones de restitución territorial) en unas obras que iniciaron en 2003 las constructoras Copisa, Brues y Fernández, está en plena prueba de carga pero no tiene usuarios por el elevado coste que tiene sacer el agua de su interior. Y el Val, en el cauce del Queiles a su paso por Los Fayos, que costó casi cien millones, se encuentra en una situación similar cuando ya se ha cumplido una década de su primer llenado.

Esa factura de 650 millones en cuatro embalses de uso incierto corre riesgo de aumentar. Dependerá, entre otros factores, de la solución final del recrecimiento de Santolea (36 millones), cuyo plan inicial fue descartado hace dos años tras deslizarse una ladera, y de cómo termina Mularroya, presupuestado en 128 y adjudicado a Acciona y Sacyr, después de que la segunda declaración de impacto ambiental vetara hace dos años el llenado del vaso antes de que sea declarada una nueva Zepa (Zona Especial de Protección de Aves) de características y extensión similares a la que iba a ser inundada en las Hoces del río Jalón. Y también, de si los tribunales mantienen el veto al proyecto de Biscarrués (125 millones) y el indulto a La Galliguera, la principal área de turismo activo de Aragón.

Los agujeros de la Expo

El agua y los planes para su presunto aprovechamiento han sido históricamente causa de (¿pretexto para?) despropósitos en la gestión del dinero público en Aragón. También lo han sido su disfrute y su celebración, apartado en el que los números de la Expo 2008 resultan estremecedores: más de la mitad del espacio de los edificios de la muestra, que costaron 196,6 millones (más 121,8 en obras) está ocupado, aunque apenas el 10% (menos de 16.000 metros cuadrados) ha sido vendido, en un recinto cuyo diseño carecía de plan B y planteamientos de futuro.

La Torre del Agua, construida para la Expo de Zaragoza, tuvo un coste de 53 millones de euros. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

La Torre del Agua, construida para la Expo de Zaragoza, tuvo un coste de 53 millones de euros. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

La ruina de la empresa pública que lo gestiona, Zaragoza Expo Empresarial, llevó hace unos meses al Gobierno de Aragón a rescatarla con una inyección de 114 millones en la que asumió toda su deuda, mientras el desuso y/o abandono convierte en monumentos a la dejadez unos edificios emblemáticos que costaron más de 165 millones de euros: 26 el pabellón de Aragón, 53 la Torre del Agua y 88 el Pabellón-puente.

El agua sale cara: 650 millones en pantanos de uso incierto y 114 para mantener a flote un complejo ideado para celebrarla en el que nadie sabe qué hacer con edificios que costaron 165. La factura se eleva a 929.

El aeropuerto sin viajeros

No obstante, si hay una infraestructura que destaque en Aragón como paradigma del uso creativo del dinero público es el aeropuerto de Huesca, ubicado en Alcalá del Obispo: presupuestado en 58 millones de euros, transitaron el año pasado por él solo 95 pasajeros tras sumar únicamente 777 entre los tres años anteriores y sin haber estrenado en diez años la casilla de transporte de mercancías, según reflejan las estadísticas de Aena, el operador aeroportuario español, al que el mantenimiento le salió hace dos años a casi 13.000 euros por viajero. ¿Es posible que las previsiones de tráfico no fueran acertadas? Todo apunta a que sí.

Su utilización como base de escuelas de vuelo ha elevado hasta 4.684 el número de operaciones aéreas, si bien ese dato no modifica los catastróficos resultados de su explotación, que incluyó 11.596 pasajeros en los tres primeros años de funcionamiento. Más de la mitad de ellos (6.228) pasaron por el aeropuerto en 2009, en la época de subida de la compañía local Pyrenair, que suspendió las operaciones en 2011. Los tres años siguientes, de 2010 a 2012, llegó a mover otros 10.000, aunque con un claro declive que dejó bajo mínimos las instalaciones a partir de 2013.

En cualquier caso, sigue funcionando. Como también continúa abierta la primera, única y, por ahora, última autopista autonómica de una comunidad con seis autovías comenzadas y ninguna terminada, la ARA-1, de peaje en la sombra y conocida popularmente como ‘el puente de la Saica’ de El Burgo.

La autopista sin peaje

Es una vía corta, de 5,3 kilómetros entre el puente y sus accesos, que enlaza la N-II/AP-2 con la N-232. Un papel plagado de tecnicismos aseguraba que quien la gestionara iba a forrarse: pasarían tantos vehículos que el Gobierno de Aragón la concesionaria ingresaría 154,6 millones de euros entre 2008 y 2036. Eso llevó a varias constructoras a pujar por la contrata en plena burbuja. Se la llevó una UTE liderada por Acciona, a la que se asociaron Brues y Fernández y Arascón bajo el nombre de Puente del Ebro, que invirtió en la obra una cifra por determinar.

La empresa sostiene que costó 77 millones mientras el Pignatelli reduce la factura a 55, cifras a las que probablemente habrá que añadir el coste de la reparación que necesitó en la primavera de 2015, después de que la primera crecida del Ebro desde que fue construida partiera el puente y se llevara por delante varias pilastras.

Las cuentas definitivas las hará la magistrada del Juzgado Mercantil número 2 de Zaragoza, que ya declaró hace tres años insolvente a Puente del Ebro tras no haber logrado un acuerdo con sus acreedores para refinanciar su deuda. Si la empresa es liquidada, el Gobierno de Aragón tendrá que asumir los 40 millones de la obra que un pool de bancos tiene pendiente de cobro.

La factura de los ‘castores’ aragoneses del siglo XXI, entre los que quizás no resulte descabellado incluir iniciativas identitario-espirituales como la construcción de un museo diocesano en Barbastro (8 millones) y la adecuación de una sala del monasterio de Sijena para acoger unas obras de arte que no terminan de llegar de Catalunya, ni tampoco otras de difícil explicación como ese azud de 25 millones en un río torrencial como el Ebro y los 488.927 euros en dragados para unos barcos a los que se subían 16 viajeros al día, supera los mil millones de euros. ¿A repartir entre los tres niveles de la Administración? Está claro en lo que se refiere a la creatividad: el coste económico lo soporta el pagano habitual.

13 noviembre, 2017

Autor/Autora

Periodista. @e_bayona


Flickr
Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR