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Los cinco que despertaron a la manada

Han despertado el odio entre quienes alzamos la voz. Como bien rezaba el lema de alguna pancarta en las manifestaciones espontáneas que se han dado durante estos días, “nosotras somos manada” y me atrevo a añadir, mientras ellos no llegan a ser ni piara.
| 29 noviembre, 2017 12.11
Los cinco que despertaron a la manada
Manifestación en Zaragoza el 25N del Movimiento Feminista. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

La violación grupal sucedida en la primera noche de los sanfermines de 2016 ha despertado un sentimiento de odio que se suma a la desesperación habitual de los millones de mujeres que se ven vejadas, humilladas y agredidas –y hasta en 91 ocasiones en lo que va de año asesinadas– a manos de unos hombres que, o bien permanecen ajenos a la revolución feminista que se gesta en la sociedad como respuesta a la oleada de terrorismo machista, o responden a la misma con una reacción.

Ángel Prenda, Ángel Boza, Jesús Escudero, Antonio Manuel Guerrero y Alfonso Jesús Cabezuelo, han conseguido lo que en muchos otros ámbitos es difícil de conseguir: que la gran mayoría respondamos ante sus actos denunciándolos y asqueándonos de ellos.

Han despertando el odio entre quienes alzamos la voz. Como bien rezaba el lema de alguna pancarta en las manifestaciones espontáneas que se han dado durante estos días, “nosotras somos manada” y me atrevo a añadir, mientras ellos no llegan a ser ni piara.

Los cinco también han conseguido que aquellos machos que puedan pensar que en este juicio –y en el que transcurre paralelo en la opinión pública– se les está criminalizando, en su mayoría callen por miedo una sociedad abrumada ante los hechos y la arrogancia de sus autores.

El juez todavía no ha sentenciado que sean unos violadores. Pero en mi cabeza jamás estuvo en duda. Habrá quien piense que ya los prejuzgo. Y sí, es cierto. Hace tiempo, desde que conocí los hechos, que odio a este grupo de violentos, maltratadores, machistas y misóginos. Pues son reflejo de una sociedad enferma que vive inmersa en un auge del machismo. Tan solo falta una sentencia para que no solo podamos, sino que debamos llamarlos violadores.

El caso es que en sus mentes todo lo ocurrido entra dentro de la normalidad. Agarraron a una chica, la introdujeron en un portal, se escondieron, la forzaron a practicar sexo sin consentimiento explícito, lo grabaron con móviles con el único fin de alardear ante otros de su cuerda, la vejaron, le robaron el móvil para que no pudiera llamar –y de paso se lo quedaron deshaciéndose solo de la tarjeta SIM– y terminaron abandonándola desnuda en el pasillo que llevaba hacia un cuarto de contadores. Si a los cinco estos hechos les parecen normales, que me permitan considerarles, con normalidad, unos violadores –al menos potencialmente–. Que nos lo permitan a todas.

“Son unos imbéciles”, “no son modelo de nada”, “patanes”, “infantiloides” son algunos de los halagos que el abogado de tres de ellos, Agustín Martínez Becerra, ha dedicado a sus defendidos. La defensa optando por el ataque como única salida para convencer a una opinión pública en contra y al tribunal que juzga a sus defendidos. Como si el hecho de ser imbécil se opusiera al de ser un violador. Pero bueno, son “unos buenos hijos”, advirtió. Como si el hecho de ser buen hijo en ojos de sus progenitores fuera atenuante de los actos que cometen fuera del hogar. En su peliculero alegato Martínez Becerra se dejó algunos calificativos en el tintero: machistas y misóginos, como poco.

Otro abogado, Jesús Pérez, defensor del guardia civil, optó por el ataque también, pero en este caso a la víctima. Puso en duda la falta de consentimiento, pues, según él, en ningún momento la víctima se expresó en estos términos. Por último, Manuel Canales, abogado del militar del grupo, prosiguió con el ataque a la víctima, deslizando que su denuncia quizá era un acto de venganza,  porque probablemente le sentara mal que la dejaran “con malas formas, muy mala educación y lejos de las reglas de la caballerosidad”, para “seguir la fiesta solos”. La caballerosidad, ese concepto. Sonaría a broma si no fuera porque es muy serio. No hay más preguntas señoría.

Al terminar el juicio los acusados tienen derecho a tomar la palabra y lo hicieron. Afirmaron su supuesta inocencia. El guardia civil incluso pidió perdón por robar el teléfono móvil. “Que se haga justicia”, pidieron al tribunal.

Sin duda, el resto también lo pedimos.

29 noviembre, 2017

Autor/Autora

Miembro del Consello d'AraInfo. @maconejos


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