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Kase.O: “El Círculo ha traspasado las barreras del hip hop”

Entrevistamos en profundidad a Javier Ibarra en los bajos de Comun20, para acercarnos a su historia tras 25 años en el rap, a su infancia, su barrio, sus experiencias y, cómo no, al increíble éxito de El Círculo
| 29 julio, 2017 07.07

Hace 25 años que empezaste en esto del rap. ¿Qué ha cambiado en Javier Ibarra desde aquella primera maqueta de 1993?

Hablamos de que en el 92 comencé a hacer mis primeras letras. Era un niño que aún jugaba con muñecos y que no sabía muy bien lo que era el mundo real. Vivía en el mundo de los niños. Pero aún así, ya tenía un poco de conciencia antirracista… escuchaba mucho a Public Enemy, NWA y cosas así, y algo entendía ya por esa época.

¿Qué ha cambiado del niño de 12 años al gacho de 37 que soy ahora? Pues toda una vida.

En la manera de escribir tenía mucha menos responsabilidad cuando tenía 12 años. Ni si siquiera sabía lo que era el rap, ni sabía de sus leyes ocultas… para mi era un hobby. Me metía en mi cuarto y ponía un ritmito, o empalmaba ritmos con cintas y pasaba la tarde. No había nadie que me escuchara, lo hacía como un ejercicio, como una diversión.

Ahora me oye mucha más gente y tengo que pensar cada frase. Hay mucha gente que lo escucha, muchos ojos puestos ahí. El perfeccionismo ha ido creciendo con estos años.

Ese sería el mayor cambio, el de la responsabilidad en las letras.

Llegas al Hip Hop de la mano de dos familias: tu hermano Sergio, DJ Brutal, y por otro lado toda la gente que graba la maqueta de Claan ¿qué recuerdos tienes de ambas familias, de Gansta Squad y de Presión, Twix, Ricardo Caperos y José Blazquez?

De Gansta Squad, que no eran solo Lírico y Brutal, que también estaba por ahí Stan, Craneo… aprendí casi todo. Son gachos que empezaron pronto. Empezaron a firmar y yo lo flipaba mucho con las firmas del Stan y del Craneo. En 1992 ya tenían estilo. Eran mis ídolos. Lo que hicieran ellos era lo que había que hacer. Eran los que sabían de rap.

En mi casa se escuchaba rap con mi hermano Brutal y yo le cholaba las cintas de Tone Loc, Too Short, Public Enemy por supuesto, NWA… Luego iba a verles ensayar a la Casa de Juventud de Santa Isabel. Yo ahí aún no escribía, pero enseguida me puse a escribir.

Tuve la suerte también de conocer a Ricky Ricardo – Ricardo Caperos -, que era el cabecilla del Claan, el que organizaba un poco aquello, el técnico de sonido y el que tenía el multipistas; y a Alan, José y Juanjo – Mr. Twix, B-Boy J y Presión -.

Con Ricardo aprendí mucho. Aparte de que era muy buena persona estaba muy bien educado. Era muy generoso. Me apadrinó. Me grabó mi primera maqueta, no me pidió nada a cambio, me metía los scratch… ir a casa de Ricardo también era un momento muy guapo. Luego ya me hice más habitual, pero las primeras veces: “estoy en la casa donde han grabado, donde se reúnen los Claan“, que para mi eran leyendas del barrio. Él tenía un Amiga500 que tenía como cinco segundos de sampleo y ya no eran cajas de ritmos, estabas haciéndolo como los americanos: pillando una muestra de funk, porque Alan era muy culto ya por la época y conocía a Parliament, Funkadelic, George Clinton… Entonces, estos tipos lo estaban haciendo como se tenía que hacer: sampleando y poniendo un breakbeat encima y tal. Yo, la primera vez que vi cómo funcionaba lo de los samplers me quedé flipado, de decir “¡hostias!”.

Esos eran de los mejores tiempos que he vivido en mi vida. Fliparlo lleno de admiración. Sintiendo un respeto que no he vuelto a tener, de esa manera, por nadie. Era una veneración, “estoy relacionándome con lo más de lo más”.

Estamos hablando del Barrio de La Jota, nuestro barrio. A mi me ha influido vivir entre bloques, descampados, acequias, gallinas sueltas… ¿Qué supuso para Javier Ibarra vivir en este barrio?

En mi caso aún vivía más aislado, pues no es que viviera en el barrio, sino en un bloque en la Avenida Cataluña. En un inmenso descampado en el que me he criado. Yo cuando iba a La Jota le decía a mi madre “voy al barrio”, tenía que andar bastante la avenida para entrar en lo que son las parcelas y lo que conocemos por el Barrio de La Jota, el Colector y eso.

Me he criado muy libre tío. En un descampado desde por la mañana hasta que me llamaba mi madre, o me tiraba el bocadillo. Todo el día con ranas, hormigas, avispas, cantidad de maleza… en mucho contacto con la naturaleza y en la calle. Si había amigos, pues con el balón a pegarle punterazos contra una persiana, y si no, pues tenía mis animales, tenía mis ranas y mi pequeña granja. Eso ya no me lo quita nadie. Era un descampado y aún sigue estando.

No se como será en otros barrios, pero allí eramos una comunidad los del bloque, y nos pegábamos el día entero en la calle. Mucha libertad es lo que recuerdo.

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Tuviste un momento de confusión previa a esas maquetas, porque tu jugabas a fútbol y lo hacías bastante bien. ¿Qué pasó?

Tampoco fue confusión. Yo jugaba en el Vadorrey y había hecho alguna temporada buena, marcando mis goles, dejando mis detalles… y me empezaron a llamar equipos, que si el Oliver, el Casablanca… lo típico. El Real Zaragoza también.

Fuí al Zaragoza y estuve entrenado. Lo que pasa es que empiezan a entrenar a mitad de agosto tío, te cortan todas las vacaciones cuando eres crío… Eran muy duros los entrenamientos y como muy clasista el ambiente, y no quiero tampoco faltar al respeto, pero nadie me miraba en el vestuario, no hubo química con ninguno de ellos, se notaba quien venía de barrio y quien venía de otros lados. Me sentí muy incómodo tío. Ni el entrenador me presentó, ni me miró a la cara en tres días y ya, cuando le fuí con la ropa de adidas: “que me voy”  – Javier pone las manos como si ofreciera esa ropa en una bandeja – . Fue la primera vez que me miró:

  • “¿Qué te pasa Ibarra?”
  • “Que me voy. Que no me gusta a mi este ambiente, tío. Que me da igual todo lo que hagáis aquí”.

Entonces se inventó la leyenda negra de que me había ido porque era un bala rasa y quería dedicarme al rap y tal… no, no fue por eso, fue porque no me recibieron bien y no me adapté a ese nivel. Eran maquetas, tampoco es que fuera a decidirme por el rap… simplemente fue eso, volví a Vadorrey, ahí con mis chavales, y lo pasamos genial.

Eran maquetas, pero vendiste cientos

Sí, sí, eso fue un fenómeno. Se puso de moda llevar las maquetas a Linacero, las maquetas de Qué Pasa, de DJ Potas, de Hardcore Street, Gansta Squad, Claan… Algo de morbo tenía la primera maqueta, mucha violencia verbal, y se creó un fenómeno. La primera la grabábamos en casa, con la minicadena, del máster original en cinta de cromo a cintas TDK que las comprábamos en el Tubo en paquetes de diez cintas, o las que fueran, e hice un montón, más de quinientas. Se regó la maqueta por todo Zaragoza.

La segunda ya la hicimos fabricada, que parecía una cassette de verdad y de esas también salieron de 700 a 1000. Para la época era un superventas. Yo entraba a Linacero y me miraba German o el que estuviera y me decía “¡co! trae más”. Estaban ahí flipando. Me querían mucho y me trataban muy bien en Linacero.

Pero fíjate, ya desde pequeño, teniendo mis 5.000 pesetas cada semana. Si vendías diez cintas, 5.000 pesetas, que eran una plata importante para un tío de 15 años. Quiero decir con esto que me he buscado las habichuelas desde pequeño para no tener que pedir mucho a mis padres, que igual me han ayudado en lo que fuera, pero he tenido contacto con ese business desde que era pequeño y me he tenido que organizar y sobrevivir, y que no se me fuera la olla con ese dinero, porque era relativamente fácil.

Hay un momento mítico, que supongo que te haría mucha ilusión, que es cuando Albert Pla comienza a buscarte. ¿Cómo consiguen localizarte?

La historia de Albert Pla es muy curiosa. Fue en el 95 o el 96 cuando le conocí. No se cómo llegó a sus manos una cinta mía de la primera, de las de gangster de “voy a tu casa, te mato”…

Él estaba grabando Airbag y le llegó la cinta rodando esa película. Le dijeron “tiene 14 años” y el gacho…, es que Albert Pla es muy inquieto artistícamente, dijo “como un tío de 14 años está haciendo esta música tan violenta y tal, lo quiero conocer”…

Al final consiguió el teléfono y habló con mis padres: “que soy un artista, que lo quiero conocer, que estoy grabando en Cerdanyola”…. El tipo grababa en el bosque, con un trailer que era su estudio, y él vivía en una casa al lado… un nivel muy guapo de grabar discos, en la naturaleza y tal. Yo llegué allí y dije pero… – Javier todavía muestra la misma cara de sorpresa- O sea, los tipos en un trailer y tu grababas en una habitación, y ellos te veían por una cámara, ¡en el 95! ¿eh?, lo más de lo más.

Me hice colega de él. Hice una letra, aunque luego ese disco fue censurado por Ariola, y una de las que censuraron era la mía, porque era así polémica y tal, de matar gente y eso. La borraron pero dejé un trozo, en una canción que se llama Alboraya, cantado más que rapeado.

Allí me relacione con gente muy tocha de la industria, como era Albert Pla, su manager y algún gacho más que había por ahí. Siempre me dijeron: “no firmes nunca un contrato con una discográfica, nunca lo hagas”. Yo le dejé maquetas, de las mías nuevas, de la segunda y el tipo las repartió a colegas, y alguna dejó en Ariola. Y ¡pum! Me llamaron los de Ariola-BMG.

Vino un A.I.R.  a mi casa. Y yo: “pero… esto qué es? co”… Me mandaron un contrato, lo mandé a revisar… “leonino”, fue la palabra que usó Ramón. Un contrato de diez años, quince años, diez discos, etc… Así que llamé y les dije que se lo agradecía mucho, pero que el contrato ese me había dado mucho miedo.

A los tres días me llama Albert Pla:

  • Pero tío, a ese A.I.R. es la primera vez que le dicen que no en su vida, ¿pero cómo estás tan loco?
  • Oye, tu fuiste el que me dijiste “nunca firmes con una discográfica” y te he hecho caso a ti, amigo mío.

Esa amistad ha ido creciendo y tenemos algún proyecto en común, que aún es secreto, pero haremos algo juntos Albert Pla y yo. Alguna movida nos inventaremos.

Después de aquella anécdota nace Violadores del Verso, y empieza vuestra carrera más o menos profesional, incluida la creación de vuestro propio sello.

El primer disco de Violadores sí que salió con un sello underground pero enseguida Ramón, nuestro manager, se dió cuenta de que no hacían nada, que con un teléfono y contactos que se pudieran hacer, él podía hacer lo mismo o más que el sello. Aguantamos un año, rescindimos el contrato como pudimos y luego Ramón se encargó de todo, siendo una figura muy importante de Violadores. El gacho que ha currado en la sombra y que ha abierto caminos, en tiempos que era inexpugnables: ir a salas, llevar un booking en condiciones… él lo hizo todo.

Fue muy poco a poco y con cierta ambición, pero no tanta. Lo que ganábamos nos lo gastábamos en la cena. Lo más importante era comer al principio de los tiempos.

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Con Violadores del Verso marcasteis una época a nivel estatal, creo que después del Club de los Poetas Violentos sois el siguiente grupo en emerger de su propia ciudad. Lo petásteis en muy poco tiempo, fueron cinco o seis años de auténtica escalada.

Bueno, fue muy poco a poco. Ten en cuenta que el 98 sacábamos la primera referencia, que aún el hip hop en España estaba en pelotas, en cuanto a salas, al respeto de las sociedad hacia el hip hop… eramos muy poca gente y realmente cuando lo petamos en el 2006. Realmente fueron ocho años de ir multiplicando nuestras hordas, si metías 300 en Bilbao, pues al año siguiente metías 600. Lo vimos crecer paulatinamente. No recuerdo el sentimiento de “lo estamos petando” o “somos famosos”. No hubo nunca ese sentimiento. También hemos luchado mucho por tener los pies en el suelo todos los miembros del grupo y no se ha vivido con excesiva pompa el éxito.

Ahora lo noto más, como Kase.O, porque ya es toda la sociedad, no solo son los rappers. Claro, son veinticinco años dando la brasa y te conoce hasta el tato, y ahora sí que noto que te conoce toda Zaragoza.

Después de eso todos los miembros de Violadores comienzan a grabar en solitario y tu apuestas por algo superintimista, una apuesta casi de café cantante como era Jazz Magnetism. ¿Porqué esa apuesta?

El proyecto de Jazz no estaba en mis planes. Surgió natural y espontáneo. Surge en El Zorro, un pub de aquí de Zaragoza, en el que hacían jam sessions en las que nos dejaban echar unos raps a algunos rappers, y me enganché.

Yo lo que tenía que hacer en el 2011 era el disco que he sacado ahora, El Círculo, pero por bajar al Zorro se trastornó todo mi plan. Me enganché a los instrumentos, a ese intimismo, a las letras más filosóficas, menos hardcore…

Conocí a los músicos de Barcelona y empezamos a hacer jam sessions en Barcelona, pero enseguida lo vimos, y Ramón lo vió: “hay que hacer una gira”.

Lo que pensábamos que iba a ser una gira de gente sentada, en plan muy íntimo, se convirtió en salas llenas, sin haber sacado un disco. Hasta el colofón que fue hace un par de años llenando el Vistalegre de Madrid con 7.000 personas.

No estaba en los planes, surgió como un regalo de la vida. No es algo que premeditara sino que me enamoré. Fue un amor.

La creación de El Círculo fue un dolor. Al final has pasado casi dos años en Colombia. ¿Qué supuso ese viaje como persona y como te influyó para la creación del disco?

Decido terminar el proyecto de jazz y me voy a Colombia en busca de cierta inspiración y de cierta perspectiva con mi carrera. Poner mis ideas en orden. Saber un poco quién soy, qué es lo que voy a hacer, y allí me encuentro con todas estas preguntas.

Yo me pongo a hacer El Círculo con la intención de que fuera como un disco de Violadores: rap hardcore, noventero incluso, Nueva York… y no me salía, me veía imitando. No es que me viera, es que lo sentía: ya puedo hacer mi propio rap, no tengo porque estar imitando los cánones de Brooklyn o del Bronx, que me flipan y que es lo que llevo haciendo toda mi carrera.

Ver a los americanos y hacerlo en español lo más parecido a ellos, ese ha sido mi gran reto siempre. Hacer flows y que se parecieran a Rakim, a EPMD… con eso me conformaba y era feliz. Y era un reto dificil, ¡qué hemos hecho con el lenguaje cosas muy chulas! Pero co, con 35 años ya no quería esa fórmula, tenía que ser yo mismo, con mis debilidades y mis mierdas. Con el miedo que me daba que todo el mundo estaba esperando ese disco del sonido Violadores, sonido hardcore… y a mí, que ya no me funcionaba eso.

Mucho miedo: “me van a criticar”, “voy a perder todos los fans que tenía”, “antes eras hardcore y ahora ya no”… Terrores a diario que me impedían crear y con los que tuve que luchar y vencer. Ser yo mismo, hacer la música que a mi me gusta, las letras lo más sinceras posible, lo más íntimo… y así es como solucioné el entramado en el que me había metido.

Para mi la primera escucha fue alucinante y creo que le ha pasado a más gente. Incluso a quienes estábamos alejados del hip hop. Nos encontramos a un artista que se rasga las vestiduras, pero no solo las vestiduras, sino que se abre las carnes y se muestra. Eso es quizá la clave del éxito de El Círculo. No se si tu lo estás viviendo así y si ves que hay otro tipo de gente en las salas, o si lo estás viviendo como algo distinto a una gira de hip hop.

Totalmente. Ahora, que ya casi hace ocho meses que salió el disco, ese fue el gran acierto. En este tiempo en el que todos son guapos, todos ligan, que es lo que nos venden por internet y por la tele, todo el mundo es perfecto, y todos chulos y tal… un tipo que sale hablando de sus debilidades, de su fealdad, de sus complejos y sus mierdas ha pegado mucho más que si hubiera salido con un ego atroz, como un flipao. Como los hay muchos en el rap y fuera del rap.

Ha traspasado las barreras del hip hop, lo escucha mucha gente porque es un disco humano, es real, es sincero, y refleja mucho a mi generación. La gente se ha sentido muy indentificada, cuando yo pensaba que eran cosas supermías. Luego, razonándolo y oyendo lo que me comenta la gente, te das cuenta que, a quien más quien menos, le han pasado ciertas cosas que cuento en el disco.

También hay canciones de amor, que nunca había hecho y que parece que están prohibidas en el rap que a la gente, y a las chicas, les gustan. A Violadores les escuchaban chicas, pero no tanto. El Círculo quienes más lo escuchan son mujeres, más de la mitad de la gente que viene a los conciertos son gachis. Tiene cierta sensibilidad y supongo que gusta que un tío se abra, porque los tíos somos herméticos ante ellas. Es lo que pienso que les ha gustado, que un tío se abre y es sensible.

Mitad y mitad, a mi me parece una de las canciones explícitamente sexuales más elegante que haya oído nunca. Estamos acostumbrados a que se trate el sexo en el hip hop de una manera burda, machista y fálica. ¿Cómo es la creación de Mitad y mitad?

Lo primero de Mitad y mitad es que hay una musa. Sin musa no existiría una canción tan bonita. La musa inspira toda la primera parte, y una vez que tenía el primer párrafo me dediqué a terminarlo, a darle sentido. A terminar el acto. Pero siempre con esas prerrogativas: no quería decir palabrotas, casi que lo pudiera oir un niño, a pesar de que los padres pasan esa canción por lo que sea, pero no dice cosas soeces, ni dice palabrotas; que la mujer quedara como una semidiosa y no al revés; y que fuera yo el que hiciera la acción, teniendo en cuenta que no fuera desagradable, que fuera sensual… Había una musa a la que tratar con respeto.

Luego la métrica, que fuera bien guapa, porque va a 120 – pulsos por minuto – esa canción. Bastante rápido para rapear y cuidar los flows.

Y por último, que no me diera vergüenza cantarla en un escenario.

Aparte de esos temas íntimos de El Círculo, hay algo de rap hardcore y un tema de alto contenido social que es Esto no para ¿Qué te motivó a escribirlo? ¿Qué había en la tele, qué estabas leyendo?

Es bastante reciente. Es de las últimas que escribí pero si la hubieras hecho hace diez años, hubiera hablado de lo mismo. De las guerras injustas. De lo que han hecho en Libia. De toda la primavera árabe que nos vendieron.

Y luego ciertos programas de radio y documentales, así conspiranoicos, a los que me enganché… algo como que hay un gobierno en la sombra, o que si existiera el diablo, o una entidad negativa que pudiera seducir a las personas a no hacer el bien, sino a hacer el mal. Contemplar esa posibilidad de que haya gente mala, muy mala. Demonios encarnados, metafóricamente y literalmente. Eso también está pululando en la canción. Los demonios que hacen la guerra, o que toman decisiones que solo las puede tomar un demonio. Que los hombres son buenos por naturaleza a no ser que se corrompan por el camino.

Era un poco dejar esa manera de verlo, sin militar mucho. Sin que aparezca la palabra izquierda, ni capitalismo… No, no, esto es sentido común colegas, con todo el respeto a todas las posiciones políticas, pero que lo puede oír un gacho de derechas y que pueda decir “¡hostias!, opino casi como tu”. Eso también me importaba, que no fuera muy partidista, si no que fuera humana.

En este sentido, ¿qué opinas de todo este fenómeno de rappers que son extríctamente políticos?

A mi me gusta y me parece bien que alguien ocupe ese hueco, porque si el rap ya no habla de política o no se mete en zarzales entonces apaga y vámonos. Otra cosa es que yo haya tomado la opción de hacerlo más personal o más íntimo y que no tenga unas ideas políticas superférreas para defenderlas como hacen algunos rappers.

Es un hueco que alguien debe de ocupar, aunque sean más radicales de lo que yo pienso. Lo prefiero por exceso que por defecto.

¿Alguna de tus letras de los 90 hubiera acabado en la Audiencia Nacional en la actualidad?

Probablemente sí, pero eso no se sabe. No se sabe a quien señalan. Han llevado a la Audiencia a gente que no tiene ni quinientas visitas -en youtube-, dándole más importancia de la que realmente tiene en la sociedad. Es una manera de dar palos para que estés callado. Para que veas que si dices algo te van a cortar las alas. Es una forma de que la gente sepa que ellos están oyéndolo todo. Una manera de meter miedo a los chavales y a los artistas.

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Volviendo a la gira de El Círculo, muy pocas veces había visto el Pabellón Príncipe Felipe lleno. ¿Qué sentiste al verlo así?

Eso fue un día memorable, aunque yo lo vivo en trance. Me pongo muy nervioso, hago clic y estoy como en trance. Lo recuerdo como muy concentrado en rapear, en que no se me fuera ninguna letra, pero sí que hubo un momento en el que levanté la vista y dije: “pero que hay aquí montado”. O cuando pusieron las lucecitas… pues en la garganta se te pone el corazón. Lo recuerdo muy nervioso, toda la semana muy delicado, y el día del bolo muy nervioso.

A mi lo que me gustó es que la gente se lo pasó increíble. Fueron muy felices todos. Fue un sitio donde se reunía mucha gente, amigos que hacía tiempo que no se veían, gente que viene de Londres, el primo de nosequién,… ser yo el que genera eso, me importa bastante más que el rap.

Es decir: “qué guapo tío”. Todo salió perfecto, se oía muy bien, las luces fueron perfectas, pero aunque hubiera fallado, el ambiente que había es reseñable.

En el barrio rulaban las cintas de EPMD, yo mismo tuve una grabada por Alan, tú los has nombrado en esta entrevista… y ¡hace un año sacas un vídeo tuyo con PMD! ¿qué ha significado para ti?

Eso fue cerrar un círculo. Si lo hubiera hecho con 18 o 20 años aún me hubiera flipado más, porque tenía ídolos y tal. Aun así me lo flipé de estar al lado de una auténtica leyenda.

Yo aposté por PMD por el ritmo que hicimos, que sonaba muy a EPMD en los 90, y porque sabía que PMD era un tío guay, por sus letras, porque nunca le oí hablar de armas, ni de putas… “Ese tío es guay, es un b-boy, voy a apostar y voy a tirarle la caña, para ver si pica”.

Con mis contactos en Nueva York me mandó el trozo, pero me lo mandó en una pista, y no me quedé satisfecho… “esto no sirve para nada, si no lo conozco al tío en persona me da igual mezclar un a cappela de un maxi”. Así que me fui a Nueva York, quedé con él, grabé el vídeo y, con la excusa, estuve un par de horas o tres con PMD. Fue muy bonito. Luego nos hemos visto un par de veces más en Madrid y yo le amo. Es un tío fantástico.

¿Qué nos espera después de El Círculo?

Quiero sacar un DVD, porque estoy grabando la gira, los mejores momentos, y como siempre digo para que quede un recuerdo, porque si no lo grabas, y lo dejas se queda por ahí, por internet lo que graba la peña… No. Voy a hacer un DVD todo guapo, y ahí voy a meter canciones nuevas, descartes que se me quedaron, colaboraciones que no han salido en El Círculo

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Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo).

Texto: Miguel Ángel Conejos

Edición de Vídeo: Rocío Durán

Fotografía: Pablo Ibáñez

 

29 julio, 2017

Autor/Autora

Rocío Durán es periodista y videorealizadora en Zero Grados y AraInfo (@Rocio_Duran_). Miguel Ángel Conejos es periodista y miembro del Consello d'AraInfo.


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