Altavoz

Los hombres también #deberíamoscontarlo

¿No habrá llegado el momento de empezar a contar, tal y como las mujeres con un tremendo esfuerzo están haciendo, aquellas situaciones en las que hemos sido responsables de violencia machista?
| 2 mayo, 2018 19.05

La escritora y periodista Cristina Fallarás inició hace una semana una campaña en la red social Twitter en la que exhorta a las mujeres a contar las ocasiones en que han sido agredidas sexualmente. Bajo el nombre de #Cuéntalo, esta iniciativa tenía una doble intención: visibilizar la violencia de los hombres señalando como de común son las ocasiones en que las mujeres la reciben y empoderar a las víctimas creando una red de apoyo colectiva que legitime sus experiencias; una suerte de YoTeCreo global.

Cuando uno irrumpía en los infinitos hilos de Twitter que el hashtag de la Fallarás suscitaba, iba con el convencimiento de que tendría que lidiar con los trolls machistas. No se sorprendía ante las abominaciones que soltaban.

Sin embargo, aquello para lo que un servidor hombre-blanco-heterosexual no estaba prevenido era para leer a numerosos hombres que afirmaban que ellos no eran responsables de esas violencias, sino inocentes hombres-blancos-heterosexuales que nunca habían hecho daño a mujer alguna.

Cuando se conoció la sentencia de ‘La Manada’, muchos de nosotros nos pusimos las manos a la cabeza. Hiperventilamos, publicamos en Facebook y en Twitter nuestro asco por los cinco jóvenes que violaron a una chica en sanfermines del 2016, retuiteamos todas las publicaciones que los deleznaban, y así, conseguimos alejar la sospecha de machismo que pende sobre nuestras cabezas. Si ellos son monstruos y nosotros somos santos: nos definimos más en nuestra oposición que en nuestros atributos.

Obviamente hay que denunciar los vomitivos actos que los cinco de ‘La Manada’ cometieron. Es bueno que tras la sentencia hiperventilemos e insultemos a unos violadores y a una judicatura que legitima la violación. Con todo, debemos plantearnos si con esa estrategia, no estamos autoexculpando todas esas ocasiones en las que nosotros somos los responsables de la violencia.

Cuéntalo tú también

La iniciativa de Cristina Fallarás estuvo muy bien. Tenía la virtud de hacer que los hombres nos planteásemos cuántas veces habíamos tratado a las mujeres como meros cuerpos a nuestra disposición. No obstante, como en todos los procesos de visibilización de las violencias, eran las víctimas quienes daban el primer paso.

En los comentarios al hilo #Cuéntalo era fácil ver que la mayoría de los hombres intervenían para decir que ellos no habían hecho nada. Algunos, iban un poco más allá: pedían perdón a las mujeres por todas esas ocasiones en las que habían ejercido la violencia machista. Eso me estuvo muy bien, sin embargo, pedíamos perdón en un plano abstracto: Lo siento por todas las veces que he sido machista. ¿Y cuáles son? ¿cuántas son? ¿por qué se producen? Si ellas tienen tan claras las veces en que han sido víctimas de una agresión, nosotros deberíamos ser muy conscientes de las veces en las que hemos sido agresores.

¿No habrá llegado el momento de empezar a contar, tal y como las mujeres con un tremendo esfuerzo están haciendo, aquellas situaciones en las que hemos sido responsables de violencia machista? El perdón no es posible sin el reconocimiento. No podemos pretender que las mujeres exculpen a los hombres si antes no reconocemos. Da mucho miedo porque es doloroso, pero más doloroso es el miedo a que te violen, más doloroso es que te violen. Da mucho miedo porque podemos ser señalados, es una pérdida brutal del privilegio, pero lo creo necesario para empezar a acabar con el patriarcado.

Entonces, yo debo contar las veces en las que de fiesta le he dado un beso a una mujer y ella lo ha correspondido, pero luego no ha querido nada más. Las veces que he pensado que era una “guarra” por no querer nada más cuando ese beso probablemente era una forma de escapar de una situación incómoda; las veces que he pensado que una mujer era una “zorra” por no querer nada; las veces que hemos dicho con mis amigos que una mujer era una “guarrilla”; las veces que me he girado para mirar un culo; las veces que con los amigos nos hemos girado para mirar un culo y luego hemos dicho “vaya culo, tío”; las veces que no he dicho que no a la brutal pornografía que legitima la violación; las veces que en el metro, pensando que estaba “echándome miraditas”, seguramente estaba incomodando a otra pasajera que quizás ha tenido que bajar en una parada que no era la suya por puro miedo; las veces en las que he insistido más de una vez a mi compañera para tener sexo; las veces que me ha sentado mal si ella no ha querido tener sexo; las veces en las que con los “amigotes”, un grupo de cinco “amigotes”, nos hemos planteado acercarnos a una chica que estaba sola para hablar con ella por el simple hecho de que pensábamos que era guapa; las veces en las que hemos pensado que no era sí; las veces que hemos pensado que el no de las mujeres era una forma de coquetear.

Es por todo ello, que lo siento mucho. Todos los hombres, aunque nos cueste reconocerlo, somos o hemos sido ‘La Manada’, manada de la mala, y deberíamos empezar a contarlo.

Obviamente la tarea no termina aquí. Por mucho que lo contemos, ahora toca empezar a combatirlo en nosotros mismos y en los hombres que nos rodean.

2 mayo, 2018

Autor/Autora

Miembro del Consello d'AraInfo. @AlbertAlexan


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