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Melilla, una aproximación: del centro a la Valla

Aproximación a la realidad de Melilla. La Ciudad Autónoma de la Valla, del CETI, de los MENAs o del barrio de La Cañada. Una ciudad que, pese a todo ello, en su centro, se quiere parecer a una ciudad de esas que llaman dinámicas.
| 23 septiembre, 2017 09.09
Melilla, una aproximación: del centro a la Valla
Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Melilla, la Ciudad Autónoma de Melilla, no es una ciudad, es un sistema; es el muro que separa eso que llamamos occidente de todo eso que no es lo que llamamos occidente. Se trata de un enclave diseñado para marcar la diferencia exacta entre Europa y las colonias. Porque sí, para Europa las colonias todavía existen.

Aparentemente las calles del centro de la ciudad parecen tranquilas, lo que alguien amigo del capital diría dinámicas. Los comercios que se ven en las avenidas principales de las grandes capitales se encuentran aquí igualmente. Zara, Stradivarius o Sefora, pero también supermercados, estancos y bazares asiáticos. “Es imposible que todas estas tiendas vivan de los 86.000 habitantes que tiene Melilla” dice el hombre que regenta un hostal, “aquí hay mucho dinero del contrabando”, añade.

“Se vive muy bien, Melilla es muy tranquilo” dice Aisa, de unos 40 años y muy forofo del Barça. En su centro, la ciudad es perfecta para las familias: los musulmanes, los cristianos y los judíos conviven perfectamente. Pero todo es alejarse de ese nodo para darse cuenta de que Melilla vive de sus contradicciones.

Lejos del centro: La Valla mide 16 kilómetros de largo y 6 metros de altura. Está conformada por tres vallas de acero, alambre de espinos y cuchillas. Todo pagado por el Estado español, el Reino de Marruecos y la Unión Europea. Los coches de la Guardia Civil la recorren sin descanso y, según, una activista que se dedica a dar clase de español a migrantes “cuando hay un salto no tardan más de cinco minutos en llegar al lugar”. Los saltos son cada vez menos frecuentes según apuntan algunos cooperantes que trabajan en la ciudad, sin embargo, miles de personas tratan de llegar a Melilla cada año por otras vías y con ellas persisten las violaciones sistemáticas de derechos humanos. Metidos en maleteros de coches, a la carrera, con pasaportes falsos -siempre y que no seas subsahariano- y el más empleado, con barca. Todos ellos de distinto modo aumentan las cifras de muertes anuales.

La Valla tiene cuatro puertas: Beni-Enzar, Farjana, el Barrio Chino y Mar Guari. “No es lógico que existan controles tan rígidos en algunos pasos fronterizos como el de Beni-Enzar, cuando en el Barrio Chino se abren cada mañana las puertas a destajo para que la gente que transporta mercancías pueda pasar masivamente” señala Jaime Pons que trabaja como abogado en Madrid en defensa de las personas migradas, pero que ha estado tiempo viviendo en Melilla. La contradicción: si es por dinero las fronteras dejan de serlo.

No tan lejos del centro: CETI son las siglas de Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Por aquí pasan la mayoría de las personas migrantes que son detenidas y aquellas que han solicitado asilo por sufrir persecución de cualquier tipo en su país. “Es un estadio extraño” dice un cooperante que no quiere dar su nombre “el CETI es como una cárcel con buenas instalaciones donde los migrantes no tienen libertad”. Desde este edificio a las afueras de Melilla se gestiona la llegada de personas que han cruzado la frontera hacia la Península. El centro tiene capacidad para 480, pero ha llegado a albergar casi 2.000 personas metidas en haimas y durmiendo de dos en dos en literas. “Hay migrantes y asilados que están dos semanas en el CETI y otros que pueden llegar a pasar un año” dice el cooperante anónimo. “En el CETI todo es bastante arbitrario”, afirma Jaime Pons. “Si un migrante se queja del trato de la policía lo pueden echar unos días del centro como represalia o retrasar su traslado a la Península”, añade.

Un chico de nacionalidad liberiana sentado en la puerta del CETI comenta que lleva dos semanas aquí y que está muy contento. Comida, juega al futbol, no hace nada. Muchas personas ven en el CETI el fin de su trayecto. “Están contentos de dejar atrás el desierto, Argelia o Marruecos donde realmente los tratan muy mal”, continúa diciendo Pons. “Aun así, cuando llevan unas semanas terminan por deprimirse”, concluye.

Menos lejos aún: “Hace unas semanas dispararon a un tío a aquí cerca, hermano, en la barriga… esa gente son unos cobardes…” dice un tendero del barrio melillense de La Cañada.  Se dice que aquí se mueve mucha droga y que este es un barrio del que han salido muchos terroristas. Es un lugar pobre.

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Según algunos datos, en Melilla hay alrededor de 30.000 personas que viven en régimen legal “extraño”. Es gente que puede trabajar en la ciudad, pero que debe residir en Marruecos. A la práctica, la mayoría de ellas está instalada en suelo español y como comenta Jaime Pons se tratad de personas que viven en una especie de limbo: “son ciudadanos porque viven y trabajan aquí, pero no tienen derechos como los ciudadanos de Melilla”. Es en este contexto que se enmarcan barrios como La Cañada: pequeños guetos terreno abonado para el extremismo.

A 100 metros del centro: Las portadas del Faro de Melilla, el primer diario de la ciudad, abren con titulares alarmistas. Hablan de los MENA, los Menores No Acompañados. “El único problema de Melilla son los Mena, pero si te alejas de ellos, no te va a pasar nada”, señala Aisa. Son chavales -chavalas en menor medida- que han cruzado la frontera y que viven en la calle a merced de las mafias y del pegamento esnifado. Duermen en el puerto, escondidos en la escollera, soñado con entrar de polizontes en un ferry que viaje hasta la Península. Según comentan algunos cooperantes, en los últimos tiempos, los habitantes de la ciudad de Melilla han tomado por costumbre culpar a esos chicos y chicas de todo lo malo que ocurre. En realidad, son el eslabón más débil de una cadena de sufrimiento.

El centro de nuevo: Así es, en lo más superficial, el sistema de Melilla. Y ante eso se hace necesaria una pregunta: ¿Cómo la gente del centro puede vivir teniendo alrededor suyo una realidad tan dura? Responde el cooperante que no ha querido dar su nombre: “al fin y al cabo la mayoría de las personas de Melilla vive de esta situación”. Se refiere a los más de 1.200 agentes de la ley que viven en la ciudad. “Son el establishment” sentencia Pons.

23 septiembre, 2017

Autor/Autora

Periodista. Miembro del Consello d'AraInfo. @AlbertAlexan


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