Altavoz

Miedo a morir ahogado

Tengo un amigo que dice, irónicamente, que Dios ahoga pero no aprieta. Lo malo es que parece que algunos se lo toman al pie de la letra y a lo mejor es por ese respetuoso temor a perecer ahogados por lo que en este santísimo país, donde tantas cosas escasean y nuestro gobierno se ve...
| 1 marzo, 2018 07.03
Miedo a morir ahogado
Antonio Piazuelo.

Tengo un amigo que dice, irónicamente, que Dios ahoga pero no aprieta. Lo malo es que parece que algunos se lo toman al pie de la letra y a lo mejor es por ese respetuoso temor a perecer ahogados por lo que en este santísimo país, donde tantas cosas escasean y nuestro gobierno se ve en la necesidad de racionarlas con avaricia (sanidad, educación, dependencia, infraestructuras…), no falta nunca el dinero preciso para cubrir los compromisos adquiridos con el Vaticano y la Conferencia Episcopal… ¡entre 1979 y 1985!

Bueno, pues resulta que en ese mismo año de 1979, en un Comité Federal del PSOE, se habló ya de denunciar esos acuerdos. Es más, se aseguró que sería una de las primeras medidas de un futuro gobierno socialista. Lo mismo se dijo en una reunión del Grupo Socialista en el Congreso y en el comité que aprobó el programa electoral para 1982 (el que llevaría al PSOE a gobernar con mayoría absoluta). Allí se decidió no incluir la medida en el programa porque “esto se hace, pero no se anuncia… para no inquietar al electorado” (A. Guerra dixit).

No me lo han contado, no hace falta que me lo cuenten. Yo estaba allí y era miembro del Comité y del Grupo Parlamentario.

Del dicho al hecho… lo ocurrido está a la vista. Hace dos años la asociación Europa Laica valoró en once mil millones de euros anuales el dinero que aporta el Estado español (central y periférico) a la Iglesia Católica a través de subvenciones directas y exención de tributos. Para hacernos idea de la magnitud, bastará la comparación con los escasos ocho mil millones que se presupuestaron en 2017 para la Casa del Rey. Por muy republicano que se sea, y servidor lo es a carta cabal, admitirá que la existencia de una Jefatura del Estado (monárquica o republicana) es razonable, más o menos costosa, pero está prevista en todas las constituciones democráticas. Lo otro, no. Y sin embargo la imagen de unos reyes que viven como ídem a costa de nuestros bolsillos está mucho más extendida entre las gentes de izquierdas (en especial los más jóvenes) que las de unos obispos que también viven como ídem y lo sacan del mismo lugar, pero encima son más caros. Y no sigo, que no me caben las razones en este artículo.

Solo una cosa más. Me causa sarpullido cada vez que el arzobispo Cañizares (y no es el único) se lía la capa magna a la cabeza y arremete contra “las ideologías feministas” o el “imperio gay”, y me pregunto con qué dinero emprende sus estrafalarias cruzadas este hombre de Dios. Y lo peor es que me contesto.

O sea, que a ver si empezamos a hablar de cosas más serias que saber si España es plurinacional, una, grande, libre o mediopensionista, para discutir en qué nos gastamos los cuartos. Y como no espero que nuestra derecha, devota de Frascuelo y de María, inicie el debate, me animo a proponer a los que ocupan los bancos de enfrente que abran el melón. Motivos sobran.

Y que no teman, que Dios no ahoga. Ya hace años que ni siquiera envía lluvias de fuego sobre Sodoma y Gomorra.

1 marzo, 2018

Autor/Autora

Miembro fundador de ATTAC Aragón.


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