Altavoz

La reprobación unánime del alcalde

El alcalde Santisteve va a tener el honroso título de ser el alcalde más descalificado, despreciado, incluso insultado, en el salón de Plenos del ayuntamiento de Zaragoza. Así quedará en el diario de sesiones y en las crónicas que difunden los medios de comunicación. Para la gente de la calle resulta asombroso o, al menos...
| 7 marzo, 2018 13.03
La reprobación unánime del alcalde

El alcalde Santisteve va a tener el honroso título de ser el alcalde más descalificado, despreciado, incluso insultado, en el salón de Plenos del ayuntamiento de Zaragoza. Así quedará en el diario de sesiones y en las crónicas que difunden los medios de comunicación.

Para la gente de la calle resulta asombroso o, al menos extraño, raro, este hecho. Este hombre, desde el principio, desde antes de que pudiera demostrar sus capacidades, ha sido despreciado como ninguno de los alcaldes anteriores, de la democracia y el franquismo al menos, en la historia de la ciudad. En grandes titulares los medios anuncian que será el primero reprobado por todos los grupos de la oposición.

En el salón de Plenos municipal, digo, y en esos medios. Porque entre la gente corriente, en los bares, las peluquerías, los talleres, las oficinas, los comercios…, difícilmente se oye o se aprecia algo parecido a esa virulencia con que es criticado, despreciado y, en tantas ocasiones, insultado. La vecina observa esa virulencia, ese altísimo tono, ese desastre que, según los concejales de la oposición, parece acompañar su gestión, y se pregunta. Piensa en el bus, las basuras, la limpieza pública, los centros cívicos, los de mayores, los culturales.., mejor o peor, más o menos, todo funciona como siempre. En el día a día de la ciudad, nada ve que justifique esa virulencia, esa descalificación absoluta de la labor del alcalde. ¿Que todo puede ser mejor? ¡Quién lo duda! Pero de ahí a la bronca continua, al insulto…

Es algo realmente extraño visto desde fuera del Salón de sesiones. La gente corriente no puede más que pensar que los concejales de la oposición están como sobreexcitados, como pasados de revoluciones… Hay demasiada distancia entre esa actitud y la vida diaria de la ciudad, en las panaderías, los bares, incluso en las paradas del bus. Alguno habrá, entre 700.000, que odie a este hombre; tendrá sus detractores, partidarios y, tristemente para todos, más indiferentes que otra cosa, pero nunca para alcanzar en la conversación cotidiana este nivel de agresividad.

Curioso también el ser el primer alcalde reprobado de la historia. Este hombre, con las concejalas y concejales de ZEC, ha heredado la deuda más grande de la historia de la ciudad. Deudas, inmensos solares vacíos, espacios sobredimensionados, enormes edificios feos, inútiles, que gravarán para siempre, para toda su historia, las arcas municipales, esto es, los bolsillos de la gente. Pero este desastre que nadie pone en duda no mereció reprobación alguna. Ni, por supuesto, los alcaldes de la especulación y corrupción de los ayuntamientos franquistas que, sobre los barrios obreros de parcelas unifamiliares, levantaron esos bloques monstruosos, los barrios más densificados de Europa, fueron reprobados; al contrario, principales avenidas todavía llevan sus nombres. Pero el alcalde Santisteve sí.

Pero, estas curiosidades, extrañezas, por no decir aberraciones, no dejan de ser fenómenos típicos del juego político, de las dinámicas de grupo o sociales, bien conocidas. Un ejemplo es la unanimidad alcanzada por los grupos de la oposición en la reprobación. En una antigua tradición de La Torá, el libro sagrado del judaísmo, la unanimidad de los jueces en un tribunal no condenaba al reo sino que, al contrario, lo absolvía. Sin duda se trata de una ancestral sabiduría que no puede dejar de ver algo raro, dudoso, maligno, en la unanimidad. Y debe tener su miga el tema, pues no otra cosa denuncia el mismo Evangelio en su escena cumbre: todos deben negar al condenado, hasta el mismo Pedro, por triplicado, y preferir a Barrabás.

En fin, cosas extrañas, incógnitas que habrá que resolver. Y una última pregunta: ¿qué pasaría si el alcalde Pedro Santisteve fuera una mujer? ¿Sería posible que, con el auge feminista en todos los frentes, incluso en Hollywood y esos medios de comunicación tan sensibles, fuera tratada con mayor dignidad? ¿Y si además de mujer fuera latina o africana? ¿O gitana? ¿La tratarían los concejales con mayor dignidad?

7 marzo, 2018

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