Subportada Altavoz #referèndumCAT

La Unidad de España es sagrada

El nacionalismo español sustenta una gran parte de su imaginario colectivo en una suerte de imperativo divino para la conservación territorial de su nación, España. Es por tanto más que comprensible que la sola idea de la fragmentación de su territorio cause dolor, pena, o desazón, entre aquellas personas que sienten a España cómo su nación.
| 7 octubre, 2017 11.10

Fui educada en un entorno amable, cariñoso, comprensivo, humanista. Gran suerte la mía, no me cabe duda. Cosa distinta es el escaso provecho que he obtenido, pues soy ciertamente imperfecta, incluso un desastre, una esgarramantas pensarán muchas, y seguramente acierten. En casa me enseñaron a razonar. A equivocarme también, y a asumir las consecuencias de los errores, y aprender de ellos, o eso intentaron. A procurar el bien común, a respetar al diferente, a defender los derechos humanos, y su ética, y a cuestionarlos si es necesario. Para mejorarlos, para adaptarlos a los nuevos tiempos. En casa me enseñaron a tener firmes principios, a valorar la libertad, tanto cómo a entender que todo es debatible. Que la verdad es poliédrica, y es difícil descifrar todas sus caras. Me ensañaron el peligro de las certezas, y lo incómodo y frágil de las dudas. Me enseñaron que la buena educación nos hace más felices. Pero sobre todo me ensañaron a reír, a reírse de una misma. Que la risa es un buen conductor del amor.

Sin estridencias, sin imposiciones, por un afán explorador de lo que me rodeaba y de quienes me rodeaban también me enseñaron que amar a un país y a un paisanaje es preocuparse por él, por su bienestar. Que las fronteras existían para repartir el territorio y saber así quien debía cuidar con mayor conocimiento y responsabilidad de cada zona. Que la que mucho abarca, poco aprieta. Aprendí a amar a una comunidad humana. Y después a otras muchas. A observar parecidos, diferencias y complicidades. Y sin estridencias, también conocer toda su crudeza. A asumir que somos un desastre gestionando lo común. Entendí que el respeto, el pacto, y la concordia son las mejores herramientas entre comunidades. Y que tenemos muy poca memoria, pero muchas posibilidades de mejora, y maravillosas ideas cuando nos ponemos a ello.

En mi entorno y comunidad humana tuvo también importancia para mi formación la religiosidad. Fui educada cómo cristiana, católica. Sin que se me ocultaran otras espiritualidades. Tampoco la magia. Me enseñaron la compatibilidad entre la doctrina cristiana y los Derechos Humanos. Me explicaron también la existencia de dogmas, todo aquello que no puede ponerse en duda. Obviamente esto supuso un conflicto entre razón y fe. Con el tiempo entendí que todo aquello que no puede ponerse en duda es incompatible con la construcción de espacios comunes, que la razón es la herramienta para trabajar lo común, y que el dogma lo es para la fe, a entender que lo común para ser de todas ha de ser un espacio sin dogmas.

Aprendí así, que las patrias existen para cuidar sus paisajes y sus paisanajes, y si no, no sirven. Y que la libertad, los Derechos Humanos, el pacto, y la concordia son básicos para sostener una patria. Mis queridos españoles, mis queridas españolas, España no puede basar su existencia en un dogma. Si la unidad territorial de España es un dogma de fe, o aún peor, es el único dogma -aquello que no puede ponerse en duda-, esto solo puede causar dolor, pena, o desazón, a todas las españolas cada vez que se cuestione su integridad territorial, porque ante los dogmas no sirve la razón, sino la fe. Y sin embargo la razón (y la historia, en este caso) nos dice que las fronteras territoriales de España han mutado, han aumentado o reducido en numerosas ocasiones. Y sin embargo el dogma permanece. Y, oigan, más se perdió en Cuba, y volvieron cantando.

Y así me ando, encerrada en un cuerpo de aragonesa con un DNI que dice “nacionalidad: sacroespañola”. Esperando que mis queridos y queridas españolas aparten algún día su dogma del espacio común para poder debatir serenamente, y construir lo común desde la razón, el pacto y la concordia. Tranquila pues, aquí sigo, contándoos mi vida por ahorrarme al psiquiatra, y ni tan mal. Y esperando acojonada leer la entrada de la wiki Homo Bionicum. Os haréis una idea “hordas de bionicums gritando ¡a por ellos, oé!…” Peace & Love y tal.

7 octubre, 2017

Autor/Autora

Leonor Aquilué. Colaboradora de AraInfo.


Flickr
Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR