Altavoz

Ixa malotía cronica clamada despoblación rural

Lucía López Marco ye activista pro dreitos lingüisticos y pro sobiranía alimentaria. Escribe en o blog Mallata.com
| 24 octubre, 2015 10.10
Ixa malotía cronica clamada despoblación rural

Encara ye de nueitz, pero o gallo ya ha empecipiau a cantar. Leva toda la vida escuitando-lo -no a o mesmo, sino a toda la saga de gallos que han habitau o gallinero de casa dende que él naixió-, y agora, no lo suporta mas: día que canta o gallo ye día que sigue vivo. “Qualsiquier día le retuerzo lo cuello”, se piensa, pero sabe que seguirá amaneixendo, y que, en realidat, o lugar ye ya prou silencioso como ta rematar con o zaguer resquicio de vida que i queda. Le cuesta acceptar que os pocos que i quedaban s’haigan muerto, y encara siguen en o prau a caixa, a banqueta y a siella, agora estricallada, an que pasaban as tardes sin tartir, pero en companyía.

Lo triste d’ista historia ye que ye real, y lo pior, ye que ye una historia que se repite en muitos lugars, infectaus por o virus de l’exodo rural, ixa malotía cronica a la quala garra gubierno para cuenta, asperando, por o que pareix, a que un día o problema haiga desapareixiu, como por arte de machia. Pero lo nuestro meyo rural ye tant delicau que ya no i quedan bruixas ta fer conchuros que solucionen o problema, amas amas, si en bella cosa ye lider Aragón, ye en lugars abandonaus: en son tantos, que ni sisquiera se tiene datos oficials sobre quántos son, encara que se sabe que superan os docientos.

Si as autoridatz no meten remedio de forma immediata, ixa zifra no tardará en duplicar-se, y con cada lugar que se pierda, perderemos parte d’a nuestra cultura y un troz d’a historia, amás de tot o treballo que mientras cheneracions s’ha invertiu en construir un futuro. No somos conscients d’o papel que chuga o meyo rural en o mantenimiento d’o paisache y d’a biodiversidat. Remero un ganadero que me diciba “yo soi ganadero, sí, pero mas que mas soi chardinero d’o mont, y o mont ye de totz”. Luego no i habrá chardiners en os nuestros monts, y perderán l’aspecto que tienen hue. S’emplirán d’arbustos y matorrals, desapareixendo asabelas especies de flora y fauna, y no tendremos paisaches que admirar. Cal reconoixer o papel que chugan as mullers y hombres que habitan en o meyo rural, ixes heroes y heroinas que conservan unas valors que en as ciudatz s’han perdidas.

O meyo rural ofreix muitismas oportunidatz, no siempre ligadas a la tierra, pero ye necesario que as administracions den igualdat d’oportunidatz a os habitants d’as zonas mas desfavoreixidas y, sobre tot, que les den voz y voto a la hora de desembolicar iniciativas que den vida a os lugars. A ormino, dende as urbes s’ixuplida que sin mundo rural, no i habría mundo urbano.

[castellano]

Esa enfermedad crónica llamada despoblación rural

Aún es de noche, pero el gallo ya ha empezado a cantar. Lleva toda la vida escuchándolo -no al mismo, sino a toda la saga de gallos que han habitado el gallinero de casa desde que nació-, y ahora, no lo soporta más: día que canta el gallo es día que sigue vivo. “Cualquier día le retuerzo el cuello”, piensa, pero sabe que seguirá amaneciendo, y que, en realidad, el pueblo está ya bastante silencioso como para acabar con el último resquicio de vida que queda en él. Le cuesta aceptar que los pocos que quedaban se hayan muerto, y aún siguen en la era la caja, la banqueta y la silla, ahora rota, donde pasaban las tardes sin hablar, pero en compañía.

Lo triste de esta historia es que es real, y lo peor, es que es una historia que se repite en muchos pueblos, infectados por el virus del éxodo rural, esa enfermedad crónica a la que ningún gobierno presta atención, esperando, al parecer, que un día el problema haya desaparecido, como por arte de magia. Pero nuestro medio rural está tan delicado que ya no quedan brujas en ellos para hacer conjuros que solucionen el problema, es más, si en algo es líder Aragón, es en pueblos abandonados: son tantos, que ni siquiera se tiene datos oficiales sobre cuántos son, aunque se sabe que superan los doscientos.

Si las autoridades no ponen remedio de forma inmediata, esa cifra no tardará en duplicarse, y con cada pueblo que se pierda, perderemos parte de nuestra cultura y un pedazo de la historia, además de todo el trabajo que generación tras generación se ha invertido en construir un futuro. No somos conscientes del papel que juega el medio rural en el mantenimiento del paisaje y de la biodiversidad. Recuerdo un ganadero que me decía “yo soy ganadero, sí, pero sobre todo soy jardinero del monte, y el monte es de todos”. Pronto no habrá jardineros en nuestros montes, y perderán su aspecto actual. Se llenarán de arbustos y matorrales, desapareciendo multitud de especies de flora y de fauna, y no tendremos paisajes que admirar. Hay que reconocer el papel que juegan las mujeres y hombres que habitan en el medio rural, esos héroes y heroínas que conservan unos valores que en las ciudades se han perdido.

El medio rural ofrece multitud de oportunidades, no siempre ligadas a la tierra, pero es necesario que las administraciones den igualdad de oportunidades a los habitantes de las zonas más desfavorecidas y, sobre todo, que les den voz y voto a la hora de desarrollar iniciativas que den vida a los pueblos. A menudo, desde las urbes se olvida que sin mundo rural, no habría mundo urbano.

Versión en inglés en este enlace.
24 octubre, 2015

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